Hoy hace diez años, en pleno terremoto institucional tras la caída de Sepp Blatter, el suizo Gianni Infantino asumió la presidencia de la FIFA con un discurso centrado en la regeneración, la transparencia y la modernización. Una década después, es momento de hacer balance de una gestión con avances indiscutibles en ingresos y expansión global, pero con sombras en aspectos como la transparencia.
Infantino llegó desde la secretaría general de la UEFA con la promesa de limpiar la imagen de una institución golpeada por escándalos judiciales en Estados Unidos y Suiza. Para ello, fomentó la implementación de reformas en los estatutos, restringió mandatos en los órganos directivos y fortaleció los procedimientos de supervisión interna.
El ex presidente de la FIFA, Joseph Blatter.
Además, amplió el número de miembros del Consejo y dio mayor peso a las federaciones fuera de Europa y Sudamérica, consolidando una base política amplia en África, Asia y el Caribe.
Sin duda alguna, uno de los puntos fuertes de su gestión ha sido el crecimiento económico. Bajo su mandato, la FIFA ha registrado ingresos récord en los ciclos mundialistas, superando los 6000 millones de euros en el periodo 2019-2022. Parte de esos recursos se han destinado a aumentar los programas de desarrollo para federaciones miembro, con fondos que, según datos oficiales, se multiplicaron respecto al ciclo anterior. Para muchas asociaciones pequeñas, ese incremento supuso infraestructuras nuevas y mayor profesionalización.
La principal novedad por la que se le recordará será la ampliación del Mundial masculino de 32 a 48 selecciones. Formato que debutará este verano en la cita disputada en México, Estados Unidos y Canadá. Una medida que dejó adeptos y críticos a partes iguales. Siendo la mayor oportunidad para pequeños países y la posible falta de competitividad los mayores argumentos de ambos, respectivamente.
El Mundial de Clubes se ha convertido en otra de las apuestas estratégicas de FIFA durante la era Infantino. El torneo ha pasado de ser una competición breve dominada por equipos europeos y sudamericanos a un proyecto de expansión comercial y deportiva. El torneo se disputará una vez cada cuatro años y el del pasado, tuvo a los campeones y mejores clubes del ciclo 2021-2024 de cada confederación: 12 equipos de la UEFA, 6 de la CONMEBOL, 4 de la CONCACAF, 4 de la CAF, 4 de la AFC, 1 de la OFC y 1 del país anfitrión.
Otro de los pilares de su mandato ha sido el impulso al fútbol femenino. Durante esta década aumentaron los premios económicos del Mundial femenino y se lanzó una estrategia específica para profesionalizar ligas y ampliar la base de jugadoras.
La mancha de Qatar
La Copa del Mundo de 2022 celebrada en Qatar ha sido el gran pero de su gestión. Aunque la elección de la sede se produjo en 2010, bajo el mandato de Blatter, fue Infantino quien heredó y gestionó la competición, quien defendió públicamente al organizador y sostuvo que el torneo sería “el mejor de la historia”. En el terreno deportivo puede que lo acabase siendo, pero en el ético, deja muchas dudas.
Las críticas se centraron en las condiciones laborales de los trabajadores migrantes que participaron en la construcción de estadios e infraestructuras. Sobre eso, se hicieron muchas investigaciones, en la que destaca una realizada por el diario The Guardian en 2021, que cifraron en miles las muertes de trabajadores procedentes del sur de Asia desde la adjudicación del torneo. No obstante, aunque las autoridades cataríes sostienen que muchas no estuvieron vinculadas directamente a las obras mundialistas.
Muchas organizaciones también se mostraron especialmente críticas con el país elegido para albergar un evento de tal envergadura. Amnistía Internacional y Human Rights Watch, por ejemplo, denunciaron restricciones a la libertad de expresión y a los derechos del colectivo LGTBIQ+.
El mandatario suizo adoptó una postura de defensa a ultranza del país qatarí. De hecho, en la víspera del torneo, pronunció un discurso en Doha en el que pidió a Europa “dejar de dar lecciones morales”. También aseguró que el Mundial impulsó reformas laborales, como la introducción de un salario mínimo y cambios en el sistema de patrocinio conocido como 'kafala'.
El clima fue el gran protagonista de la edición mundialista de 2022. Las altas temperaturas veraniegas —superaban con facilidad los 40 grados— obligaron a trasladar por primera vez un Mundial a noviembre y diciembre, alterando por completo la normalidad del calendario de fútbol. Esta decisión, lógica si se atiene a motivos de salud, fue muy criticada por los clubes de fútbol que se mostraban contrarios al desgaste físico que ello iba a suponer en sus jugadores.
Otra de las polémicas fue la del brazalete en apoyo al movimiento LGTBIQ+, llamado One Love. A pocas horas del inicio del torneo, el organismo advirtió que los capitanes que lo lucieran serían sancionados deportivamente. Ante la amenaza de tarjeta amarilla automática, selecciones como Inglaterra, Alemania o Países Bajos renunciaron al gesto.
El suizo ha mantenido una estrecha relación con Donald Trump, algo que muchos han interpretado como una estrategia diplomática más que deportiva. En ciertas ocasiones, se ha criticado al presidente de la FIFA por mezclar, en discursos públicos, el fútbol con debates geopolíticos y de negocios. El propio Blatter ha sido uno de ellos. El predecesor de Infantino tachó recientemente a la FIFA de "dictadura" y al dirigente suizo de "cómplice" de Trump.