Lleva casi cuatro en la que fluye toda su creatividad y le siguen saliendo ideas. Tiene mucho mérito.
No sé si es mérito de uno o si es que no sabemos hacer otra cosa y es eso lo que nos sale. Hay gente de mi edad que se está jubilando y me pregunta con un poco de retintín ¿y tú qué, Jabier? Pero es que yo creo que no sabría ni sería capaz de dejar lo que hago, la música y la escritura.
Acaba de estrenar Kafe Mokka. ¿Se puede resumir de qué trata?
El libro está situado en un pequeño café, que estaría en Irún y donde ocurren una serie de cosas. Sobre todo se charla sobre diferentes temas. Hay unos clientes fijos, del barrio, de una serie de empresas y de un Euskaltegi, y luego hay otros clientes puntuales que aparecen. Ahí surgen conversaciones sobre algunos temas de bastante actualidad y otros temas, por decirlo de alguna manera, clásicos, como la comunicación, la soledad, la familia, la lucha entre los dos sexos, dicho de manera muy coloquial, y de la tensión que ven los personajes y también el autor. Luego hay otros temas que están ahora más en el candelero o que han tenido una actualidad mayor, pero que seguramente tienen que ver también con cosas muy antiguas.
Para crear ese Kafe Mokka ficticio ha cogido cierta inspiración de este Café Roma de Irun en el que estamos usted y yo en este momento.
Tomé un poco como referencia este Café Roma, pero el Kafe Mokka del relato es ficción. Aunque sí tiene algunos parecidos, como la decoración o el tamaño especialmente. Es lo que las posibilidades económicas le permiten a Alberto, protagonista y narrador, comprar. Él soñaba con un café más amplio, a la antigua usanza, lo que era el café clásico donde se hacían tertulias o donde había incluso conciertos. Pero él se tiene que conformar con un café de estas dimensiones. El camarero también me parecía que era interesante, porque es un camarero que se viste de camarero. Todo eso tenía que ver con la idea que yo tenía, y que yo quería reflejar en el espacio de mi libro. Por ejemplo, [señala una imagen de la cafetería] esa foto de Gregory Peck y Audrey Hepburn en Roman Holiday las utilizo en el libro.
Audrey Hepburn y Gregory Peck en Roman Holiday, en un cuadro colocado en el Café Roma de Irun
No le importa tratar algunos denominados temas tabúes como la soledad.
Por ejemplo esa soledad está muy asociada a una serie de preocupaciones que tienen varios clientes del café. Sin olvidarnos de que entre esos clientes fijos que te he comentado hay unos que son psicoanalistas. Esa gente, por ejemplo, tiene una influencia y una impronta en ese café. Las cosas que dicen ellos están relacionadas con temas que nos afectan en lo más íntimo, en lo que es nuestra vida y nuestro día a día. Y ahí entraría la soledad, la tristeza, la ansiedad que tanto estamos viendo o la depresión en la sociedad actual. Son realidades que tienen una presencia grande. Otros temas quizá pueden ser más polémicos en el tratamiento, pero siempre he tratado de que se planteen de una forma civilizada, una forma en la que hay varios interlocutores que charlan y tienen diferentes puntos de vista. Salvo alguna excepción, porque sí que hay una discusión que se calienta un poco más, son capaces de hablar y de plantear puntos de vista diferentes con respeto. Eso ha sido una reivindicación mía, la de plantear como autor la posibilidad de dialogar desde distintas posiciones y que no ocurra prácticamente nada.
¿Le ha dado muchas vueltas a la cabeza sobre cómo plantear ciertos temas, o todo ha fluido de forma natural?
No soy ninguno de los personajes, pero mi forma de ver la vida y el mundo aparece en este libro de una forma o de otra. Más o menos se va reflejando en lo que va diciendo la gente, aunque no de una forma muy clara, porque yo muchas veces tengo dudas y conflictos internos. No se trata de proclamar nada ni de que haya un mensaje claro, sino de abrir puertas. Me empiezan a llegar opiniones del libro y la gente me comenta que le está dando que pensar. Me escribió ayer una músico conocida y me decía que de alguna forma se había sentido dentro del café, que incluso había notado aspectos que no se describen en el libro como el olor del lugar, y que se había sentido una clienta del Kafe Mokka.
Es cierto que estamos en un mundo cada vez más crispado. No sé si es incluso valiente proponer un libro basado en el respeto y el dialogo.
Seguramente sí. Por ejemplo en el libro trato un tema como el del cantante Alex Sardui y planteo dos posiciones diferentes, porque precisamente creo que se puede ver desde dos puntos de vista diferentes, y no como se planteó desde el primer momento. Y creo que esto lo podríamos aplicar hoy en día a muchísimos temas, que tienen que ser o blanco o negro, sin matices ni grises. Y lo que haces es encerrarte en tu posición y machacar al otro, y ahora con las redes sociales ni te cuento. Y esto no nos ayuda a crecer.
Ha confiado en Lorena Martínez para ilustrar este libro. Si no me equivoco es la primera vez que trabaja con ella, aunque entiendo que siendo ambos de Irun se conocían de antes.
No le conocía. Yo había quedado en el Museo Oiasso con el escritor Arkaitz Cano, y es él el que me la presenta. Me dijo que era muy interesante esta ilustradora, pero yo no la conocía. Y es curioso siendo los dos del barrio de Lapice, pero no conocía su trabajo. Lo que hice fue indagar y mirar lo que tenía ella en Internet, y me encantó. La portada está triunfando, la gente me está diciendo que es muy chula.
El libro más vendido, si no me equivoco, de la semana pasada. No es fácil.
Incluyendo además los libros en castellano o en francés. No es que sea el primero en euskera, es el más vendido en todas las tiendas de Elkar. Estamos contentos de esa salida. Los tiempos están apretados económicamente y noto mucha preocupación. Estamos todos un poco en estado alerta, y eso sin entrar en el apartado internacional porque nos asustaríamos. En ese contexto que salga Kafe Mokka y que inmediatamente se haya movido de esa forma es para estar agradecidos.
Siempre ha hablado usted de temas difíciles, pero también siempre le suele intentar buscar una parte positiva. ¿Le sale de forma natural?
También hay una voluntad. Por ejemplo no tenía previsto que Kaffe Mokka terminara como termina. Al final añado un epílogo a este hombre que fue músico de joven, y que luego es camarero. Le abro una puerta para que él conozca a una mujer. Él no vive en pareja pero le gustaría, y encima cree en el amor que es algo que hoy en día casi hace gracia a mucha gente. No será una situación fácil, pero el libro no lo cuenta. Se deja esa posibilidad abierta, y se le da la posibilidad de iniciar una relación.
No hacía un libro para un público adulto desde 2014, aunque sí que lo era su último proyecto musical de 2024. ¿Por qué está vuelta?
Pues no lo sé. Sí sé que en los últimos años, desde 2019, ha habido una serie de cosas, como el fallecimiento de mi hermano Iñigo. Y también de una amiga. La presencia de la muerte es importante en este libro, aunque también hay humor. Por otro lado hay cosas hermosas como el nacimiento de nietos. Ha habido todo un trabajo de documentación estos años, de acercamiento al mundo del inconsciente que me interesa cada vez más. Mi hija es psicoanalista, y eso tampoco es casualidad, como tampoco lo es que refleje de alguna forma ese punto de vista que me parece apasionante y que te abre otra dimensión. Que haya vuelto a ponerme en marcha para un público adulto creo que ha venido un poco dado por esas circunstancias que te comento. Ha sido un trabajo de años, hay años invertidos en esta novela.
¿Se siente más cómodo en la faceta musical o en la novelística?
No lo sé. Estos últimos años he estado muy centrado sobre todo en la música infantil, aunque también en la literatura infantil. El otro día me preguntaban si habría tenido algo que ver el nacimiento de los nietos, y no lo sé, pero es posible. Yo me estreno en el 89 con un disco infantil, que se llamaba Ja, ja y que tuvo mucha repercusión. Y en literatura mi primer trabajo es en el 94, y también es infantil. Los últimos años he sacado cuatro discos infantiles. Han sido muchas publicaciones, ahora creo que me tomaré un pequeño respiro.
¿Cómo valora el ámbito cultural de la comarca?
Me parece que hay gente joven que está haciendo cosas muy interesantes y que están muy bien, a nivel de Euskal Herria en general. Creo que el mayor problema que se plantea hoy en día es luego, a nivel de público, de la gente que tiene que responder. Es como que ahora todo el mundo quiere ofrecer su trabajo, y hay gente que es efectivamente artista, y luego hay gente que tiene que aparecer por todos los medios. Yo no voy a cerrar las puertas a nadie. Artísticamente, en cuanto a creación veo un momento interesante. Con lo cultural, a nivel de público, veo el tema un poco más flojo.
¿Puede ser que los jóvenes hayan cogido un relevo a la hora de crear pero que el consumidor siga en los clásicos?
Pero eso siempre ha ocurrido, en todas las generaciones. Los gustos se van sedimentando durante la juventud y luego es muy difícil cambiarlos. A mucha gente le escucho decir que está descubriendo algo nuevo, pero que luego lo que le emociona es lo que escuchaba cuando tenía 17 años. Funciona así a nivel emocional, hay influencias que quedan marcadas a fuego. Siempre ha habido una cierta resistencia generacional a escuchar lo de generaciones posteriores. Pero hay que intentarlo y estar abierto. Pero también se puede ser crítico y decir que propuestas culturales de hoy en día te pueden parecer un poco flojos. Hay cosas que me interesan más y otras que menos a nivel estilístico.
Ha dicho que se va a coger un respiro después de esta novela. ¿También en el apartado musical?
Es que me estoy dando cuenta de que después de la pandemia he publicado cuatro discos infantiles y uno para adultos en homenaje a Iñaki Irazu, al que me parecía que tenía que hacer un homenaje cuando cumplió setenta años. También dos libros infantiles. Esto desde 2020, y ahora Kafe Mokka. Creo que es interesante ahora parar un poquito. En la música he dejado el directo, estoy más en trabajos de estudio y escritura. Veremos lo que va saliendo, pero de forma más tranquila.
La semana que viene presentará su libro aquí en Irun, en la Feria del Libro.
Sí. Voy a estar en un coloquio con la periodista Ainara Bergés, alrededor del libro básicamente. Luego estará la editorial y Elkar vendiendo la novela y yo firmando. Y es interesante, porque el día del libro también tiene que haber venta de libros.