En 1926, Euskadi atravesaba una etapa de profunda transformación marcada por la dictadura de Primo de Rivera y una creciente ebullición social en sus núcleos industriales. Mientras la economía vasca se consolidaba gracias a la pujanza de la minería y la siderurgia, la vida política permanecía oficialmente suspendida, aunque las identidades culturales y el sentimiento de comunidad buscaban vías de expresión bajo la vigilancia del régimen.
La sociedad de hace un siglo convivía entre la tradición rural y una modernización urbana acelerada que definía nuevas formas de ocio y organización. Este equilibrio entre el control institucional y el dinamismo civil configuró un escenario complejo donde se gestaron las aspiraciones que marcarían las décadas posteriores de la historia vasca.
Sobre este fascinante viaje al pasado, el historiador de Sabino Arana Fundazioa, Luis de Guezala, ha charlado con nosotros en ONDA VASCA explicando cómo el contexto represivo de la época condicionaba la actividad de los partidos. Además ha detallado las costumbres cotidianas que definían a la población vasca de entonces, destacando que entender aquel 1926 ha resultado fundamental para comprender la evolución del autogobierno que, pese a las restricciones, la fuerza de la sociedad civil ha seguido latiendo con intensidad.