Economía

Las bajas temperaturas dispararán el precio de la luz por encima de los 100 euros en febrero

Este enero el ‘pool’ se sitúa en los 87,15 euros el megavatio-hora, es decir, un 11,90% más caro en comparación con el pasado diciembre
Un consumidor enciende un interruptor con una factura de luz en la mano. / Europa Press

El frío invernal podría conllevar una escalada en el precio del gas de unos 45-50 euros el megavatio-hora, lo que llevaría a pagar en el mes de febrero unos 105 euros por megavatio-hora. El detonante de esta subida es el clima, ya que se espera que los termómetros se desplomen entre los 2 y los 4ºC por debajo de la media de Europa central. Ante la persistencia de las bajas temperaturas, el consumo térmico se incrementa, lo que se traduce en la merma del colchón de las reservas del gas y una mayor sensibilidad ante cualquier acontecimiento que ocurra. Igualmente, las reservas caen al 54-55 % y con un volumen de extracciones alrededor de los 930 millones de m3 diarios en una situación que no es sinónimo de escasez, pero sí que reduce significativamente el margen de error.

En el caso de que el frío no se mantenga, el mercado gasístico puede estabilizarse en un precio comprendido entre los 30-33 euros/ Mwh. De acuerdo con estas previsiones, la electricidad adoptaría unos precios entre los 85-90 euros para el mes de enero, 80-90 euros en febrero y 50-60 euros para marzo en términos de megavatio-hora. El secretario general de FACUA, Rubén Sánchez explica la relación directa que existe entre el clima y el precio de la electricidad: “Precisamente, en los periodos de más frío o más calor es cuando hay más demanda y cuando se produce el mayor nivel de consumo. Por lo tanto, es en ese momento cuando entran más empresas en la puja diaria u horaria”. El especialista recalca que “la última empresa que entra en la subasta y vende sus megavatios es la que determina el precio de todo”.

También intervienen otros factores estructurales. “Hay que tener en cuenta que influye la forma en la que está configurada la subasta. Supongamos que disponemos de mucha energía eólica, que es barata de producir. Como entran en la puja la hidráulica y la nuclear, que son mucho más costosas, al final la eólica se acaba beneficiando de ello. De hecho, se beneficia todavía más cuando tenemos temperaturas más extremas, puesto que hay más horas del día en las que entran las energías caras en la puja”, argumenta. En este caso, la solución pasa por cambiar de raíz el funcionamiento de estas pujas: “Es necesario modificar el sistema para hacer que las energías nuclear e hidráulica se mantengan al margen de las subasta diarias y se sometan a un precio fijo”, matiza.

Un hombre sube los plomos de la luz con una factura de luz en la mano. Alberto Ortega / Europa Press

En un intento de abaratar costes y mitigar el impacto de esta subida en la economía doméstica, muchos consumidores optan por modificar su tarifa actual o incluso explorar nuevas comercializadoras. “Uno de los errores más habituales es caer en la trampa de ofertas extraordinariamente ‘low cost’ que nos hacen por teléfono, porque podría tratarse de un fraude. Cualquier llamada que una empresa te haga sin haberla solicitado antes cuenta como ‘spam ‘y es ilegal”, advierte. Además, señala que quien incumple esta norma “también podría estar ofreciéndote un servicio engañoso o un descuento irreal”. Desde FACUA recomiendan no fiarse de la primera propuesta deslumbrante que nos llegue y recuerdan que “cambiarse de compañía eléctrica debería ser fruto de un proceso de reflexión”. Asimismo, “siempre es útil recurrir a los comparadores de portales como el de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), para así poder valorar si existe una oferta más interesante en esta coyuntura”.

Otra cuestión a revisar si se busca el ahorro en la factura eléctrica: la potencia contratada. “Cada año pagamos de más por tener contratadas potencias superiores a las que realmente necesitamos. Por esta razón, conviene ir reduciendo medio kilovatio/hora cada seis meses, como mínimo, con el objetivo de afinar hasta la potencia óptima y evitar sobrecostes”, sugiere el responsable. En este aspecto juegan con ventaja las viviendas que ya estén dotadas de aislamiento térmico, porque permiten que los consumidores no tengan que utilizar continuamente el aire acondicionado o la calefacción.

El futuro, a merced de la demanda y el frío

Este año ha arrancado con una sacudida en el mercado gasístico. Según recoge la consultora Tempos Energía, los once primeros días de enero han supuesto un “rebote fulminante del 34,70%, el mayor impulso semanal en más de dos años que rompe con el letargo de los precios bajos”. El panorama de “tormenta perfecta” viene dado por la mayor demanda de calefacción con consumos diarios en Europa en máximos desde el 2022 por encima de los 2.000 millones de metros cúbicos.

No obstante, el precio del gas se sitúa un 20% por debajo en comparación con el año anterior y lejos de su máximo vivido. De este modo, el mercado del gas “sale de la zona baja y entra en la intermedia sin tensión estructural”, según señala el analista y CEO de Tempos Energía, Antonio Aceituno. Ante este giro, el mercado eléctrico reacciona con un “repunte en el segundo y tercer trimestre, aunque las energías renovables acogen el impacto”. Según las previsiones, cabe esperar que el cuarto trimestre del 2026 y el primero del 2027 sean el escenario de una “subida cautelosa”.

El precio del 'pool' por horas

El presente mes de enero posiciona el ‘pool’ en los 87,15 euros el megavatio-hora, lo que equivale a un 11,90% más caro en comparación con el pasado mes de diciembre. A pesar del incremento del coste, el ‘pool’ aún se sitúa un 9,9% por debajo con respecto a enero del año anterior. “La clave no está en el precio medio, sino en cómo se va formando a lo largo del día”, puntualiza el especialista. El precio máximo alcanza los 166 euros el megavatio-hora y ya son más del 30% de las horas totales las que superan los 100 euros. En la misma línea, desde la consultora se ha apuntado a la energía solar y la eólica como “los flotadores” del sector, ya que la primera crece un 5,5%, “aportando volumen suficiente”, mientras que la eólica se dispara un 35% y se convierte en “el gran freno del sistema”.

Por su parte, el Brent (tipo de petróleo crudo extraído del mar del Norte que sirve como referencia para el precio del petróleo en Europa) atraviesa una fase de transición. Se trata de un “equilibrio vigilado”, un concepto que indicaría que el mercado “no está en crisis, pero tampoco es estar cómodo”. En este marco coexisten los precios a medio plazo, los riesgos geopolíticos y las fricciones físicas. Las predicciones más coherentes situarían al Brent entre los 62-70 dólares por barril (unos 52.50-60.00 euros) durante el primer trimestre, una horquilla de precios que se ha conservado durante el último trimestre de 2025, por debajo de los precios del invierno pasado. “El Brent está a la espera de un catalizador real y hasta que llegue se seguirá moviendo entre el exceso de oferta, que empuja hacia abajo, y los riesgos que le impiden caer”, se pronuncian desde la consultora. A grandes rasgos, la geopolítica seguirá siendo un factor intermitente, pero “el mercado necesita hechos y no titulares para romper los rangos de manera duradera”, concluye.

01/02/2026