La empresa MADIT, especializada en fabricación aditiva metálica y ubicada en Zamudio, se ha consolidado como un referente industrial tras una vertiginosa evolución desde su fundación en el año 2020.
Su fundador y CEO, Javier Díaz, procedente del sector aeronáutico tras su paso por la empresa ITP, identificó la falta de proveedores de impresión 3D metálica en el mercado nacional y decidió emprender para dar servicio a todo tipo de industrias.
Los comienzos no fueron sencillos, ya que la creación de la empresa coincidió de lleno con las restricciones sanitarias de la pandemia. «Dejé mi trabajo el 6 de marzo, y una semana después, nos confinaron; así que el comienzo fue por la puerta grande», relata Díaz. A pesar de las trabas administrativas y la imposibilidad inicial de acceder a pabellones, la firma logró legalizarse en junio de 2020, alquilar su instalación en julio y comenzar a producir en septiembre. «Fue dedicación noche y día, pero conseguimos salvar y acelerar esa implantación», destaca el directivo.
Velocidad, libertad de diseño y reducción de peso
En comparación con métodos convencionales como la forja, la fundición o el mecanizado, la tecnología de MADIT ofrece presupuestos en 24-48 horas y entregas en entre 5 y 15 días. Además, permite aligerar el peso de los componentes entre un 20 % y un 70 % respecto al diseño original al aportar material únicamente donde es necesario. Una ventaja que es especialmente útil en el sector de la aeronáutica, donde controlar los pesos de las piezas es determinante.
El proceso de producción se desarrolla en una atmósfera controlada de argón o nitrógeno, donde láseres de alta precisión funden capa a capa polvo metálico de aleaciones de aluminio, acero o titanio. La clave de su modelo reside en la flexibilidad de sus 16 impresoras industriales. Según explica Díaz, «misma máquina, mismo polvo metálico, misma materia prima, produce componentes hechos a medida para cualquier industria».
De motores de aviación a la Fórmula 3 y la Copa América
Aunque inicialmente diversificaron su actividad hacia la automoción y la máquina herramienta, MADIT ha vuelto a reforzar su presencia en la aviación tras obtener la certificación de calidad aeronáutica AS9100. En la actualidad, sus piezas están instaladas en motores de avión, alas de fuselaje, monoplazas de Fórmula 3, embarcaciones de la Copa América e incluso en básculas de supermercado.
«Los entornos más exigentes, que son los que necesitan piezas más complejas, ya lo han adoptado», subraya Díaz. Esta propuesta tecnológica ha impulsado su proyección internacional, de modo que la empresa exporta el 90 % de su facturación a clientes de diversos sectores.
Músculo inversor y respaldo del programa BIND
El crecimiento operativo de la startup ha estado respaldado por un intenso ritmo inversor. En los últimos dos años, han destinado más de 5 millones de euros a nueva maquinaria, alcanzando una cifra acumulada de entre 10 y 12 millones de euros en sus seis años de trayectoria. Paralelamente, la plantilla ha pasado de 2 a 37 empleados.
En su proceso de consolidación, el paso por el programa de aceleración BIND de SPRI supuso un punto de inflexión. Díaz resalta que la iniciativa les aportó «un impulso muy grande» a través de formación especializada, visibilidad institucional y el acceso a grandes corporaciones como Vidrala, con quien desarrollaron un proyecto piloto.
De cara al futuro, el equipo trabaja desde su nuevo pabellón de 2.100 m² en Zamudio con el objetivo de absorber el fuerte incremento de la demanda. «Nuestros clientes nos piden fabricar más, así que tenemos que seguir viendo cómo incorporar más máquinas y más personal para dar servicio a esa demanda», concluye Díaz.