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En las colinas del Valle del Rift, la gran fisura de África, que se alzan imponentes más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, el atletismo no es un deporte, sino el pasaporte hacia una vida mejor. Los jóvenes recorren distancias kilométricas a diario como medio de subsistencia, para buscar agua potable, cazar o acudir a las escuelas. El esfuerzo y la resistencia son innegociables para la supervivencia. Son rutinas heredadas de las tribus nómadas que se conjugan con la predisposición genética humana de la zona. Mientras los adolescentes completan los quehaceres diarios esculpen sus espigados cuerpos, los preparan para soñar. Porque los jóvenes en Kenia sueñan con medallas, cuyos premios económicos pueden cambiar el destino de toda una familia.
En Kenia, el atletismo no es una afición; es un medio de subsistencia. La necesidad impulsa hacia el deporte ante el espejo de numerosos casos de éxito. Este país que rodea los 55 millones de habitantes es el segundo en el medallero mundial de atletismo, solo superado por Estados Unidos. El caso keniano viene siendo objeto de análisis desde tiempo atrás.
El caso keniano, un objeto de estudio
Los estudios sobre el éxito en el atletismo de fondo han sido múltiples y presentan diversas causas como argumento. Los atletas kenianos viven con rutinas simples, con descansos prolongados, con una mentalidad espartana enfocada al rendimiento, sin distracciones, y una motivación marcada por la supervivencia, la mayor de las claves del éxito. La necesidad.
Luego están aspectos como en el entrenamiento y la fisiología. El ejercicio se practica a altitud, lo que mejora el consumo de oxígeno y la resistencia. Además, se lleva a cabo sobre superficies de tierra, que castigan menos las articulaciones y fortalecen los músculos al requerir de mayor esfuerzo. La nutrición básica, exenta de alimentos procesados, es rica en carbohidratos, lo que favorece el rendimiento deportivo. Físicamente son personas con piernas finas y gemelos delgados que consumen menos energías, siendo más eficientes.
"Correr nos proporciona un futuro mejor"
Patrick Sang, uno de los preparadores más reputados de Kenia, tiene claro que la necesidad es el factor diferencial, unido, por supuesto, al resto de aspectos. “Correr no es una pasión para nosotros, correr es doloroso, pero nos proporciona un futuro mejor para nuestras familias”, resume para el diario El Mundo el entrenador de Eliud Kipchoge, considerado el mejor maratoniano de la historia. En Kenia se corre por la vida.
Hugo van den Broek, que emigró al país hace más de una década para ejercer de preparador, sostiene que la rutina es la clave, concretamente el descanso, una cuestión cultural. “¿Cómo vais a correr los europeos como los keniatas si dormimos dieciséis horas y vosotros en vez de descansar quedáis con amigos”, dice.
Ruth Chepngetich, récord mundial de maratón que está suspendida por dopaje.
El éxito convive ahora con los casos de dopaje
El éxito del atletismo keniano, sea como fuere, es incuestionable y todos los argumentos expuestos tienen cabida en la explicación del porqué. Pero en los últimos tiempos esta jerarquía convive con unos hechos que están minando la reputación. El número de positivos por dopaje no para de crecer. El último caso es Albert Korir, ganador del maratón de Nueva York en 2021 y podio en las tres últimas ediciones. Ha sido suspendido por la Unidad de Integridad del Atletismo (UIA) tras dar positivo por CERA, sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).
Korir es el último de una extensa nómina. El pasado 1 de enero de 2026, la UIA publicó la lista de atletas suspendidos. La cifra total a nivel mundial era de 683 pertenecientes a 72 federaciones. A la cabeza de la clasificación aparecía Kenia, con 140 atletas sancionados –que ya son más–, seguida por India, con 137, y por Rusia, con 75. Estados Unidos, por ejemplo, presenta 15. Para Kenia quizás lo peor sea que la tendencia continúa al alza.
Ante el goteo constante de los años anteriores, la UIA y la AMA acordaron en 2016 poner en marcha un proyecto para investigar las prácticas dopantes en el atletismo keniano. Ya en 2023, el presidente del país, William Ruto, ante el descrédito creciente, acordó con Sebastian Coe, presidente de World Athletics –denominación que adoptó la Federación Internacional de Atletismo–, que redoblaría los esfuerzos por perseguir el dopaje. “Colaboraremos con socios, deportistas y sus contactos para luchar contra el dopaje, que está amenazando nuestro patrimonio”, proclamó Ruto, que anunció que destinaría 28 millones de dólares en los siguientes cinco años –de 2023 a 2028– para aplacar las prácticas ilegales.
La cifra de positivos sigue con una tendencia al alza
Durante este lustro, el número de positivos no ha parado de crecer. En 2022 la UIA informó de 54 casos, mientras que en 2024 la cifra aumentó a 119. Ahora el número de kenianos suspendidos rebasa los 140. En este camino de persecución han caído figuras como Ruth Chepngetich, récord mundial de maratón; Wilson Kipsang, exrécord mundial de maratón y medallista olímpico; Asbel Kiprop, campeón olímpico de 1.500; Jemima Sumgong, oro en el maratón olímpico; Elijah Manangoi, oro mundial en 1.500; Benard Kibet Koech, quinto en 10.000 en los Juegos de París; Brimin Kipkorir, ganador del maratón de Sídney; Lawrence Cherono, ganador de los maratones de Boston y Chicago… Joyline Chepngeno, Faith Chepkoech, Emmaculate Achol, Charles Kipkkurui Langat…
Hay quien explica la multiplicación de los casos con el incremento en la cantidad de controles. Aunque por otro lado, la presión sobre el atleta keniano cada vez es mayor al crecer el número de aspirantes a ganar carreras y reducirse en consecuencia las oportunidades de alcanzar unos éxitos que en muchas situaciones se persiguen por necesidad. Lo cierto es que cada nuevo positivo erosiona la credibilidad de un modelo que fue presentado como ejemplo de pureza deportiva. Muy posiblemente Kenia seguirá dominando el fondo mundial, pero… ¿con cuánta credibilidad si no cesan los casos de dopaje?