Bizkaia

La barriada de Eleizondo, en Zeanuri, honra a San Valentín

El volteo manual de campanas llamará, el 14 de febrero, a la misa y la jornada festiva continuará con procesión y la tradicional medición de la encina
Tras la misa se traslade la imagen de San Valentín en procesión hasta la ermita de La Piedad
Tras la misa se traslade la imagen de San Valentín en procesión hasta la ermita de La Piedad / J.U.

Actualizado hace 6 minutos

Un inconfundible sonido de campanas anunciará, el próximo sábado, el inicio de la festividad de San Valentín en la barriada de Eleizondo, en Zeanuri. El tañido retumbará, entre las 11,30 y las 12.00 horas, desde lo alto del campanario de la parroquia de Andra Mari gracias a los hermanos Pedro y José Antonio Lejarza, hijos de Iñaki Lejarza, último campanero de este hermoso y querido templo religioso.

Fieles herederos del buen hacer y la profesionalidad de su padre, Pedro y José Antonio tocarán las campanas a mano, siguiendo una tradición que desapareció en 1994, cuando el método utilizado para avisar del inicio de una misa o evento empezó a ser ya a través de un sistema automático.

Pedro Lejarza volteando a mano las campanas

Pedro Lejarza volteando a mano las campanas

Pero, la festividad de San Valentín se vive de forma muy especial en la barriada de Eleizondo y, una vez al año, se recupera la costumbre de un volteo manual que, además, puede ser disfrutado de cerca. Y es que, “todos aquellos que lo deseen tendrán la oportunidad de subir a la torre del campanario para ver y oír” una manera de hacer sonar las campanas haciéndolas girar 360º sobre su eje como llamada a la alegría y para anunciar el inicio de esta sencilla, pero muy arraigada, jornada festiva.

Misa y procesión

El silencio llegará a las 12.00 horas para dejar paso al momento de la fe y el recogimiento con la misa que se oficiará en la imponente parroquia de Andra Mari y el posterior traslado en procesión de la imagen de San Valentín a la ermita de la Piedad, ubicada a tan solo 50 metros de distancia.

A mitad de camino, niños y niñas del grupo de danzas Arrikibar ofrecerán unos bailes ante el santo antes de continuar a hombros de feligreses su camino hacia el pequeño templo donde permanecerá hasta el próximo año. Será una nueva ocasión para honrar y mostrar la devoción que siente la barriada hacia un santo y una talla realizada, presumiblemente, en la segunda mitad del siglo XVIII. Eso sí, fue restaurada en 2017 por el Museo de Arte Sacro para mejorar, sobre todo, rostro y manos ya que se encontraban deteriorados por los sucesivos repintes realizados a lo largo del tiempo.

Medición de la encina

Cuando la imagen de San Valentín descanse ya en su ermita llegará el esperado acto de medición de la encina anexa, una tradición que se repite, año tras año, desde 1959. Como apunta el vecino de la barriada, Pedro Lejarza, el actual ejemplar “sustituyó a otro que existía anteriormente en el mismo lugar”. Fue traído en 1958 por Guillermo y Marcos, del caserío Zutzute, “en un carro tirado por una yunta de vacas desde el monte Eleizbaso y fue plantado junto a otros vecinos de Eleizondo”.

A partir de ese momento, y en medio del ambiente festivo de las celebraciones en honor a San Valentín, el prestigioso tasador de montes ya fallecido, Ceferino Lejarreta, se empezó a encargar de medir la anchura de su tronco para comprobar su crecimiento anual. De la primera quedó constatado que el grosor de la encina, a 1,50 metros de altura, era de tan solo 0,18 centímetros. La última anotación correspondiente a esa etapa fue realizada por Cándido Intxaurraga en un papel encontrado en su casa donde indicó que el 14 de febrero de 1999 la circunferencia de la encina alcanzaba 1,50 cms. A partir de ahí, no se ha hallado ningún otro tipo de dato sobre mediciones posteriores.

La tradición de la medición de la encina cumplirá 68 años

La tradición de la medición de la encina cumplirá 68 años

Y es que, “a medida que fallecían nuestros mayores, la tradición comenzó a perder fuerza”, explica Lejarza y un grupo de vecinos del barrio se propuso en 2007 hacer todo lo posible para “no dejar desaparecer esa tradición”. Tan solo un año después, y tratando de dar un cierto carácter oficial al acto, abrieron un libro de actas donde firman el mayordomo, el secretario y la persona encargada de medir la encina, un honor que han tenido desde entonces Gregorio Lejarreta de 2009 hasta su fallecimiento en 2015 e Igor Intxaurraga desde 2016 hasta la actualidad.

Su última anotación, la correspondiente a 2024, indica que más de seis décadas después de su plantación la circunferencia del tronco de la encina de La Piedad de Eleizondo ya era de 194 centímetros.

Los niños y niñas de Eleizondo, junto a la encina de la Piedad y muy atentos a los actos tradicionales

Los niños y niñas de Eleizondo, junto a la encina de la Piedad y muy atentos a los actos tradicionales

Tras apuntar la nueva medición, el actual mayordomo, Iñaki Lejarza, con 92 años el vecino más longevo de Eleizondo, pasará el libro de actas y las llaves de la ermita a Aitor Intxaurraga, que tendrá el honor de custodiar estos simbólicos elementos hasta la próxima festividad de San Valentín. Y la jornada finalizará con el reparto, entre los asistentes, del barauskarria, un tentempié consistente en tocino, pamitxa y vino. Todos estos actos se desarrollarán en un ambiente animado por los txistularis y el bertsolari Arkaitz Estiballes. 

2026-02-07T18:41:46+01:00
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