Gipuzkoa

La guía Repsol otorga un Solete al bar Alameda de Zumarraga

Este establecimiento, abierto hace 42 años, ofrece comida casera, local y de temporada
Tina, Ángel, Tina y Carlota, en la barra del Alameda. / Asier Zaldua

La guía Repsol ha otorgado un Solete al bar-restaurante Alameda de Zumarraga. Los Soletes son para los establecimientos populares con identidad propia y al Alameda no le falta carácter. Con este Solete, la guía Repsol premia un negocio familiar que ofrece comida casera y del que nadie se va con hambre. 

El bar-restaurante Alameda lo abrió Tina Alejandro hace 42 años. Esta mujer nació en Villalón de Campos (Valladolid). Trabajaba en los mercados y fue en un mercado donde conoció a su marido Agapito Poza, que había ido de Barruelo de Santullán (Palencia) a Valladolid en busca de un futuro mejor. El matrimonio vino a vivir a Urretxu y trabajó en la empresa Irimo. Alejandro, que es una mujer muy echada para adelante, cogió el bar Jofamar de Zumarraga. Después, decidió abrir el bar Alameda en la avenida Euskal Herria de Zumarraga. Sigue al pie del cañón. Sus hijos Ángel, Tina y Carlota siguieron sus pasos y hoy en día son ellos los que se encargan del negocio familiar. Su madre baja todos los días al bar, claro.

Zumarraga ha cambiado mucho desde los años 80 y el Alameda también. “Antes venía gente a potear y a jugar a cartas”, recuerda Tina. Su hermano añade que antes paraban muchos camioneros. No es de extrañar, pues eran muchos los camioneros que acudían a la empresa Orbegozo (después ArcelorMittal) a cargar y descargar. Además, la carretera Beasain-Bergara pasaba por la avenida Euskal Herria. “Venían muchos camioneros franceses. Se hacían colas hasta el último semáforo. La báscula cerraba a las seis o siete de la tarde y los camioneros se quedaban a dormir aquí. Cenaban en nuestro bar”.

Su hermana cuenta que los camioneros franceses se llevaban muchas botellas de Ricard. Ese licor es una de las bebidas nacionales de Francia, pero aquí lo podían adquirir a mejor precio y en el Alameda siempre tenían un buen stock para los camioneros franceses. “Teníamos una balda con botellas de Ricard”.

Los camioneros, además de comer y beber, hacían uso del teléfono del bar. Cabe recordar que en aquella época todavía no existían los móviles. “Dejaban el teléfono del bar en sus agencias y cuando estas les llamaban gritábamos sus nombres”.

Hoy en día hay muchos menos camioneros entre sus clientes. “Viene mucha gente del hospital, del geriátrico y del polígono industrial. También vienen los vecinos, claro. Y mucha gente que está de paso, pues es un bar que está en las afueras del pueblo”.

Más pintxos

Ha cambiado mucho la forma de trabajar. Sobre todo por el cierre de la planta de ArcelorMittal. “Antes dábamos muchos menús del día y cenas y ahora trabajamos de otra manera. Seguimos ofreciendo un menú del día, pero no damos cenas. Y los pintxos tienen mucha más presencia que antes”.

Abren a las 7.00 para dar desayunos y el fin de semana solo abren los sábados. Ese día ofrecen un menú especial. También ofrecen comida para llevar, a través de las redes sociales. Y la barra del Alameda es espectacular. “Trabajamos mucho y estamos un poco cansados, pero los reconocimientos, como el Solete de la guía Repsol, ayudan mucho. Ten animan a seguir trabajando. También tenemos el reconocimiento de los clientes: gente que repite, gente que viene con un amigo para enseñarle la barra de pintxos… Nuestros pintxos no son de esos que llevan mayonesa. Aquí hacemos pintxos clásicos: albóndigas, lengua, anchoa cuando hay anchoa, merluza cuando hay merluza, asadurillas de cordero, oreja… Cosas que tienen mucho trabajo y no se suelen ver en las barras. Trabajamos mucho con Juanjo, de la carnicería ATA. Y la ama hace también rosquillas y otros dulces”.

Quedan pocos establecimientos como el Alameda y, desgraciadamente, este tampoco tendrá relevo. “Aguantaremos unos añitos. Ángel tiene 62 años, yo 60, mi hermana alguno menos… Además, estamos acostumbrados a trabajar los tres juntos y si se va uno… Mi hermana se encarga de los postres, yo de la cocina y mi hermano de la barra. Eso sí, todos estamos en todo: servir, pelar... Si no, no hay nada que hacer”, comenta Tina. El domingo celebrarán que han conseguido el Solete con una comida en el propio restaurante.g

26/03/2026