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La realidad de las carreteras vascas: menos accidentes pero más trágicos

La CAV y Nafarroa reducen la siniestralidad, pero se disparan hasta 89 las víctimas mortales durante el pasado año
Un accidente mortal entre un turismo y un camión en Arizkun
Un accidente mortal entre un turismo y un camión en Arizkun / Ondikol

Menos accidentes no siempre significa más seguridad. Los datos sobre accidentes de tráfico de 2025 en la CAV y Navarra muestran una tendencia que preocupa a la seguridad vial: aunque los siniestros totales han descendido, las consecuencias de los que se producen son cada vez más graves con un total de 89 víctimas mortales en las carreteras de Euskadi: 41 en la CAV y 48 en Nafarroa

En la CAV, según el 'Balance de accidentalidad de Euskadi' de 2025 del Gobierno Vasco, el número total de accidentes de tráfico se redujo ligeramente respecto al año anterior, con 7.686 siniestros registrados, un 0,5% menos que en 2024. Sin embargo, la mortalidad siguió el camino contrario: 41 personas perdieron la vida en las carreteras vascas, cuatro más que el año anterior, lo que supone un incremento casi del 11%.

La evolución resulta aún más llamativa si se observa el resto de indicadores de gravedad. El número de personas heridas graves descendió un 9% en un año, hasta situarse en 443 casos, lo que apunta a una reducción de los accidentes más frecuentes y de menor impacto. En cambio, los siniestros que terminan en muerte aumentaron, rompiendo la tendencia a la baja que se había consolidado en la última década.

Pese a la tendencia descendente registrada en los últimos años, el repunte de 2025 introduce un elemento de alerta al mostrar que la reducción de los accidentes no se está traduciendo en una disminución equivalente de las muertes en carretera. El balance sugiere así un cambio cualitativo en la siniestralidad. Menos choques, menos heridos graves, pero un mayor peso de los accidentes de extrema gravedad, aquellos en los que el margen de supervivencia es mínimo.

Araba: el punto más crítico

El aumento de la mortalidad en las carreteras vascas no se ha distribuido de manera homogénea. Araba ha sido el territorio donde el repunte ha resultado más acusado. En 2025 se registraron 16 víctimas mortales, siete más que el año anterior, lo que supone un incremento de casi el 80% en apenas un año. La cifra contrasta con la evolución de Bizkaia, donde la mortalidad se mantuvo estable, y con Gipuzkoa, que logró reducir el número de fallecidos respecto a 2024.

Esta divergencia territorial apunta a factores estructurales más que a episodios puntuales. Araba concentra una parte significativa del tráfico interurbano y de largo recorrido, con vías que canalizan desplazamientos de paso y un elevado volumen de transporte pesado. En este contexto, los accidentes tienden a producirse a mayor velocidad y en tramos donde el margen de reacción es menor, lo que incrementa la probabilidad de desenlaces fatales.

En año pasado en la CAV, el 66% de los accidentes mortales registrados se produjeron en vías convencionales, es decir, carreteras interurbanas de un solo carril por sentido, sin separación física entre los flujos de tráfico. Son trazados donde los errores se pagan más caros. A diferencia de los entornos urbanos, donde los accidentes son más frecuentes pero suelen tener consecuencias menos graves, la carretera abierta concentra los siniestros de mayor impacto.

Más tráfico, menos margen de error

Los tipos de accidentes asociados a las víctimas mortales refuerzan esta lectura. Colisiones frontales (20%), salidas de la vía y atropellos concentran buena parte de las víctimas mortales, en muchos casos asociados a causas como la conducción distraída (40%), la velocidad inadecuada o la falta de atención en cruces y maniobras.

No se trata tanto de un aumento de comportamientos extremos como de errores comunes que, en un contexto de tráfico intenso y velocidades sostenidas, dejan un margen mínimo de corrección. Escenarios en los que la capacidad de reacción es limitada y las consecuencias, inmediatas.

Este tipo de siniestros se produce, además, en tramos donde la velocidad permitida es elevada y la infraestructura ofrece menos margen de protección, lo que explica que errores habituales tengan consecuencias especialmente graves.

Las víctimas

Frente a la percepción de que la siniestralidad más grave afecta sobre todo a los colectivos más vulnerables, los datos muestran una realidad más compleja. En términos cuantitativos, en 2025 se registraron 41 personas fallecidas en accidentes de tráfico, de las cuales un 78% eran hombres y 22% mujeres, una brecha que se mantiene estable.

Por grupos de edad, se concentró de forma muy clara en el tramo de 45 a 64 años, con 17 fallecidos, seguido de los grupos de 25 a 44 años. Atendiendo al tipo de persona, los conductores fueron el colectivo más afectado, con 28 fallecidos, muy por encima de peatones (4), ocupantes (2) y otros usuarios de la vía (5). Esto refuerza la idea de que la mayor letalidad se produce en accidentes protagonizados por usuarios no vulnerables en carretera abierta.

En cuanto a las personas vulnerables –ciclista, motorista y viandante–, los datos se mantienen sin grandes variaciones en Araba y Bizkaia. En cambio, en Gipuzkoa, descienden notablemente los motoristas de 9 a 4, pero ascienden de a 2 los ciclistas.

Este patrón apunta a un tipo de siniestro muy concreto: accidentes en carretera convencional, en desplazamientos de media o larga distancia, donde la velocidad sostenida y la familiaridad con el trayecto reducen el margen de reacción ante cualquier imprevisto. No son accidentes fortuitos ni excepcionales, sino el resultado de una combinación de factores que se repite con frecuencia en los tramos más peligrosos de la red viaria.

Navarra: misma tendencia, otro volumen

Navarra reproduce, con menor volumen, el mismo patrón observado en la CAV. Según los datos oficiales del Gobierno de Navarra, el número de accidentes de tráfico con víctimas descendió de forma significativa en 2025, con 820 siniestros registrados, lo que supone una reducción cercana al 14% respecto al año anterior. Sin embargo, este descenso no se tradujo en una disminución equivalente de la gravedad, ya que la mortalidad se disparó hasta los 48 fallecidos en accidente vial, el peor balance anual desde 2007, cuando se produjeron 50 víctimas mortales, y duplican el número de personas que perdieron la vida en 2024, cuando hubo 24 muertos. Entre los fallecidos figuraban siete peatones, seis motoristas y dos ciclistas.

Aunque la mayoría de los accidentes con víctimas se produjeron en vías urbanas (600), fueron los siniestros ocurridos fuera de la ciudad los que concentraron el mayor número de fallecidos. Un patrón muy similar al observado, donde este tipo de carreteras concentra también la mayor parte de los accidentes mortales.

En cuanto al perfil de las víctimas, los datos de 2025 muestran una clara concentración en la población adulta. El grupo de 16 a 64 años acumuló la mayor parte de las víctimas, con más de 660 heridos no hospitalizados, cerca de 95 hospitalizados y 30 fallecidos, lo que confirma que este tramo de edad sigue siendo el más expuesto. Por sexo, los hombres registraron un mayor número de víctimas que las mujeres, especialmente en heridos no hospitalizados (casi 475 frente a 345), así como en fallecidos (28 hombres frente a 10 mujeres). Entre las personas de 65 años o más, aunque el número total de víctimas fue menor, se observa una mayor gravedad relativa, con 31 hospitalizados y 8 fallecidos, lo que refuerza la vulnerabilidad de este colectivo en los accidentes de tráfico.

La mortalidad se concentró sobre todo en conductores de vehículos a motor y, principalmente, en siniestros en los que estaban implicados turismos (15). Aunque peatones, ciclistas y motoristas siguieron figurando entre las víctimas, su peso fue menor que el de los ocupantes de vehículos de cuatro ruedas. La distribución de la mortalidad por tipo de vía y vehículo reproduce, en líneas generales, el mismo patrón observado en la CAV.

Los balances de 2025 dibujan un escenario que obliga a replantear el foco de la seguridad vial, con varias coincidencias entre las dos comunidades autónomas. La carretera convencional, los desplazamientos interurbanos y los accidentes de alta energía concentran hoy el mayor riesgo, en un contexto de movilidad creciente y hábitos de conducción consolidados. La mejora lograda en los entornos urbanos y en la prevención de accidentes leves contrasta con la persistencia de siniestros que dejan un margen mínimo de supervivencia.

El reto, a partir de ahora, no pasa solo por seguir reduciendo la siniestralidad, sino por evitar que los accidentes que no se logran prevenir sigan teniendo consecuencias fatales. Reducir el número de accidentes ya no es suficiente si los que se producen siguen siendo letales.

2026-01-19T04:45:34+01:00
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