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Irán responde con fuego a la promesa de Trump de finalizar la guerra “en semanas”

Teherán desafía la narrativa de Washington con nuevos ataques tras el mensaje estadounidense
El presidente de EE.UU., Donald Trump, en el discurso a la nación
El presidente de EE.UU., Donald Trump, en el discurso a la nación / Efe

Actualizado hace 3 minutos

Tras más de un mes de hostilidades enmarcadas en la denominada operación "Furia Épica", iniciada el pasado 28 de febrero, el presidente de los EE.UU., Donald Trump, comparecía ante la nación con un mensaje que bascula entre el triunfalismo militar y una amenaza apocalíptica. Sin embargo, la realidad sobre el terreno tardaba apenas unos minutos en desafiar la narrativa de Washington; mientras Trump aseguraba que las capacidades iraníes están "diezmadas", Teherán respondía con una nueva y masiva oleada de misiles contra Israel.

En un discurso televisado en horario de máxima audiencia, que no superó los 20 minutos de duración, Donald Trump intentó proyectar una imagen de control absoluto sobre el conflicto que mantiene al mundo en vilo. El mandatario republicano aseguró que la guerra tiene fecha de caducidad y que, según sus previsiones, EE.UU. completará sus objetivos estratégicos en un plazo de "dos o tres semanas".

La retórica no escatimó en dureza aunque se quedó lejos de cumplir las expectativas que había causado un día antes al anunciar que haría una “importante actualización” sobre la guerra. Trump amenazó al régimen iraní con golpes de "extrema dureza" y con la promesa de "devolverlos a la Edad de Piedra" si no cesa la resistencia.

A pesar de la contundencia verbal, el discurso dejó vacíos significativos que no pasan desapercibidos. Por un lado, brilló la falta de detalles técnicos al no especificarse si habrá un despliegue de tropas sobre el terreno y tampoco habló de ningún plan concreto para garantizar la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz que, aseguró, "se abrirá por sí solo" y "de manera natural".

Uno de los puntos más sorprendentes de la alocución presidencial fue la confirmación del descabezamiento de la cúpula iraní. Trump aseguró que, aunque el cambio de régimen no era el objetivo inicial de la ofensiva conjunta con Israel, este se ha producido de manera efectiva. "Todos sus líderes originales han muerto", afirmó el presidente, haciendo referencia a la muerte de importantes figuras del Gobierno iraní —entre ellos el líder supremo Alí Jameneí—.

En este nuevo escenario, Washington parece haber encontrado un interlocutor en la figura de Mohamad Baqer Qalibaf, actual presidente del parlamento iraní. Trump sugirió que las conversaciones continúan, intentando separar la destrucción militar de la posibilidad de un nuevo orden político en Teherán, aunque insistió en que las plantas eléctricas del país persa siguen estando en el punto de mira de sus bombarderos.

Ormuz "se abrirá solo"

Y mientras la economía global observa con nerviosismo el estrecho de Ormuz, por donde tansita un quinto del petróleo mundial y un tercio del gas licuado, Trump mostraba un optimismo que rayaba incluso la despreocupación y la burla, asegurando que el flujo se restablecerá "de manera natural" y que el estrecho "se abrirá solo" una vez que las fuerzas estadounidenses se replieguen.

"Ellos querrán tener la posibilidad de vender petróleo, pues es lo único que poseen para intentar reconstruir su país", sentenció el mandatario.

Esta extraña confianza parece buscar la calma de un electorado estadounidense preocupado por el alza en los precios de la gasolina, un factor que sin duda es crítico en este año electoral. Trump atribuyó íntegramente este encarecimiento a los "ataques terroristas" de Irán contra buques petroleros, justificando así la necesidad de impedir que el régimen obtenga armas nucleares.

El discurso también sirvió para evidenciar las grietas en la arquitectura de seguridad occidental. Tras haber amenazado en entrevistas previas con abandonar la OTAN, Trump evitó mencionar directamente a la Alianza en su mensaje a la nación, pero no ahorró críticas hacia los países que no han apoyado la "decapitación" de Irán.

Con tono de reproche, el presidente sugirió a las naciones que sufren por la falta de combustible dos soluciones que pasan o por comprar petróleo a EE.UU., que, según él, posee suministros "en abundancia"; o reunir el valor para tomar y proteger el estrecho de Ormuz por su cuenta. "Deberían haberlo hecho junto a nosotros", lamentó, agradeciendo únicamente el apoyo de Israel y de sus aliados en el Golfo.

La respuesta de Teherán

Sin embargo, la narrativa de una "victoria rápida" y un enemigo "diezmado" chocó frontalmente con la realidad apenas terminó la emisión televisiva. Minutos después de las palabras de Trump, Irán lanzó una nueva oleada de misiles contra territorio israelí.

La agencia Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria, y la agencia Fars confirmaron que el ataque fue una respuesta directa a las afirmaciones del republicano. Mientras en el norte de Israel la población buscaba refugio ante la activación de las alarmas, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se veían obligadas a activar sus sistemas de interceptación para neutralizar la amenaza.

Este movimiento no solo buscaba causar daño material, sino desmentir la tesis de Washington sobre la supuesta incapacidad militar persa.

En este sentido, también se subió el tono mediante la escalada verbal con la intervención del teniente coronel iraní, Ebrahim Zolfaqari, portavoz del Cuartel General Central de Jatam al Anbiya. En un vídeo que ha circulado rápidamente por los medios iraníes, Zolfaqari calificó las amenazas de Trump como un preludio a la "humillación y deshonra" de EE.UU.

El alto mando militar advirtió de que las "acciones más contundentes, amplias y destructivas" están por venir y lanzó un desafío directo a la inteligencia estadounidense e israelí al asegurar que el conocimiento de Washington sobre el equipamiento iraní es "incompleto", negando que los centros de producción de misiles estratégicos hayan sido destruidos y afirmando que sus drones ofensivos de largo alcance, sistemas de defensa aérea y capacidades de guerra electrónica permanecen operativos.

"No esperéis haber destruido nuestro equipamiento especial", advirtió Zolfaqari, prometiendo que la guerra continuará hasta el "arrepentimiento permanente" de sus adversarios.

Así, mientras Trump asegura que la parte complicada "ya ha terminado" y que el estrecho de Ormuz se abrirá por la simple inercia de la necesidad económica, los misiles que cruzan el cielo de Israel cuentan una historia distinta. Las próximas dos o tres semanas determinarán si la profecía de Trump de una victoria rápida se cumple o si, por el contrario, el conflicto se encamina hacia esa "Edad de Piedra" que el mandatario invocó, pero que podría terminar afectando a la estabilidad de toda la región y a la economía global.

2026-04-02T15:56:16+02:00
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