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Juicio por el asesinato de Maialen Mazón en Vitoria: "Murió agarrada a la silla de su hija"

Segunda jornada del proceso contra Jaime Roca. Once testigos reconstruyen el horror en el apartahotel y la frialdad del acusado
La Audiencia de Álava acoge este martes la segunda jornada del juicio por este caso. EP
La Audiencia de Álava acoge este martes la segunda jornada del juicio por este caso. EP

La segunda sesión del juicio por el asesinato de Maialen Mazón, ocurrido en mayo de 2023 en Vitoria-Gasteiz, ha contado este martes con la comparecencia de once testigos clave para reconstruir las horas más oscuras del caso. En el banquillo de la Audiencia Provincial de Álava se sienta Jaime R., acusado de asestar 13 cuchilladas a su esposa, quien en ese momento se encontraba embarazada de gemelas, en una habitación de un apartahotel de la capital alavesa. Mientras las acusaciones solicitan penas que suman 45 años de cárcel por asesinato, aborto y abandono de menor, la defensa sostiene la libre absolución alegando que el procesado sufrió una "desconexión brusca de la realidad" durante el ataque.

El desgarrador hallazgo: 18 horas de soledad

Uno de los momentos más emotivos y crudos de la jornada ha sido el testimonio de los dos hermanos que localizaron el cuerpo sin vida de Maialen. El crimen se cometió el 27 de mayo, pero el cadáver no fue descubierto hasta el día siguiente, después de que la familia, inquieta al no poder contactar con ella, iniciara una búsqueda desesperada. Fue el hermano mayor, trabajador de Osakidetza, quien describió la dantesca escena: Maialen estaba "tirada en el suelo agarrando la silla de la niña".

Junto al cuerpo, permaneció durante 18 horas su hija de apenas dos años y medio, quien afortunadamente resultó ilesa, aunque se encontraba en un estado de abandono total tras tantas horas sola, según el testigo, "meada hasta arriba". El impacto psicológico para quienes abrieron aquella puerta persiste: "A día de hoy la escena del crimen se me aparece cada día", ha confesado el hombre ante el tribunal. Su hermano menor, que había iniciado recientemente una relación sentimental con la víctima, salió de la estancia "gritando" al presenciar el horror.

Gritos, insultos y llantos en el pasillo

La reconstrucción de los hechos se ha apoyado también en la declaración de un huésped del apartahotel que se alojaba en la misma planta por videoconferencia. Este testigo ha relatado que, sobre las siete de la tarde del día de los hechos, escuchó una violenta discusión procedente de la habitación de la pareja. Según su testimonio, se oían insultos cruzados como "puta", "hijo de puta" y "borracho", acompañados por el llanto de un niño.

En el pasillo, el testigo llegó a ver una mochila tirada, un indicio del caos que se vivía tras las puertas de la estancia. Sin embargo, cuando regresó por la noche y al abandonar el hotel al día siguiente, el silencio era ya absoluto. A este ambiente de tensión se han sumado las declaraciones de dos camareras de locales cercanos, quienes recordaron que, días antes, vieron a Maialen "muy enfadada e inquieta", secándose las lágrimas, mientras el acusado se mostraba "insistente y pesado".

Frialdad y copas tras el crimen

La sesión de la tarde se ha centrado en el comportamiento de Jaime R. tras el asesinato. Varios jóvenes que estuvieron de copas con él horas después han ofrecido un retrato inquietante de su actitud. El acusado se presentó ante ellos con la camisa ensangrentada y, al ser interrogado por el origen de las manchas, respondió con evasivas o asegurando que Maialen "le había pegado". A pesar de mostrarse "apático" o "triste", los testigos coinciden en que "hablaba con normalidad", no parecía estar bajo un delirio y "no decía cosas sin sentido ni alucinaba".

Incluso, según uno de los amigos, el acusado llegó a bailar entrada la noche bajo los efectos del alcohol que iba consumiendo, aunque mantenía el control de sus facultades. La fiscalía y las acusaciones subrayan esta lucidez, apoyada en el hecho de que Jaime R. pidió a sus conocidos que le reservaran un taxi o una habitación bajo nombres falsos o utilizando el DNI de terceros, alegando que tenía "urgencia" por regresar a Valencia. En su mochila, los testigos vieron dos teléfonos móviles y dos pasaportes, lo que refuerza la tesis de un intento de huida planificado.

Un sistema que falló

El juicio también ha puesto el foco en la vulnerabilidad de Maialen. A pesar de que existía una orden de alejamiento y de que figuraba en el sistema VioGen como un caso de "riesgo extremo", la Ertzaintza había rebajado su calificación a "riesgo bajo" antes del fatídico desenlace. Este error en la evaluación llevó a la Policía vasca a modificar sus protocolos tras el crimen. Maialen, que según testigos quería terminar su matrimonio, murió intentando proteger a su hija, en un caso que ha conmocionado a la sociedad alavesa por su brutalidad y los fallos de protección institucional.

2026-05-06T05:19:28+02:00
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