Actualizado hace 3 minutos
“Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás”, trasladó el rey Juan Carlos I al general Milans del Bosch tras la emisión en TVE de su mensaje contra el golpe de Estado, a la 1.12 de la madrugada del 24 de febrero de 1981. También le comunicó su “rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”, según un documento del CNI sobre el golpe de Estado del 23-F desclasificado ayer por el Ministerio de Defensa y titulado Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero.
La información oculta sobre el intento de asonada quedó desclasificada ayer a las 13.00 horas tras su aprobación el pasado martes por el Consejo de Ministros. Se trata de 153 documentos con una cantidad ingente de datos entre los que se incluyen transcripciones de conversaciones entre los golpistas. El mayor morbo se dirigía al papel que desempeñó realmente el monarca español, que esperó hasta la madrugada para expresar su rechazo al intento de subvertir la entonces incipiente democracia tras la entrada a tiros en el Congreso del teniente coronel Antonio Tejero, quien precisamente falleció ayer a los 93 años en su casa de Valencia.
La corona era considerada como un elemento indispensable para que saliera adelante el golpe planificado por elementos militares subversivos. Así lo recoge un croquis fechado en noviembre de 1980 que forma parte de dicha planificación. Sin embargo, a tenor de los acontecimientos, otro documento manuscrito, elaborado a posteriori y encabezado por “militares españoles” a modo de rúbrica, señala que el primer fallo ese día fue “dejar al borbón libre” y tratarle como un caballero, por lo que consideran que se convirtió en un “objetivo a batir y anular”.
En dicho escrito detallan una serie de recomendaciones para actuar en “acciones sucesivas” y consideran que el rey pretendía seguir adelante con su “intento suicida” de tener un Gobierno con los socialistas. Dichos “militares españoles” afirman por ello que no puede ser considerado “ni como un símbolo a respetar. Es por tanto un objetivo a batir y anular”. Añaden que los militares “no están decepcionados por los acontecimientos del 23-F y que no es el momento de hacer críticas de lo que debieron hacer los heroicos camaradas de armas y sí en cambio analizar qué es lo que habrá que hacer de ahora en adelante”.
Otra guerra civil
Durante el 23-F el rey mantuvo una conversación “muy tensa” con el general Alfonso Armada entre las 20.00 y las 21.00 horas y, poco después, ordenó transmitir un télex a la Junta de Jefes del Estado Mayor (JUJEM), los capitanes generales, las zonas marítimas y las regiones aéreas en el que ordenaba tomar las “medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”.
Así consta en el escrito del CNI Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero, que añade que en ese lapso de tiempo el rey recibió las llamadas del entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, y del general Armada. Después de una conversación “muy tensa” con Armada, pasó el teléfono al general Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa Real.
A continuación ordenó el envío del télex, que salió a las 22.35 horas y que según su transcripción afirmaba: “Ante situación creada por sucesos desarrollados Palacio Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo he ordenado autoridades civiles y junta de jefes de Estado Mayor tomen medidas necesarias para mantener orden constitucional dentro legalidad vigente. Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubieran de tomarse, deberá contar con la aprobación de la JUJEM”.
El texto desclasificado señala que a las 20.20, Sabino Fernández Campo logró comunicarse desde su despacho con Tejero y le trasladó: “Soy el secretario general de su majestad el rey. ¿Qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente”. Reprochó a su vez al teniente coronel que “tú has invocado el nombre de su majestad el rey. ¿Por qué? ¿Por qué?”. Tejero colgó después de decir que “no recibe órdenes sino de Milans del Bosch”, reza el texto.
Tras el asalto al Congreso, el general Milans del Bosch emitió un bando en el que asumía el poder en toda la III Capitanía Militar, con sede en Valencia, y sacó los tanques a las calles de esta ciudad. Sin embargo, en sus “órdenes” enviadas por telex, el actual rey emérito le hacía saber “con toda claridad que cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el rey, es contra el rey”.
“Hoy más que nunca, estoy dispuesto a cumplir con el juramento a la bandera. Por ello, muy conscientemente y pensando únicamente en España, te ordeno que retires todas las unidades que hayas movido”, le conmina. “Te ordeno que digas a Tejero –que permanecía en el Congreso con el Gobierno y los diputados en su interior– que deponga inmediatamente su actitud”. “Juro que ni abdicaré la corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil”, insistió Juan Carlos I.
Milans respondió que cumpliría las órdenes pero avisó de que “Tejero ya no le obedece”, lo que Fernández Campo trasladó a la Junta de Jefes de Estado Mayor. A las 4.00 de la madrugada, este llamó de nuevo al general conminándole a que “esto tiene que acabar de una vez” y le sugirió que difunda un comunicado. Milans anunció un bando anulando otro anterior pero insistió en que Tejero no le obedecía. Finalmente, ordenó la retirada de las tropas y la anulación de su bando de Estado de excepción sobre las 5.00.
Encubrir el golpe
La desclasificación de documentos de ayer alude a su vez a los bulos sobre la presunta implicación del rey en el golpe, de los que el Ministerio del Interior hizo una recopilación y que fueron supuestamente difundidos por los “defensores de los verdaderamente implicados”, así como por “los grupos políticos y círculos simpatizantes” de su causa.
Del mismo modo, los informes hasta ahora clasificados también arrojan que seis miembros de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) del CESID, antecedente del CNI, “participaron activamente” en el intento del golpe de Estado y trataron de ocultarlo. Según uno de los escritos, estos agentes “o bien conocían los hechos antes del 23 de febrero o planificaron un apoyo operativo que llevaron a efecto” y después “trataron de encubrir su participación activando una operación que justificara sus movimientos” durante esa jornada.