El partido del pasado viernes ante el Villarreal resucitó algunos de los fantasmas que parecían haberse corregido desde la llegada de Pellegrino Matarazzo al banquillo de la Real Sociedad. Y es que el equipo txuri urdin volvió a encajar goles en transiciones rápidas del rival, en este caso un Villarreal con mucho calidad al que la Real le puso la alfombra roja hacia la portería de Álex Remiro.
Así las cosas y cuando el equipo había logrado defender mejor tras pérdida en el centro del campo en los últimos meses, todo esto se diluyó en apenas veinte minutos, lo que tardó el conjunto castellonense en marcar tres tantos. No uno ni dos, sino tres. Un despropósito defensivo.
La vuelta a la realidad se suma al gran hándicap de la Real en todo lo que llevamos de campeonato: la defensa del balón parado. Sigue siendo uno de los peores equipos de la Liga a la hora de defender la estrategia de los contrarios. De hecho, los datos no engañan. Ha encajado un total de 18 goles a balón parado, de ellos 12 de córner.
Es un equipo sumamente vulnerable en este aspecto del juego. Defensas que no dominan el juego aéreo, la mayoría; un físico inferior en relación a los rivales, y un portero que no suele mostrarse contundente en los despejes son algunos de los aspectos que influyen, de forma importante, a la hora de explicar muchos de los goles que le hacen a la Real. Y dentro de muy poco se plantará en una final de Copa en la que tendrá enfrente a un Atlético de Madrid muy poderoso en el juego aéreo. Algo tendrá que inventar Matarazzo y su staff para no conceder tantas opciones.