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El tren, al menos en este país, suma polémica tras polémica últimamente, con accidentes con fallecidos, averías a diario, retrasos habituales..., o sencillamente por su ausencia, como bien saben los extremeños. Pero no todos los trenes se utilizan como medios de transporte, sino que hay algunos que son directamente una atracción turística, como el tren de Artouste.
A más de 2.000 metros de altitud, en pleno Pirineo francés (en Béarn), este pequeño convoy, considerado el tren más alto de Europa (aunque parece que realmente hay un par que le quitan ese récord), ha pasado este invierno sepultado bajo más de dos metros de nieve. Y ahora vuelve a abrirse paso a golpe de pala y maquinaria entre muros de nieve para estar listo el 8 de mayo, el día de su esperada reapertura.
Eso nos ha regalado en los últimos días unas imágenes que se han vuelto virales en redes sociales: la vía convertida en un pasillo excavado en la nieve por el que se abre el paso el tren, como si fuera un rompehielos con ruedas, para despejar el camino de cara a la nueva temporada. Todo un espectáculo.
Un tren reconvertido
El tren de Artouste no nació para que influencers y turistas se luzcan en Instagram, sino que se construyó en los años 20 para abastecer una presa hidroeléctrica en alta montaña, en el valle de Ossau. Con el tiempo, alguien pensó que, ya que la infraestructura ya estaba hecha y el paisaje arriba era espectacular, quizá se podía ofrecer como reclamo turístico. Y funcionó. De hecho hoy se vende como experiencia que combina vértigo, naturaleza y un marco incomparable.
El recorrido, de unos 10 kilómetros, discurre colgado de la montaña, con vistas al lago de Artouste y al icónico pico Midi d’Ossau, en un entorno de alta montaña. Lógicamente, al estar a esa altura en plenos Pirineos el tren funciona solo unos meses al año (de mayo a octubre), porque la nieve manda. Y este invierno ha dejado nevadas intensas, acumulaciones de más de dos metros y un deshielo que ha obligado a trabajar con precisión para despejar los 10 kilómetros de vía.
El plan empieza antes
La experiencia, además, no empieza en el tren. Antes, desde el el lago de Fabrègues, situado 1.250 metros de altitud, hay que subir en teleférico (unos 15 minutos) hasta la estación de salida, a 1950 metros de altitud. A partir de ahí, el viaje, de unos 50 minutos, es una excursión panorámica que termina cerca del lago, punto de partida de rutas de senderismo en uno de los rincones más espectaculares del Pirineo. Y eso explica por qué, cada año, pese al frío, la nieve y en algunos casos una logística digna de una misión polar, el tren vuelve.