Mundo

Irán rechaza el "excesivo" plan de paz de EE.UU. y exige el control total del estrecho de Ormuz

Teherán tacha de "engaño" el plan de 15 puntos de Trump y condiciona cualquier tregua al control total del estrecho de Ormuz y al pago de reparaciones de guerra
Un edificio destruido en una zona residencial tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel contra Irán en Teherán
Un edificio destruido en una zona residencial tras los ataques conjuntos de EE.UU. e Israel contra Irán en Teherán / E. P.

Actualizado hace 9 minutos

La diplomacia y el estruendo de los misiles balísticos libran una batalla desigual en Oriente Medio. Mientras el Gobierno de EE.UU. intenta abrir una vía de escape a un conflicto que cumple su cuarta semana, la República Islámica de Irán responde con una negativa tajante. La propuesta de 15 puntos trasladada por la Administración de Donald Trump no solo fue calificada de “excesiva” en Teherán; fue recibida como un “engaño” diseñado para ocultar lo que el estamento militar iraní describe, sin rodeos, como una derrota estadounidense en el campo de batalla.

No obstante, y a pesar del rechazo iraní, la Casa Blanca ha asgegurado que las conversaciones con Irán continúan y que siguen siendo "productivas". "No se han detenido. Las conversaciones continúan. Son productivas, tal como dijo el presidente (Trump) el lunes, y siguen siéndolo", ha explicado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en rueda de prensa al ser pregunta por el estado del diálogo tras el anuncio de la república islámica. Por otra parte, sobre el plan de 15 puntos planteado por Washington, la portavoz ha explicado que "la Casa Blanca nunca confirmó la totalidad de dicho plan. (Los reportes) contienen elementos de verdad, pero algunas de las historias que leí no se ajustaban enteramente a los hechos".

No se han detenido. Las conversaciones continúan. Son productivas, tal como dijo el presidente (Trump) el lunes, y siguen siéndolo

Karoline Leavitt - Portavoz de la Casa Blanca

La filtración del plan diplomático de Washington llegó a través de el diario The New York Times, citando a funcionarios conocedores de una maniobra que coloca a Pakistán como principal puente. La propuesta estadounidense busca, sobre el papel, un punto final a la guerra iniciada el pasado 28 de febrero. El documento incluye líneas rojas sobre el programa nuclear iraní y el desarrollo de sus misiles balísticos, además de exigir garantías para la seguridad de las rutas energéticas globales, centrando la atención en el siempre volátil estrecho de Ormuz.

La oferta de 15 puntos

Donald Trump, fiel a su estilo de “presión y pausa”, anunció el pasado lunes un aplazamiento de cinco días en los ataques contra centrales eléctricas iraníes. La condición impuesta por la Casa Blanca es que Irán debe desbloquear el estrecho de Ormuz. Trump llegó a asegurar que las conversaciones con Teherán estaban siendo “productivas” y así lo ha ratificado hoy Leavitt; sin embargo, la realidad que emana desde las instituciones iraníes es radicalmente opuesta.

No llames acuerdo a tu derrota

Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya

Representantes de la República Islámica no solo niegan contactos directos, sino que acusan a Washington de ser quien busca desesperadamente una interlocución que ellos, por ahora, rechazan. Para el Comando Unificado de Operaciones Khatam al-Anbiya, las palabras de Trump son “olas mediáticas” sin base real. “No llames acuerdo a tu derrota”, sentenció el portavoz militar iraní en un comunicado que subraya el fin de la era de las “promesas” de Washington.

El frente militar

Mientras los diplomáticos barajan papeles en Islamabad o Riad, el hierro sigue cayendo sobre el terreno. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, elevó la temperatura del conflicto al confirmar que Israel ha arrojado más de 15.000 municiones sobre suelo iraní en menos de un mes. Para poner la cifra en perspectiva, Katz señaló que esto supone multiplicar por cuatro el volumen de fuego empleado en la guerra de doce días de junio de 2025.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) aseguran haber golpeado el corazón industrial militar de Teherán, destruyendo dos instalaciones dedicadas a la producción de misiles de crucero navales de largo alcance. Según el mando israelí, estas armas estaban diseñadas para “destruir rápidamente objetivos en tierra y mar”. Casi simultáneamente, Israel ha atacado un centro de investigación submarina en Isfahán, encargado del desarrollo de sistemas de apoyo para la Armada iraní.

La respuesta de Teherán no ha esperado. La Guardia Revolucionaria ha anunciado el inicio de una “nueva oleada de ataques” contra Israel en apoyo a Hizbulá y al pueblo del sur del Líbano. Según agencias vinculadas al régimen, como Tasnim, los proyectiles alcanzaron más de 70 puntos estratégicos, incluyendo zonas de Haifa, Al Jadriya y las proximidades de la central nuclear de Dimona. Se utilizaron misiles de última generación como los modelos “Imad”, “Qiyam” y “Khorramshahr 4”.

Asimismo, el pulso naval también se recrudece y por segunda vez en este mes, Irán afirma haber atacado con misiles de crucero al portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln en el Mar Arábigo. Aunque el Comando Central de EE.UU. niega impactos exitosos en incidentes anteriores, la Armada iraní advierte de que monitoriza “constantemente” cada movimiento de la flota hostil, lista para lanzar ataques “devastadores” en cuanto entren en su radio de acción.

Las condiciones de Teherán

Irán ha dejado claro que no aceptará las condiciones de Trump. Para la televisión estatal Press TV, el plan de 15 puntos está “alejado de la realidad del fracaso de EE.UU.”. En su lugar, Teherán ha puesto sobre la mesa sus propias exigencias para detener las hostilidades que supondrían el cese total de agresiones y asesinatos por parte de EE.UU. e Israel en Irán y contra sus aliados; mecanismos de garantía que impidan el inicio de una nueva guerra en el futuro; reparaciones de guerra por los daños causados por los bombardeos; y el reconocimiento de la soberanía total de Irán sobre el estrecho de Ormuz como un “derecho natural y legal”.

Sobre este último punto, el Ejército iraní ha vinculado directamente la estabilidad de los mercados energéticos a su control regional. “Ni sus inversiones se materializarán, ni verán los precios de la energía y el petróleo de antes hasta que entiendan que la estabilidad la garantiza la poderosa mano de nuestras fuerzas armadas”, reza el comunicado oficial. El bloqueo parcial de Ormuz ya ha teñido de rojo las bolsas mundiales y la promesa iraní es que el crudo seguirá caro mientras su voluntad no sea respetada.

La crisis humanitaria

Además, el coste humano de estas cuatro semanas de guerra empieza a salir a la luz, a pesar de la opacidad informativa. El embajador iraní en Ginebra, Alí Bahreini, denunció ante la OMS la muerte de 21 trabajadores sanitarios y la destrucción de siete hospitales. Según estas fuentes, más de 81.000 viviendas civiles han sido destrozadas. Aunque Teherán no ofrece un balance global actualizado (la última cifra oficial del 5 de marzo era de 1.230 muertos), la ONG HRANA eleva el número de fallecidos a 3.291, incluyendo más de 1.400 civiles.

En este escenario, los aliados de Irán comienzan a mover ficha en el plano humanitario. Rusia ha enviado 300 toneladas de medicamentos, mientras que Tayikistán ha aportado 2.600 toneladas de material biológico y ayuda. China, el mayor comprador de petróleo iraní, mantiene un equilibrio precario: condena los ataques y pide respetar la soberanía, mientras insiste en que “es mejor sentarse a negociar que intensificar los combates”.

Y a pesar del rechazo inicial, la vía diplomática no está muerta, aunque sí en cuidados intensivos. Rafael Grossi, director del OIEA, ha adelantado que este fin de semana podrían celebrarse conversaciones en Islamabad. Según Grossi, el escenario es "algo diferente" tras tres semanas de daños estructurales en Irán. El OIEA advierte de que la solución debe ser política, especialmente considerando que Irán posee 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel "casi militar" que ninguna nación sin armas nucleares mantiene.

Y mientras Pakistán se consolida como el mediador preferido por Trump, Turquía observa desde la barrera. A pesar de la intensa actividad del ministro Hakan Fidan, la hostilidad entre Erdogan y Netanyahu, sumada a la negativa de Ankara a permitir el uso de sus bases contra Irán, ha enfriado las opciones de mediación turca. Para el gobierno de Erdogan, el fin de la guerra es una urgencia nacional para evitar que la inflación se desboque por el precio del crudo.

Con Israel aprobando nuevos objetivos de ataque e Irán lanzando oleadas de misiles sobre centros urbanos como Tel Aviv o Kiryat Shmona, la propuesta de 15 puntos de la Casa Blanca parece, por ahora, un manuscrito ignorado bajo el peso de la artillería que intensifica las tensiones con la advertencia del mando militar iraní: “Nadie como nosotros llegará a un acuerdo con alguien como ustedes”.

2026-03-25T18:41:56+01:00
En directo
Onda Vasca En Directo