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“Las empresas tenemos que pasar a la acción y no esperar a que decidan por nosotras”

La presidenta de Confebask defiende la capacidad de la industria ante los problemas y pide que el diálogo sobre un SMI de convenio se aborde en un foro tripartito
Tamara Yagüe, presidenta de Confebask, en la sede de la patronal en Bilbao. / Miguel Acera

El mundo empresarial vasco mira de reojo a la crisis de la industria europea, que es el gran cliente de las exportaciones, pero también a otros asuntos, como la inminente sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en el juicio por la demanda interpuesta por ELA y LAB a Confebask para exigirle que negocie un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en Euskadi. La presidenta de Confebask, Tamara Yagüe, reflexiona en esta entrevista sobre estas cuestiones, además de otras, como la situación del mercado de trabajo, los problemas para afrontar el relevo generacional con nuevos perfiles, el estado de la negociación colectiva y la demanda de una fiscalidad que favorezca el crecimiento empresarial. En sus previsiones para este año, Confebask prevé un crecimiento del PIB en Euskadi del 2,1%, aunque los riesgos existentes, asociados principalmente a la inestabilidad internacional, pueden hacer que varíe en una horquilla entre el 1,7% y el 2,6%. De cumplirse este cálculo, sería un año similar al pasado, que se cerró con un 2,3%, según el Eustat, si bien los empresarios esperan un menor dinamismo inversor y del empleo, que no obstante seguirá alcanzando nuevos niveles de máximos.

El Gobierno Vasco pidió a Confebask que, al menos, se sentara a dialogar con ELA y LAB en torno al salario mínimo. ¿Por qué no lo hicieron?

—Cuando los sindicatos nos llamaron para negociar en el Consejo de Relaciones Laborales (CRL) vemos que hay cuatro propuestas distintas para un SMI. Por un lado, está el SMI de convenio que propone UGT y CC.OO. y que nosotros sí estaríamos legitimados para negociar. Y por el otro está el SMI interprofesional para todos los trabajadores, sobre el que no tenemos legimitidad para poder negociar. Este último se marca por ley y solo lo puede asignar el Gobierno del Estado. Nosotros ya dijmos que estamos dispuestos a dialogar, pero no en un foro únicamente sobre el salario mínimo, sino en la Mesa de Diálogo Social, y para abordar un salario mínimo de convenio. Hablemos de eso, pero también de otros aspectos que nos preocupan, y que están relacionados con la productividad y la competitividad de las empresas. Además, creemos que debe ser un diálogo tripartito junto al Gobierno Vasco. Sobre el juicio, analizaremos la sentencia del TSJPV cuando se haga pública, pero es probable que, sea cual sea, el asunto llegue hasta el Tribunal Supremo porque alguna de las dos partes estará disconforme con la misma. Además, creemos que el salario mínimo no es ahora una prioridad, porque en los últimos cinco años ha subido un 67%. En Euskadi el salario mínimo afecta a cerca de un 3% de la población ocupada, aproximadamente 40.000 personas, y de las cuales unas 26.000 son empleadas domésticas, donde ya existe sentencia a nuestro favor que recoge que nosotros no estamos legitimados para negociar en ese sector. 

¿Cuáles son esos aspectos vinculados a la productividad y la competitividad que quieren tratar?

—El problema de las bajas laborales es una preocupación que está en máximos entre los empresarios. El absentismo está afectando seriamente a la competitividad de las empresas. Junto a la falta de perfiles laborales cualificados es lo que más preocupa a las empresas vascas hoy en día. El absentismo es un problema complejo, con causas diversas y que afecta a distintos sectores. En lo que respecta a nosotros, los empresarios, tenemos que trabajar mucho más la cultura de empresa y la vinculación a un proyecto. También hay que trabajar en promover la cultura del esfuerzo personal. Pero no estamos hablando de que la gente vaya a trabajar estando enferma. Además, también hay que trabajar el tema de los procedimientos y el protocolo de bajas resistentes en Osakidetza, aunque entiendo que no es algo fácil, como tampoco lo es resolver las listas de espera a la hora de someterse a pruebas médicas. Sin embargo, debemos ser conscientes de que tenemos un problema que repercute en la economía y en el bienestar de todos. Necesitamos trabajar en conjunto toda la sociedad.

Si no nos movemos podemos morir; hay que abrir nichos de mercado sin perder focos estratégicos

¿Les preocupa que la discrepancia sobre el salario mínimo se traslade a la negociación colectiva? ¿La conflictividad puede frenar inversiones extranjeras?

—Nosotros siempre hemos valorado mucho la contribución de los sindicatos y el valor de la negociación colectiva. La mayoría de los sindicatos está compuesta por gente seria que está buscando un consenso por el bien de su sector laboral. Lo que nos preocupa es el conflicto por el conflicto, la confrontación por la confrontación. Y por eso creemos que cuando una empresa de fuera busca una ubicación o acometer una inversión, observa varios aspectos en la balanza, como el absentismo y la conflictividad que, en igualdad de condiciones -cadenas de suministro, enclave o logística-, puede hacer que se decante por un territorio con menos confrontación.

La impresión general es que la empresa vasca se ha acostumbrado a convivir con los aranceles de Donald Trump, pero que el castigo a la industria llega por la debilidad de Europa y la caída de las exportaciones a Francia y Alemania.

—Estados Unidos no es el país al que más se exporta. Pero sí tiene un efecto cadena con otra serie de países que sí que son nuestra primera fuente de exportación, como pueden ser Alemania y Francia. Las reglas del juego comercial tal y como las conocíamos hasta ahora han cambiado. Pero la industria vasca es bastante resiliente. Es cierto que el sector industrial es el que menos dinamismo ha tenido durante el año pasado, algo que tambien prevemos que ocurra este año. Pero es cierto que poco a poco va repuntando. De todas maneras, no podemos estar parados a que decidan por nosotros, sino que tenemos que pasar a la acción con nuestro mejor saber hacer como empresas. Puede que, a veces, los resultados no sean los óptimos porque también dependen de circunstancias que no podemos controlar, pero si no nos movemos podemor morir. Por ejemplo, la Unión Europea puede hacer mucho trabajo abriendo nuevos mercados, y en este sentido los acuerdos con Mercosur e India son positivos, siempre que lógicamente se cumplan los estándares medioambientales y sanitarios. Tenemos que confiar en que Francia y Alemania salgan de ese período complicado que están atravesando. Hay que extender nuestros nichos de mercado sin perder de vista los países estratégicos para las exportaciones vascas. De las 500 mayores empresas exportadoras del Estado, 182 son vascas. Tenemos que seguir trabajando e innovando, mejorando la competitividad. 

La resiliencia del mercado de trabajo es uno de los pilares del crecimiento del PIB vasco, junto con el aumento del consumo privado. ¿Qué previsión hacen para este año en lo que respecta al empleo?

—Las encuestas que hacemos desde nuestras delegaciones territoriales señalan buenas tendencias de contratación. Pero nos preocupa la falta de perfiles laborales adecuados. Si no contamos con esos perfiles, nuestro crecimiento como economía va a estar más limitado. El crecimiento del empleo va a ser proporcionalmente menor porque los perfiles especializados que se necesitan no están ahora mismo en el mercado. Se hace necesario traer ese tipo de trabajadores desde fuera y para eso necesitamos una estrategia de país diferenciadora que permita captarlos y retenerlos. Consideramos que en este aspecto vamos algo tarde, porque no somos los únicos que estamos en esa carrera. Francia, Alemania y el resto de Europa nos llevan ventaja. En este sentido, para las empresas son muy importantes medidas como la de los permisos de trabajo y la homologación de títulos universitarios.

La mayoría de los sindicatos está compuesta por gente seria que busca el consenso

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¿Qué necesitan las empresas vascas a nivel laboral?

—Por ejemplo, faltan electricistas, soldadores, técnicos, ingenieros... Sobre todo, faltan trabajadores en el plano industrial, pero también en el tecnológico. Y en la construcción. 

En varias ocasiones han reclamado a las administraciones públicas una fiscalidad más “incentivadora”. ¿Qué respuesta están encontrando a esta petición?

—Se trata de 15 propuestas que transmitimos en su momento a Gobierno Vasco y diputaciones. Entre ellas, hemos visto que se han implementado los incentivos fisales por inversiones en la reducción de gases contaminantes, una medida que es positiva. Pero el resto no se han tenido en cuenta, probablemente porque se ha querido priorizar otros temas socialees. Seguimos diciendo que es el momento de invertir en fiscalidad, porque eso va a contribuir al arraigo de las empresas. Por ejemplo, las tablas del IRPF no se han deflactado acorde a la inflación. Se necesitan medidas fiscales en aspectos como la vivienda para atraer jóvenes a que vengan a trabajar aquí. Pero esas soluciones no se pueden aplicar de la noche a la mañana. Hacen falta períodos transitorios, de manera que se puedan captar y retener trabajadores especializados y empresas. Eso crea un ecosistema económico que permite generar un mayor volumen recaudatorio. Podemos discutir si una medida es más necesaria que otra, pero lo importante es trabajar en esa filosofía fiscal. Hablamos de facilitar la implantación de empresas, de una apuesta para generar capacidad de atracción e inversiones. Además, ya tenemos la herramienta para ello, porque contamos con las capacidades que ofrece el Concierto Económico.

Suelen aludir con frecuencia a la necesidad de un mayor reconocimiento social a la clase empresarial. ¿Se está consiguiendo?

—Los informes Draghi y Letta están incidiendo en que es necesario incrementar el PIB industrial de Europa. Aquí contamos con la ventaja de que ya tenemos esa industrial. Lo que hace falta es trabajar en esa raíz industrial. En el mundo empresarial tenemos que intentar que los emprendedores y las vocaciones sigan existiendo. Si no se ofrece una imagen humana de los empresarios, esas vocaciones se van perdiendo. Es cierto que somos muy insistentes en este aspecto del reconocimiento social, pero no es para que nadie nos diga ‘qué bien hacéis las cosas’. Lo que buscamos es sembrar y promover esas nuevas vocaciones para estimular ese crecimiento industrial. Todos aportan, empresarios y trabajadores. Lo importante es que las empresas generan este nivel de bienestar económico y social que no queremos perder. 

02/02/2026