Cultura

Larraín: "Los vivos estamos acostumbrados a tener la razón con los muertos y la película habla de qué sienten los muertos"

El cineasta chileno presenta 'Mis muertos tristes', serie adaptada a formato largometraje los relatos de la Argentina Mariona Enríquez
El cineasta Pablo Larraín presenta 'Mis muertos tristes' / Rubén Plaza

Una serie compite, por fin, por la Concha de Oro del Zinemaldia. O, por lo menos, una serie adaptada a un largometraje de tres horas. Se trata de Mis muertos tristes, película argentina dirigida por el chileno Pablo Larraín a partir de los relatos de la escritora Mariana Enríquez, en la que una médica puede ver y escuchar a los muertos.

"Los vivos estamos acostumbrados a tener la razón con los muertos y la película, o la serie, habla de qué sienten los muertos. Vienen a visitarnos para decirnos que no nos olvidemos de ellos", ha explicado el director, que ha alabado los textos de Enríquez, capaz de "dar voz a las personas que no están ya con nosotros".

El origen de la cinta surgió hace años, cuando el chileno quiso adaptar uno de los libros de la escritora, pero no se pudo financiar. Al conocer la intención, Enríquez le envío otro libro de relatos y Larraín le propuso adaptarlo añadiendo historias de anteriores trabajos. "Pensó una columna vertebral con dos actrices (Mercedes Morán y Dolores Fonzi) y hacer una confluencia con otras historias y crear un texto nuevo. Acepté y fue muy rápido", ha indicado la autora, recordando que el primer encuentro con el cineasta fue en medio de una epidemia de dengue en Buenos Aires. "Nos encerramos en una habitación con dos espráis contra mosquitos para escribir. Nos sirvió para lanzarnos y crear ese mundo surrealista al estar viviendo un momento así", ha añadido.

El resultado final es una serie de cuatro capítulos, producida por Netflix, que se ha intentado camuflar como largometraje con fundidos a negro. En ella, el personaje de Morán trata con diferentes fallecidos, al tiempo que lidia con su hija, su hermana, su sobrina y su madre muerta. Todo ello en un barrio peligroso de Argentina.

"Intenté poner delante de cámara lo que sentía al leer los relatos, no solo argumentalmente, también atmosféricamente", ha confesado el nominado al Oscar por No, que rodó en uno de estos barrios periféricos reales. "Son construcciones de clases sociales que hay en toda Latinoamérica y que fueron abandonadas. Recorrimos varias hasta llegar a la de la película", ha apuntado el chileno, explicando que por las noches debían salir de las calles al estar "gobernados por la violencia". "Allí vive gente maravillosa que está en el patio de atrás de la sociedad. Es algo que tiene que ver con décadas de olvido, de gente que está olvidada", ha puntualizado, indicando que al grabar allí pudieron "entender el corazón" de estos lugares e incluso muchas de las personas que viven en el barrio participaron en la película como secundarios o extras.

Sin posibilidades en Argentina

Aunque Morán y Fonzi son las protagonista de Mis muertos tristes, en la película destaca especialmente la labor de Carolina Sánchez Álvarez en su debut interpretativo, donde da vida a una joven que se acuesta con fantasmas. "Es alguien que se ha inventado su mundo para no lidiar con el mundo real. Queríamos mostrar una persona con cuerpo diferente, gordo, pero que en su mente fuera excitante y sexy. No queríamos un sexo aburrido, sino de impoluta diosa", ha explicado entre risas.

"Mariana piensa que lo fantástico es un lugar interesante para mirar a la sociedad. Creo que también lo es para habita la sociedad", ha añadido Larraín, que se sumerge por primera vez en una historia con tintes sobrenaturales tras títulos políticos como Neruda, Spencer y Jackie. "Me parece atractivo filmar la idea de lo fantasma. Es una simbología bellísima", ha agregado.

La presentación del filme ha servido también para denunciar la situación audiovisual en Argentina, sin ayudas públicas, con un INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) bajo mínimos y con dificultades incluso para realizar coproducciones. "Vengo del Festival de Santander, ahora estoy en Donostia, y son lugares donde conoces gente para hacer puentes, pero Argentina no puede ofrecer la otra orilla de ese puente. Ahora mismo, dependemos totalmente de las plataformas, ya que hemos perdido hasta las coproducciones europeas", ha señalado Fonzi, afirmando que el Gobierno de Milei ha quitado las ayudas a la cultura "porque es la memoria del pueblo y pretende borrarla".

Igual de crítica se ha mostrado Morán, que ha hecho un alegato hacia las coproducciones, sobre todo entre países latinoamericanos, ya que permite conocer a otros cineastas con temas que son comunes para todos ellos. "Es difícil ver en cines argentinos una película chilena o mexicana, por ejemplo. No sé qué pasa en la distribución, pero si no trabajamos en equipo el cine es imposible", ha asegurado.

21/09/2026