Conservas Arroyabe debuta en la la feria Gustoko haciendo gala de sus 128 años de historia con productos que han pasado de las despensas a platos de restaurantes Michelin pasando de cubrir necesidades básicas a estar presente en la alta cocina. En la programación especial que ONDA VASCA ha ofrecido desde el BEC, el responsable de Conservas Arroyabe, Bitor Agirre ha explicado que el objetivo es mantener la esencia de las recetas tradicionales haciendo las conservas "como se ha hecho toda la vida". Esto es, una elaboración "manual, tradicional y con mucho mimo".
El Omega 3 natural de la ventresca
Entre sus productos se incluye desde el clásico bonito en escabeche hasta nuevas propuestas en agua o aceite ecológico, buscando satisfacer al consumidor que valora lo natural. Para este certamen, la gran apuesta de la conservera es la presentación de productos listos para el consumo, como sus nuevas gildas o la ventresca cocida y envasada al vacío, un formato innovador que ya se comercializa para la hostelería y en sus tiendas propias.
Unos avances que responden a la falta de tiempo de la sociedad actual, ofreciendo una solución que evita olores en la cocina y permite comer sano de forma rápida. En este sentido, el responsable hace hincapié en el valor funcional de sus productos, destacando que "la ventresca de bonito tiene siete veces más omega-3 que otras partes del pescado", lo que la convierte en una fuente esencial para evitar problemas cardiovasculares sin necesidad de recurrir a suplementos farmacéuticos.
Food truck
Para conectar con las nuevas generaciones, Conservas Arroyabe ha puesto en marcha una estrategia que incluye la presencia en eventos urbanos, deportivos y festivales a través de una "food truck". Bitor Agirre reconoce que, aunque el público joven suele tener un menor hábito de compra de conservas, la firma busca acercarse a ellos mediante redes sociales y experiencias de degustación directa.
Bajo la premisa de que "sacamos productos que den solución a las necesidades de la gente de ahora", la compañía aprovecha su estancia en Gustoko para ofrecer un "pincho pote" tradicional, permitiendo que el público compruebe la calidad de su género antes de adquirirlo para casa.