Cierra hoy Tracking Bilbao con su show No es fácil ser Grison. El personaje tras el que se encuentra Marcos Martínez aterriza en la capital vizcaina tras pasar por el FesTVal en una descarga de adrenalina pura que fusiona comedia, improvisación y ese característico beatbox que le coronó como campeón del mundo. Reflexionando sobre la gestión del éxito, o su estreno como presentador en RTVE, descubrimos a un artista que reinvindica el humor y el cariño como el método ideal para superar los traumas de la vida.
Grison es ‘showman’, músico, y ahora presentador.
Clausura hoy Tracking Bilbao con No es fácil ser Grison. ¿Qué le trae al público bilbaino?
-Pues esto es un show que mezcla beatbox, comedia, loop station y guitarra ahí a tope. Mucha improvisación y participación con el público, sobre todo. Vamos a pasárnoslo bien y a echarnos unas buenas risas.
Entonces, ¿qué es lo más difícil de ser Grison en el día a día?
-Joder, enfrentarse al odio, tío.
¿Recibe mucho hate?
-Bueno, también hay mucha gente que me quiere. Pero soy una persona que me gusta gustar, agradar a la gente, entretener..., y lo llevo un poco mal. Últimamente, la gente está un poco indignada. Pero es lo que hay. Hay que llevarlo y saberlo llevar.
Se dice que el público en Euskal Herria es muy reservado, pero por aquí siempre han tenido buena acogida sus shows.
-No, no, en Euskadi la gente me quiere y yo también la quiero. Me voy a hacer vasco, me voy a empadronar ahí en Mundaka (risas). La gente me compra muy bien en Euskadi, siempre que voy. Tanto en Vitoria como en Pamplona, como en Donosti y como en Bilbo. Buah, muy bien, la verdad..., y para nada reservado. Es un público, quizás, un poco más respetuoso, pero muy participativo. Todo el mundo canta bien tío, parecen los niños de San Ildefonso (risas). Es gloria, la verdad que actuar en Euskadi siempre me mola.
Hace nada ha estado en el FesTVal de Gasteiz con el nuevo programa que presenta en RTVE, El escondite. Algo novedoso en la tele...
-Es un programa en el que van 18 famosos. Un elenco muy dispar, desde Bertín Osborne hasta Inés Hernand. O sea, cabe media España ahí en medio. Los hemos visto cantando, tirándose por un trampolín..., pero vamos a verles en algo en lo que no se les ha visto mucho, que es pasar desapercibidos. Es un juego que mezcla diversión, te ataca, los participantes están con una adrenalina todo el rato que no veas... Mezcla un poco de estrategia también, porque se van sucediendo pruebas para ver quién es el que se esconde y quién el que busca en cada ronda. Creo que es un formato nuevo, la escenografía es guapísima..., el programa mola un montón. Es como una casa victoriana gigante. Vamos a ver desde a Bertín Osborne saliendo del armario hasta a Pepón Nieto que llevaba diez años escondido ahí, en un desván.
Acostumbrado a la improvisación, ¿enfrentarse a una producción más estructurada ha sido un reto?
-Sí, ha sido un buen reto sí. Pero me ha gustado bastante, he aprendido mucho. Y he ido con los deberes hechos, me he tirado un mes ensayándolo antes. Al final, lo hemos grabado en una semana... Tengo la sensación de que si hiciéramos otra temporada, iba a estar todavía más guapo.
Tiene mucha experiencia en televisión, de La resistencia a La revuelta en prime time. ¿Cómo llevó el impacto de tanta audiencia?
-Antes de eso hice un par de programas más también. En La resistencia empezamos muy tranquilos, hasta que vino Piqué y nos pegó un poco el pelotazo. Soy poco pretencioso, me limito a trabajar ahí como un ñu y a pensar poco las cosas. Cada vez se nota que eres más conocido, pero es que a mí me gusta la gente. Me gusta hablar con ellos, al final les doy yo la chapa más que ellos a mí.
Es conocido principalmente por su labor de showman, pero también es campeón mundial de Loop Station con el beatbox...
-Sí, y de mi barrio también (risas).
¿Siente que sus diversas facetas se eclipsan entre ellas o forman parte del todo que conforma a Grison?
-No, lo de hacerme campeón del mundo y tener este dominio de esta disciplina es lo que me ha hecho llegar un poco a la otra. Entré en La resistencia porque estaba de maestro de ceremonias en una banda musical -donde hacíamos percusión-, y ahí me vieron Broncano y Castella. De ahí me salió este curro. Eso fue lo que más cambió mi vida, hacerme campeón del mundo en 2013 de esto que es beatbox con Loop Station. La gente no conocía esta disciplina, salí en El hormiguero. Al final, la tele es conocer gente.
Hablando de beatbox, recuerdo cuando vi uno de sus shows en Villanueva de la Serena (Extremadura), allá por 2021 junto con Jaime Caravaca...
-Ostia, ya te digo... Eso es en Badajoz, o así. Tuvimos que torear ahí, ¿eh? (risas).
Creó una canción humorística sobre el famoso tomate de Miajadas. ¿Se puede hacer humor con todo?
-Se puede hacer humor de todo cuando el fin sea el hacer reír. Cuando no hay un fin político detrás o avergonzar a otro. Al final, el humor es un sentimiento de que has superado un trauma. Yo no he podido hacer comedia de ellos hasta que los he superado, y creo que a mucha gente le pasa también. Por eso se indigna. La comedia es un instrumento muy bueno para superar estas cosas. Incluso de alguien que has perdido, el poder bromear y estar ahí también es una forma de recordarlo. Siempre desde el respeto y si la otra persona lo tiene superado.
¿Algo le ha dolido alguna vez en directo y le ha tocado improvisar para enmascararlo?
-Sí. Tengo un colega que decía que la comedia es el drama ajeno. Hay veces que tú te ríes de unas cosas, y otras que se ríen de ti. Te toca apechugar, tío. Y ya te digo, es una manera de superarlo.
Si pudiera hablar con el chaval que practicaba beatbox en su cuarto o actuaba en la calle, ¿le daría algún consejo?
-Sí, que hubiera ahorrado para una casa y que invierta en activos (risas). Que se compre un piso ahí en...
¡En Mundaka! Así puede aparcar.
-¡Eso, en Mundaka, en Mundaka! (risas). Que se comprara un piso en Mundaka hace 25 años..., ya te digo. Lo hubiera reventado, ¿eh? Nada, un pisito de 50 metros... (risas). Quizás que hubiera aprovechado más el tiempo, pero es que yo tampoco me arrepiento de nada. Pasar tiempo en el parque, estar con la gente..., también te hace tener una experiencia. Al final, hay tiempo para todo. Hay que perder el tiempo también para darse cuenta de que es valioso.
Se conoce todas las preguntas clásicas de sexo y dinero. Yo le propongo la de formar un equipo de famosos para llevarse a practicar herri kirolak (deporte rural vasco). ¿A quién se llevaría?
-Ostia, qué buena. Joder, buah, tienen que estar fuertes, ¿eh? ¿Cómo va?, porque cada uno tiene que hacer una cosa, ¿no?
Sí, harrijasotzea (levantamiento de piedra), aizkolaritza (corte de troncos con hacha), sokatira (tirar de la cuerda)...
-Pues nada, a tirar de la cuerda a Marlaska (muchas risas). A levantar piedras a alguno de estos que están muy fuertes. A Andoni que es de por ahí. Y para cortar árboles..., no sé. Al jardinero de Bricomanía, que está haciendo un programa ahora y lo está petando.
Nos hemos reído mucho en esta entrevista. ¿Es con eso con lo que quiere que la gente se quede de sus shows?
-No es una poción mágica, pero yo hago los shows para que la gente se olvide y se entretenga durante una hora y media. Luego, los problemas vuelven. Le pongo todo el cariño a la gente que viene a verme. Sobre todo, eso: amor y cariño, tío. Creo que es con lo que se va a ir la gente. Un show bastante cordial, donde echarnos unas risas sin más objetivo que eso. Yo me dejo ahí la vida, es un show muy físico. Bueno, tú ya lo sabes (risas).