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La primera aparición de Txurru, como lo conoce la audiencia vasca, ante las cámaras fue en 2014 como concursante en 'El Conquistador del Fin del Mundo' (ETB2), donde ya dejó su sello de naturalidad, a pesar de ser el quinto expulsado. En esta entrevista nos cuenta cómo ha sido y cómo está viviendo su salto a TVE y nos habla de su trayectoria.
¿Cómo llegó Trivial Pursuit a sus manos?
Estaba viendo un partido de la Europa League en San Mamés cuando me llegó un mensaje de TVE. Querían saber qué contrato tenía y si mantenía algún tipo de exclusividad. Me dijeron que les gustaría hablar conmigo y hacer las cosas bien. Con ellos y con ETB siempre he tenido una comunicación muy fluida, así que les dije que podíamos sentarnos a hablar sin problema. A partir de ahí me trasladaron su interés en ofrecerme algún proyecto. Poco a poco fue tomando forma la idea de Trivial. En abril me llamó la productora y empezamos a poner el proyecto en marcha, paso a paso.
El formato viene avalado por su éxito en Estados Unidos. ¿Qué se ha adaptado para que funcione con el público de aquí?
En este caso, la diferencia con la versión de Estados Unidos está en el ritmo. Nosotros le hemos dado más velocidad. Allí era un formato diario de media hora, menos visual, más pausado. Aquí lo hemos hecho más dinámico, con más energía.
¿Qué cree que tiene usted que encaja especialmente bien con un concurso familiar como este?
La clave es la naturalidad. Tenemos una cantera espectacular en Euskadi: Ramón García, Emma García, Arguiñano, Adela González, Iñaki López, Jorge Fernández… Muchísima gente. Creo que compartimos esa espontaneidad. No digo que otros no la tengan, pero nosotros la llevamos muy dentro, quizá también por nuestro carácter. Y esa forma de ser es la mejor manera de entrar en las casas y conectar con la gente con cercanía y sin demasiados artificios.
El concurso es una batalla de ingenio, rapidez y estrategia...
Creo que reúne un poco todo. Me parece espectacular trabajar prácticamente sin guion, como ocurre en los concursos. Aquí tienes que sacar tu naturalidad y tu capacidad de improvisar, porque no sabes qué te van a responder los concursantes. Al final, aunque soy el presentador, tengo que moverme entre distintos roles y darle a cada momento el tono que necesita.
Si fuera concursante de Trivial Pursuit, ¿en qué categoría se sentiría fuerte y en cuál sufriría?
Siempre digo que menos mal que me pagan por hacer preguntas y no por responderlas. Pero bueno, creo que se me daría bastante bien la categoría de entretenimiento, ahí me defiendo. Y en deportes también, porque llevo toda la vida practicándolo, me gusta y, además de trabajar en televisión, leo mucho sobre ello. Donde iría más justo sería en arte y literatura. Esa es, sin duda, mi asignatura pendiente.
¿Siente que el salto a TVE puede marcar un antes y un después en su carrera?
Sin duda. El salto a una cadena estatal y pública marca un antes y un después. Soy consciente de que es un paso importante. Soy joven, así que no lo veo como algo definitivo. Esto es una maratón, como me gusta decir. Es un punto de inflexión, sí, pero también lo fue el primero, cuando me dieron la oportunidad en Euskal Telebista, que es de donde vengo y donde siempre quiero estar. Ahora estoy en TVE, que es mi casa en este momento, y lo afronto con la misma ilusión. Lo vivo como un proyecto especial, tanto en lo personal como en lo profesional, y con muchísimas ganas.
¿Hay presión añadida por enfrentarse a un público que no le conoce tanto, o que no le conocía?
Lo vivo como una oportunidad limpia. La presión existe, claro, pero es necesaria. Te mantiene despierto, te obliga a dar lo mejor cada día. Aun así, nadie tiene que recordármelo: soy profesional y me sale solo por carácter. Cuando me preguntan por la diferencia entre hacerlo en ETB o en TVE, siempre digo lo mismo. Es verdad que la exposición en la cadena pública es mayor, el altavoz es más grande. Pero cuando estoy en el plató veo lo mismo: personas delante y un concurso que sacar adelante. No sé si me están viendo 20.000, 100.000 o dos millones de personas. Intento abstraerme de todo eso y presentar como si estuviera en el salón de mi casa, con mi cuadrilla, con mis amigos. Si yo lo disfruto así, creo que los de casa también lo perciben así.
Cambiemos de canal. Lleva mucho tiempo al frente del concurso Esto no es normal . ¿Qué balance hace?
Si es sobre diez, te diría un doce. Estoy feliz. Claro que las audiencias ayudan, y este está siendo el sexto año de récord. Eso reconforta. Pero aunque no fueran tan buenas, te diría lo mismo: el trabajo que hacemos es el mismo. Cuando marcas un 7 o un 14, mi implicación y la de mi compañera Nerea no cambia. Tenemos un proyecto con muy buenos mimbres y, sobre todo, con un público fidelizado, algo poco habitual hoy en día. Seis temporadas y camino de la séptima, si todo va bien. Eso ya dice mucho. Además, hay un equipo que funciona casi solo. Estamos muy compenetrados. Así que sí, muy contento y muy feliz.
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Los concursos están más de moda que nunca. ¿Por qué cree que funcionan tan bien?
Creo que todo va por etapas. Los formatos también son cíclicos. El éxito es voluble y efímero. Hay épocas en las que arrasan los realities y otras en las que los concursos están en plena forma. Ahí tienes el caso de Pasapalabra (Antena 3), un auténtico transatlántico. Yo percibo que ahora mismo hay mucha crispación social y política. Todo es ruido, bronca, tensión. Y creo que la gente está cansada. En ese contexto, los concursos ofrecen algo distinto: un rato de luz, de tranquilidad. Te sientas en el sofá, compartes tiempo en familia, juegas y aprendes. Al final es eso: un paréntesis para desconectar de todo ese ruido y disfrutar sin más. Y eso, ahora mismo, tiene mucho valor.
¿Cómo lleva el tema de las audiencias?
Son importantes, nadie lo puede negar. A todos nos afectan, para bien o para mal. Llevo más de 12 años haciendo concursos y programas diarios, así que sé de lo que hablo. Pero he aprendido a gestionarlo. Soy tranquilo y tengo claro que un dato no determina tu calidad. El éxito o el fracaso de un programa de televisión depende de muchos factores y nadie tiene la fórmula exacta.
Pues hay mucha gente en televisión que lo vive con angustia...
En lo que a mí respecta, mi trabajo es presentar, disfrutar y hacer disfrutar. Y siempre que termino una grabación me voy con la sensación de haberlo dado todo. Yo y mi equipo, que es maravilloso. Lo demás son factores externos que se me escapan. Y lo que no controlo, no puede quitarme más que un momento puntual de rabia. Después, te levantas y sigues. En la vida hay problemas de verdad y luego situaciones a resolver. Esto es una situación. Los problemas son otros. Al final todo es temporal. Un proyecto empieza y termina, luego llega otro. Hay que disfrutar el momento y estar preparado para lo que venga.