Política

La Ley de Nietos en la diáspora vasca: entre el desconocimiento y la desideologización

La acogida en las Euskal Etxeak de América a la ventana abierta para adquirir la ciudadanía del Estado español, aun siendo positiva en general, va desde el desinterés a la falta de vinculación familiar con víctimas de la represión franquista
Una multitud se agolpa ante el ‘Basque Center’ de Boise (Idaho), durante el último Jaialdi, la gran fiesta de los centros vascos de Estados Unidos.
Una multitud se agolpa ante el ‘Basque Center’ de Boise (Idaho), durante el último Jaialdi, la gran fiesta de los centros vascos de Estados Unidos. / Jaialdi

Actualizado hace 9 minutos

Entre el fango que anega la política española ha aflorado en las últimas semanas la conocida como Ley de Nietos. Es esta una normativa que la derecha ultramontana encarnada por PP y Vox ha querido retratar burdamente como un trampantojo que un Gobierno contra las cuerdas -el de Pedro Sánchez- se ha sacado de la manga a última hora en un intento desesperado de alterar el censo electoral para revertir la tendencia claramente desfavorable que auguran las encuestas y los últimos comicios autonómicos. En realidad, ni es una ley ni es nueva. Se trata, en rigor, de la Disposición Adicional Octava de la Ley de Memoria Democrática aprobada en 2022, que permite optar a la nacionalidad española, entre otros supuestos, a “los nacidos fuera de España de padre o madre, abuelo o abuela, que originariamente hubieran sido españoles, y que, como consecuencia de haber sufrido exilio por razones políticas, ideológicas o de creencia o de orientación e identidad sexual, hubieran perdido o renunciado a la nacionalidad española”. Un texto que, claramente, hace referencia a los descendientes de quienes huyeron de la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco.

La ventana de solicitudes se abrió el 22 de octubre del citado 2022 y se cerró tres años después, con un 2,45 millones de personas que pidieron acogerse a ese derecho. Más del 95% de ellas proceden de Latinoamérica, donde se concentra una considerable diáspora vasca, entre la que hay no pocos descendientes de represaliados del franquismo potenciales beneficiarios de esta legislación. Muchos de ellos se reúnen en torno a los cerca de 160 centros vascos diseminados por el continente -incluyendo también Estados Unidos y Canadá-, donde, en línea con la diversidad de los países que los acogen, tienen una visión muy dispar de esa Ley de Nietos. En unos lugares prevalece el desinterés hacia ella, cuando no un profundo desconocimiento. En otros, se ha recibido como un recurso más para adquirir la ciudadanía del Estado español, despojado del tinte ideológico y de la vinculación de la norma a las consecuencias de la represión franquista que ha primado en el debate en torno a la norma por estos lares. Y en todos, en cualquier caso, lo entienden como algo positivo.

Con cerca de 90 registrados, Argentina es el país con más centros vascos del mundo. Y también el que, de largo, acapara un mayor volumen -más de 645.000, en torno al 26,3% del total- de las solicitudes para acceder a la ciudadanía española por esta vía. En la Federación de Entidades Vascas de Argentina (FeVA), en la que se integran las Euskal Etxeak de toda la nación, no disponen de datos que indiquen cuántos descendientes de vascos se han acogido a esta ventana abierta entre 2022 y 2025 -la anterior fue en 2007, con la Ley de Memoria Histórica del Ejecutivo de Zapatero-. “No llevamos adelante campañas específicas para promover la obtención de la nacionalidad española. Entendemos que se trata de decisiones de carácter personal”, apunta su presidente, Carlos Miguelena.

Su valor principal es moral y simbólico, implica reconocer situaciones de desarraigo

Carlos Miguelena - Presidente de la FeVA (Federación de Entidades Vascas de Argentina)

En todo caso, desde FeVA consideran que la Ley de Nietos “constituye una medida justa y necesaria de reparación histórica” al reconocer “una deuda pendiente” con los exiliados por la Guerra Civil. Por ello, “su valor principal es moral, simbólico e histórico” ante las “situaciones de desarraigo, persecución y pérdida de derechos” que atravesaron muchas familias. No obstante, también ven en ella “efectos prácticos” ya que el acceso a la ciudadanía española representa “para muchas personas una herramienta real de movilidad, estudio, trabajo, seguridad jurídica y reconstrucción de vínculos familiares”.

Un alarde de danzas en el Centro Vasco de Chacabuco (Argentina).

Un alarde de danzas en el Centro Vasco de Chacabuco (Argentina). FeVA

Cruzando el Río de la Plata, del peso demográfico que la población de origen vasco tiene en Uruguay habla claro un simple dato: con apenas 3,5 millones de habitantes en total, se contabilizan trece centros vascos. Allí se creó en 1876 el primero de la historia, el Laurac Bat de Montevideo. Y de allí es natural Daoiz Sebastián Uriarte, abogado y directivo del Centro Euskaro, fundado hace 115 años. Como su representante ante el Consulado de España en aquel país, es perfecto conocedor de la Ley de Nietos y de la acogida que ha tenido en el colectivo del que forma parte. Así, aclara que, si bien en el Estado español el debate se está centrando en esta motivación específica de los exiliados políticos para la obtención de la nacionalidad, “en realidad no es la única causal que se cita en la ley”. De hecho, asegura no conocer a nadie que haya esgrimido ese motivo al realizar el trámite: “En Uruguay, la abrumadora mayoría de las aplicaciones -se calcula que unas 45.000 en total- no tienen nada que ver con la Guerra Civil y el franquismo. Las solicitudes son de descendientes de exiliados económicos, en el caso de los vascos muchos de antes de la Guerra Civil y si algunos tuvieron motivaciones políticas es porque fueron de la época de las Guerras Carlistas o de la Guerra de Cuba”.

Ofrenda floral en la Plaza Guernica de Montevideo.

Ofrenda floral en la Plaza Guernica de Montevideo. Centro Euskaro

Cree también Uriarte que existen motivos prácticos para evitar apelar a la condición de descendiente de exiliado al optar a la ciudadanía española, “ya que suele bastar con acreditar que son hijos o nietos” de personas nacidas en el Estado para acceder a ella, presentando una partida de nacimiento de dicho antepasado. “¿Para qué buscar documentación que pruebe que tu abuelo fue exiliado político si con probar que nació en el Estado español a través de un certificado de nacimiento, lo que es mucho más fácil, es suficiente?”, agrega.

En Uruguay, la mayoría de las aplicaciones no tienen que ver con la Guerra y el franquismo

Daoiz Sebastián Uriarte - Directivo del Centro Euskaro de Montevideo

Aun sin contar con un cálculo preciso de cuántas personas se han acogido a la norma, el directivo del Centro Euskaro afirma que ha existido “una importante adhesión” por parte de uruguayos con origen en Euskal Herria a la misma. Considera que ha sido “particularmente beneficiosa para la diáspora vasca” por lo remoto en el tiempo de la misma, frente a otras inmigraciones más recientes, como la gallega, en la que se ha preservado mejor la transmisión de la nacionalidad de padres a hijos. Y remarca que en aquel rincón a orillas del Río de la Plata, la Ley de Nietos “nunca se vio como una cuestión ideológica ni para exiliados de la Guerra Civil, sino como una oportunidad” para que los hijos mayores de edad que no habían heredado de sus ancestros la ciudadanía de su origen la lograran. Así lo hizo él mismo. “Soy de los primeros uruguayos en obtener la nacionalidad española por la Ley de Memoria Democrática, en diciembre de 2022, cuando hacía apenas unas semanas que el Consulado General de España en Montevideo había comenzado a recibir solicitudes”, señala, explicando que accedió como “hijo mayor de edad de español nacionalizado por la Ley de Memoria Histórica, a través del Anexo III”, en referencia a su padre, Daoiz Gerardo Uriarte.

Solo el 6% con nacionalidad

Recuerda Uriarte, aportando datos procedentes del Gobierno Vasco, que “solo el 6% de las personas vinculadas a Euskal Etxeak en todo el mundo cuentan con nacionalidad española”. Y esboza una situación: “Algunos presidentes de centros vascos han tenido dificultades al llegar a Barajas al no contar con pasaporte europeo, pese a que acudían a congresos organizados por instituciones vascas”. “Es de justicia que muchos descendientes de vascos puedan recuperar ese vínculo jurídico con Euskal Herria, para poder visitar sin trabas burocráticas el lugar de nacimiento de sus antepasados”, añade Uriarte, como ha hecho él con el caserío del que partieron sus bisabuelos en Oñati, acompañado de sus hijos. “Espero que el pueblo vasco lo entienda”, remacha.

Rechazo a la visión de la derecha como un intento de alterar el censo electoral

La tardanza en la puesta en marcha de la Ley de Nietos que, a juicio de Xabier Irujo, amortigua su impacto, también invalida, según su criterio, las críticas de la derecha española por su supuesta capacidad para adulterar el corpus electoral en el Estado español:“Podría haber una orientación ideológica más marcada en casos en los que la ley afecte a hechos próximos en el tiempo. Pero estamos hablando de 80 años después. Nosotros somos una familia de seis exilios en cinco generaciones. Y más o menos seguimos en la misma línea de siempre. Pero no necesariamente todas las familias se han mantenido ligadas al centro vasco. En el caso de la emigración vasca, algunos habrán perdido la lengua, otros las costumbres y otros incluso la conciencia y la identidad misma”. 

A Daoiz Uriarte le genera “rechazo el uso de la palabra fraude cuando se la utiliza para poner en duda la nacionalidad de quienes la obtuvieron por esta ley”. En el entorno de las Euskal Etxeak duda que muchos “fueran a votar a Sánchez o al PSOE” y explica que, aunque mayoritariamente ante las urnas “se comporten como sus familias en Euskal Herria”, eso no respalda los argumentos de la derecha. Es más, incide en que, paradójicamente, en Uruguay la fuerza más beneficiada por esta norma es el PP de Feijóo, ya que tiene establecida desde hace décadas una relación muy estrecha con la colectividad gallega, que de las procedentes del Estado español es, de largo, la más numerosa.

Además, el directivo del Centro Euskaro de Montevideo subraya la escasísima influencia de los residentes en el extranjero en los resultados de las elecciones que se celebran en el Estado español, puesto que su participación real apenas alcanza el 10% del censo CERA (Censo de Españoles Residentes Ausentes). 

Como consecuencia, en Euskadi, “el escrutinio del voto CERA en las últimas elecciones autonómicas no modificó el reparto de escaños”, apostilla el presidente de la FEVA, Carlos Miguelena, quien añade que “reducir una medida de reparación histórica a una supuesta maniobra electoral desvirtúa el sentido de la ley y desconoce la diversidad de trayectorias, identidades y posiciones políticas dentro de la diáspora”. Por dicho motivo, concluye que “la discusión debería mantenerse en el plano de los derechos, la memoria democrática y el reconocimiento histórico, evitando interpretaciones partidarias simplificadoras”.

Sumando a la solidez de estos argumentos el hecho de que, del total de 2,45 millones de solicitantes de nacionalidad en esta ventana, a 31 de marzo solo 544.000 vieron aprobada su instancia y poco más de 300.000 estaban ya inscritos en los registros consulares como ciudadanos de pleno derecho; que aún quedan por tramitar en torno a 1,3 millones más de solicitudes y que en algunos casos su resolución se puede alargar por tres o más años –los consulados españoles en el continente americano no dan abasto–, las inconsistentes acusaciones de “pucherazo” de la derecha al referirse a esta mal llamada Ley de Nietos se caen por su propio peso.

Más al norte, en Estados Unidos, también existe una importante presencia vasca, que fundamentalmente se asentó entre finales del siglo XIX y mediados del XX en la mitad oeste, donde abundaban los pastos para la ganadería. No en vano, la dura vida del pastor de ovejas aislado en inhóspitos parajes al cuidado del rebaño está en la base del imaginario de la colonia euskaldun. Sin embargo, Xabier Irujo apunta que, a diferencia de lo percibido en lugares como Uruguay, “la emigración vasca en América ha sido, en general, política”. Historiador y profesor del Centro de Estudios Vascos de la Universidad de Reno, donde además es catedrático de estudios de genocidio, recuerda que “más del 80% de los miembros actuales de la diáspora vasca pueden ser bisnietos, tataranietos o incluso más allá de exiliados políticos de las Carlistadas o del 36”. Y apunta que, solo en el estado en el que ejerce la docencia, en Nevada, “se calcula que en los años del franquismo, entre las décadas del 40 y el 70, llegaron unos 4.000 pastores vascos”.

No es una norma muy conocida, no creo que haya tenido un impacto grande en la comunidad

Xabier Irujo - Catedrático de la Universidad de Reno (EE. UU.)

Una normativa "no muy conocida!

Irujo sabe de qué habla. Es puro producto de la diáspora, descendiente de cinco generaciones de euskaldunes que hicieron las Américas. Sus abuelos habían escapado a Argentina desde Euskadi huyendo de las tropas franquistas y antes lo habían hecho sus tatarabuelos con motivo de las Guerras Carlistas. Se crió y aprendió euskera en el Centro Vasco de Caracas, donde nació hace 59 años; ha sido también socio del Euzkaldunak de Boise (Idaho), frecuenta los de Reno y San Francisco y tiene vínculos familiares con el histórico Laurak Bat de Buenos Aires -“donde han estado cuatro generaciones de Irujos”, indica- y el Euskal Erria de Montevideo. Y, sin embargo, desliza: “No conozco a nadie que haya obtenido la ciudadanía española a través de la aplicación de la Ley de Memoria Democrática del 2022”.

El historiador cree que se trata de “una normativa que no es muy conocida” y que “no ha tenido un gran impacto” al otro lado del Atlántico, especialmente en Estados Unidos, y asegura que los casos que conoce de obtención de la ciudadanía -entre ellos el suyo propio hace ya unas décadas- son “a través del Código Civil”. Entiende que es “mucho más fácil” conseguir una partida de nacimiento o un registro civil y hacerlo por esa vía que por la Ley de Nietos. “Habrá gente que ni sepa que sus abuelos o bisabuelos eran exiliados y si no tienes esa documentación, ¿cómo accedes al proceso?”, incide. A su juicio, un gran problema reside en que esta ley “se hizo muy tarde” y la distancia temporal con los hechos dificulta su aplicación. Y añade que, en los últimos tiempos, el interés por obtener la doble ciudadanía ha crecido entre los residentes de más edad en Estados Unidos por un motivo muy pragmático: “Las circunstancias tan difíciles del país en lo que respecta a la sanidad hace que muchos se vayan a vivir fuera si tienen problemas importantes de salud”. 

En cualquier caso, opina sobre la Ley de Nietos que es “bueno que haya esa vía también y que se reconozca la realidad de los exiliados”.

2026-07-12T07:07:15+02:00
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