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La transformación tecnológica avanza a un ritmo vertiginoso y obliga a las empresas a adaptarse para no quedarse atrás. En este contexto, David González-Seco, responsable corporativo de SAP para el sur de Europa, más concretamente para el Estado español, Portugal, Grecia, Chipre, Malta, Turquía e Israel, destaca la capacidad de las empresas vascas y navarras para competir internacionalmente y considera que la inteligencia artificial será una palanca decisiva para afrontar un escenario económico cada vez más global y cambiante.
González-Seco, con casi tres décadas de trayectoria en el sector tecnológico, participó el pasado jueves en Vitoria-Gasteiz en el OREKA EGUNA 2026, un encuentro empresarial centrado en la tecnología, la gestión y el networking. Desde esta perspectiva, González-Seco ha analizado los retos que afrontan las compañías, la irrupción de la inteligencia artificial y la situación de las empresas de Euskadi y Navarra.
¿En qué consiste su nueva responsabilidad como responsable corporativo de SAP para el sur de Europa?
Me han otorgado la responsabilidad sobre una de las líneas de negocio que tiene SAP, el negocio que llamamos ‘corporate’, para el sur de Europa. Son una serie de países del arco mediterráneo: España, Portugal, Grecia, Chipre, Malta, Turquía e Israel. Mi responsabilidad comprende el desarrollo de todo el catálogo de productos y de los clientes de este segmento. No son, en su mayoría, grandes corporaciones cotizadas, sino compañías normalmente medianas, de carácter familiar y muchas veces ubicadas fuera de los grandes centros urbanos. Son empresas que tienen un hilo común: representan una economía más real.
¿Qué cambia respecto a su anterior puesto?
Principalmente, el alcance geográfico. Hasta ahora tenía esta misma función para España y ahora he incorporado una serie de países adicionales. En esencia, se trata de trasladar la experiencia que hemos generado de forma bastante exitosa en este segmento de clientes a otros mercados que tienen elementos comunes, aunque cada país tenga sus particularidades.
¿Qué supone trabajar ahora a escala europea?
Es muy interesante y enriquecedor. Hay elementos culturales comunes en el Mediterráneo: la forma en que entendemos la vida, cómo nos relacionamos y cómo interactuamos. Evidentemente, también hay singularidades y economías que avanzan a distintas velocidades. Lo interesante es que podemos trasladar experiencias de unos países a otros y conectar esos mundos. Después de prácticamente tres décadas trabajando en tecnología, puedo conectar clientes de un país con otro o integradores que operan en un mercado y tienen interés en hacerlo en otro. Al final, se trata de crear una red humana de conexión.
¿Cuál es la principal dificultad que encuentra entre los diferentes territorios?
Quizás sea el estado de madurez de determinadas iniciativas y del propio ecosistema de integradores. Desde sus inicios, entendimos que nosotros éramos los proveedores de la tecnología que generaba una ventaja competitiva para nuestros clientes, pero que había una tercera pata fundamental: el ecosistema de integradores. La diferencia principal está en la madurez. En el territorio español comenzamos a diseñar productos informáticos de gestión empresarial en los años 80, tenemos un ecosistema muy rico. Prácticamente cualquier cliente puede encontrar un elenco variado de socios estratégicos. En otras geografías, ese ecosistema se ha desarrollado más tarde o determinadas especialidades existen de una manera más reducida. Ayudar a construir ese ecosistema también forma parte de mi tarea.
¿Qué demandan actualmente las empresas?
Casi todas demandan algo parecido: primero, tener un socio confiable, uno que sabes que mañana va a estar ahí. El mundo tecnológico cambia a una velocidad altísima y lo primero que nos suelen pedir los clientes es fiabilidad. Quieren que estemos a las buenas y a las malas, que les acompañemos durante todo el ciclo de adopción de la tecnología y que les ayudemos a extraer el valor que se presupone de nuestras soluciones. Entregamos tecnología para generar ventajas competitivas y los clientes esperan que esa ventaja se traduzca en algo tangible en su cuenta de resultados.
Y en ese escenario aparece la inteligencia artificial. ¿Qué esperan sus clientes de ella?
Esperan que estemos en la punta de lanza de esa tecnología y que les proporcionemos soluciones innovadoras que puedan adoptar, digerir y de las que puedan obtener valor. En eso estamos: entregando soluciones basadas en inteligencia artificial de forma consistente y sistemática.
La IA evoluciona a un ritmo frenético. ¿Las empresas pueden seguir esa velocidad?
A veces la tecnología va por delante de la capacidad de adopción de los clientes. Las empresas tienen recursos limitados, tanto de personas como de presupuesto y de capacidad de dedicación. Es muy difícil estar permanentemente en todo. Porque realmente las empresas se dedican a una actividad sectorial. Hay empresas que producen bienes de equipo y hay empresas que producen productos de consumo y hay empresas que producen servicios. Y esa es su actividad principal. Hasta ahora, el mundo tecnológico ha adolecido en cierta medida de preocuparse por esa adopción. Es decir, se generaban soluciones que a veces eran difícilmente absorbibles en tiempo y forma por las empresas. Ahí ha habido dos cambios importantes. El primero es el movimiento hacia la nube. Al entregar las soluciones como un servicio, las empresas pueden concentrarse en consumir el beneficio que proporciona la tecnología y no tanto en la tecnología en sí misma. Y, más recientemente, la Inteligencia Artificial se está convirtiendo en un acelerador de la capacidad de absorción de la tecnología.
¿En qué sentido?
Hasta ahora, un usuario que quería utilizar una solución recibía formación y tenía que pasar por una curva de aprendizaje hasta convertirse en un usuario experimentado. Esa curva prácticamente ha desaparecido con soluciones de inteligencia artificial. Un usuario puede interactuar con el sistema utilizando el lenguaje propio de su negocio sin necesidad de una formación tan intensa. El propio sistema le guía, le ayuda y automatiza aquello que tiene que ir haciendo. La IA es un aportador de la adopción. Permite aprovechar la innovación sin tener las barreras de entrada que existían hasta ahora.
El pasado jueves participó en el OREKA EGUNA 2026, en Vitoria. ¿Qué importancia tiene este encuentro?
El OREKA EGUNA se ha convertido en un evento de referencia, no solo en Vitoria-Gasteiz, sino también en el País Vasco. OREKA consigue reunir en un día muy especial a todo su equipo y a una parte importante de la representación empresarial del País Vasco y, en concreto, de Vitoria. Se debaten los temas que preocupan a los clientes en un ambiente muy cercano. Hablamos de qué viene, de las novedades, de cómo adoptar esas novedades, cuál es su impacto real y qué valor se puede extraer. También se presentan casos reales de empresas que han desarrollado proyectos en este sentido. Al final, uno se va con una visión más cercana de la tecnología y con un buen networking de conocimiento entre profesionales para intercambiar ideas, proyectos y ayuda.
¿Cómo se traducen las grandes estrategias que realiza en oportunidades tangibles para empresas locales y regionales?
Todo consiste en la ventaja competitiva que se obtiene a través de la adopción de un determinado escenario tecnológico. La tecnología nunca es el fin, es un vehículo de transformación. Vivimos en un mundo cada vez más hiperconectado, donde cualquier disrupción se traslada rápidamente a escala global. Lo vemos en los conflictos geopolíticos, en la regulación industrial o sectorial y en disrupciones tecnológicas como la inteligencia artificial. Las empresas necesitan adaptarse lo más rápidamente posible a ese nuevo escenario para seguir siendo competitivas y no quedarse atrás.
¿Qué papel juega la tecnología ante esas disrupciones?
Ayuda a que los cambios se puedan adoptar de forma rápida y con el mínimo impacto, y en ocasiones incluso pueden representar una oportunidad. Un conflicto en una determinada zona puede generar problemas en las cadenas de suministro, cambios en los precios, necesidad de buscar proveedores alternativos, modificar la formulación de productos o cambiar las rutas de abastecimiento y distribución. Las soluciones tecnológicas ayudan a adoptar esos cambios rápidamente. Pero esa misma disrupción puede abrir nuevos mercados. Países que antes no consumían determinados productos pueden empezar a demandarlos por una necesidad concreta. La capacidad de adaptación permanente a un mundo cambiante y a una regulación cada vez más exigente permite a las compañías seguir operando, cumplir la normativa, ganar clientes y optimizar procesos.
¿Cómo ve la situación de las empresas del País Vasco y Navarra en este proceso de transformación?
El País Vasco es un entorno industrial que trabaja determinadas especialidades de forma muy avanzada, con un reconocimiento internacional y un prestigio muy merecidamente ganado. Las empresas vascas operan no solo en el Estado español, sino también internacionalmente en aquellos mercados donde sus productos y servicios son competitivos. Es además un mercado con una idiosincrasia especial. Muchas empresas son de carácter familiar y también hay grandes grupos cooperativistas donde existe una relevancia especial de la visión social de la actividad empresarial vasca. No es solo una cuestión de cuenta de resultados, sino también de generación de riqueza y valor en la comarca o en el ámbito donde operan. Para quienes llevamos años trabajando con compañías del País Vasco y Navarra, es un orgullo ver cómo grandes grupos empresariales y pequeñas empresas se han convertido en referentes mundiales en aquello que hacen.
¿Existe una diferencia esencial respecto a otras comunidades?
Desde el punto de vista empresarial, quizá no haya tanta singularidad. La globalización y la regulación han ido eliminando algunas diferencias y estandarizando muchas prácticas. Pero sí hay algo en el carácter de Euskadi y Navarra relacionado con el orgullo por la empresa local y por desarrollar una marca reconocible. Hasta hace unos años muchas compañías estaban menos preocupadas por salir de su entorno cercano, pero la crisis de 2007-2008 provocó la necesidad de salir de esa zona de confort y abrirse al mundo. Creo que lo han hecho perfectamente bien.
¿Qué mensaje trasladaría a las empresas que todavía son reticentes a adaptarse?
Les diría que no hay muchas otras opciones. Si una empresa no tiene esa ambición competitiva y de adaptación continua, es muy probable que desaparezca o, al menos, que vaya languideciendo. Pero también hay que verlo desde un aspecto positivo. La adaptación genera riqueza, atrae talento y crea oportunidades para empleados, clientes y proveedores. Es un camino que todos deberíamos querer recorrer. La capacidad de adaptación y la interconexión entre negocios ya no son una opción. Las empresas que no sean capaces de adaptarse rápidamente, abrirse a nuevos mercados y proveedores, modificar sus cadenas de suministro o adaptar sus productos y servicios probablemente tendrán muy difícil sobrevivir. La adaptación permanente genera precisamente eso. En el ámbito tecnológico, por ejemplo, la irrupción de la inteligencia artificial puede verse como una amenaza, pero también como una oportunidad. Pero hay otro ángulo: será muy difícil atraer talento joven y tecnológico para construir una nueva generación de profesionales si nuestra empresa da la espalda a esta tecnología.
¿Por qué?
Porque tendremos una generación de jóvenes que ha nacido con este mundo de la inteligencia artificial y que no entenderá que una empresa no utilice esta palanca de transformación, mejora operativa y eficiencia. Cuando intentemos atraer ese talento, puede pensar: "Esta empresa parece antigua, arcaica, y no me proporciona aquello que considero relevante". Por eso creo que la adaptación tecnológica es una oportunidad, una necesidad, pero también es un viaje maravilloso: un viaje de aprendizaje y de crecimiento para todos los profesionales que formamos parte de una compañía. Una mejor visión individual y una mejor versión colectiva.
Para terminar, ¿cómo ve el horizonte del sector tecnológico ante esta transformación?
Ahora mismo, con la irrupción de la inteligencia artificial, hay un gran debate social. Incluso existen versiones casi apocalípticas sobre la posibilidad de que esta tecnología nos lleve a situaciones de conflicto y enfrentamiento. Sinceramente, sí creo que la inteligencia artificial va a introducir cambios importantes durante las próximas dos décadas, pero pensar en un futuro distópico donde el ser humano estará subyugado a las máquinas o nuestra extinción no lo veo. Lo que hay que hacer es estar vigilantes, ya que toda herramienta potente puede tener un uso negativo, pero yo creo que al final el ser humano siempre ha ido encontrando la forma de obtener beneficio en casi todo aquello que ha ido desarrollando o inventando. Estos avances tecnológicos siempre han generado un valor social y humano poderoso.