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Oro puro. Eso es lo que tiene la Real Sociedad con dos futbolistas de la cantera y que juegan en el centro del campo. Por una parte Beñat Turrientes, jugador extraordinario injustamente olvidado por los anteriores entrenadores, Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Era claro que con él se estaba cometiendo una injusticia. Siempre ha sido un futbolista con una tremenda calidad y los muchos minutos de banquillo no eran normales.
Ha tenido que llegar un entrenador de fuera como Pellegrino Matarazzo para darle el papel protagonista que merece. Y bien que está respondiendo el jugador. Una vez más, y prácticamente es casi siempre que sale al campo, fue clave en la victoria de la Real ayer en el partido de ida de la semifinal de Copa. El gol es suyo, pero el robo en el inicio de la jugada también.
Otro caso es el de Gorrotxa, un futbolista que se pulió en la Segunda División, fue de los mejores de la categoría en las filas del Mirandés, y que desde que se inició la temporada se hizo con el lugar que antes ocupaba todo un Martín Zubimendi. Su evolución, más allá de algunos errores iniciales normales por lo que supone jugar en Primera, es evidente. Este sí contó con la confianza de Sergio Francisco.
Matarazzo ha sido clave a la hora de alinearlos a los dos a la vez. Gorrotxa, más defensivo, le cubre las espaldas a un Turrientes con más calidad para sumarse al ataque. Todo un éxito que se confirma claramente y que redunda en un mejor equipo, más armado en la zona de construcción, y con futbolistas referentes. Además, formados en Zubieta.
En definitiva, una sociedad de lujo, como la que forman en la delantera Mikel Oyarzabal y Gonçalo Guedes cuya producción ofensiva está siendo sobresaliente. Matarazzo ha dado con la tecla, esto es evidente, y los futbolistas le siguen su discurso. La Real ha cambiado para muy bien y está a un paso de colarse en otra final de Copa.