Quedan sólo unas horas para el lanzamiento de Artemis II, una misión histórica de la NASA que llevará de nuevo al ser humano a las proximidades de la Luna por primera vez desde diciembre de 1972. Aunque en esta ocasión no habrá paseo lunar, el astrofísico Javier Armentia ha destacado en Las mañanas de Onda Vasca que "es un paso importante para este restablecimiento de los viajes tripulados hacia la Luna". El experto señala que, tras décadas de pausa desde la última misión Apolo, existe una gran expectación por ver cómo se desarrolla este viaje, el cual ha sido tildado de "épico" en Estados Unidos. La misión, que durará diez días, servirá para poner a prueba sistemas críticos de soporte vital, navegación y comunicaciones a una distancia de más de 1,1 millones de kilómetros.
El desarrollo de este programa espacial no ha estado exento de dificultades técnicas, obligando a posponer fechas para garantizar la seguridad de la tripulación. Armentia ha explicado que lanzar una nave capaz de viajar hasta la Luna y regresar de forma segura es un reto tecnológico inmenso, similar al que se vivió en 1968 con el Apolo 8. Según el astrofísico, uno de los puntos que más atención requiere es el escudo térmico de la cápsula Orión, ya que "los momentos en los que los escudos térmicos tienen que proteger a la nave en la reentrada son los más críticos" debido a las altísimas temperaturas generadas por la fricción. No obstante, subraya que la experiencia acumulada durante estos años permite trabajar con niveles de seguridad muy elevados para mitigar cualquier riesgo fatal durante el regreso a la atmósfera terrestre.
Más allá de la técnica, Artemis II destaca por su carácter diverso y su modelo de colaboración. La tripulación incluye hitos sociales como la participación de la primera mujer en realizar un paseo espacial, Christina Koch, y el primer astronauta afroamericano, Victor Glover. Armentia ha recalcado que este avance es posible gracias a una estrecha colaboración público-privada, donde tecnologías desarrolladas fuera de la NASA son fundamentales. El objetivo final es convertir estos vuelos en algo más cotidiano para "establecer una presencia permanente en nuestro satélite" y que sirvan como plataforma para futuros viajes tripulados a Marte.