Las diversas experiencias vividas por las familias al conocer que sus hijos e hijas son de altas capacidades llevaron a un grupo de madres y padres a reunirse y crear la asociación GHauzatu en Oñati. En un primer momento, los encuentros se desarrollaron de manera informal entre un pequeño número de familias que habían recibido evaluaciones similares. Con el tiempo, al intercambiar sus vivencias, comprobaron que muchas de ellas coincidían y que existía una necesidad común de apoyo y comprensión, especialmente ante los mitos que persisten en la sociedad y que, según señalan, están “alejados de la realidad”. En estos momentos, el grupo reúne a unas veinte familias, aunque sus impulsores consideran que el número podría ser mayor, ya que todavía hay quienes prefieren mantenerlo en un ámbito privado.
Cada caso se ha identificado de distinto modo: en algunos, es el propio profesor quien lo menciona; en otros, son los padres y madres quienes lo perciben. También se da la detección mediante las evaluaciones que el sistema educativo del Gobierno Vasco realiza de forma obligatoria en determinados cursos, como primero de Primaria y de la ESO, o bien a raíz de haber sufrido 'bullying' o de la aparición de malos comportamientos. Los caminos que conducen a una evaluación psicopedagógica son, por tanto, muy variados. Tras estas pruebas, varios progenitores recibieron un informe que confirmaba que sus hijos e hijas presentaban este perfil. A partir de ese momento, comenzaron a familiarizarse con la situación y a comprender las razones de ciertas conductas, al tiempo que han ido descubriendo que las altas capacidades van más allá “de una mera facilidad para aprender”.
Durante mucho tiempo ha prevalecido la creencia de que estos niños y niñas cuentan con una ventaja natural en el ámbito escolar. Sin embargo, las familias explican que la realidad suele ser bastante más complicada. “Las altas capacidades implican un desarrollo neurológico diferente que puede provocar desajustes entre distintas áreas evolutivas. Es posible, por ejemplo, que tengan un nivel cognitivo muy avanzado para su edad y, a su vez, un desarrollo emocional o social que siga el ritmo habitual de su etapa. Esa diferencia puede generar momentos difíciles de gestionar tanto en el entorno escolar como en el área social y emocional. Muchos terminan las tareas antes que el resto de la clase y deben esperar largos periodos sin nuevos estímulos. Con el tiempo, ese aburrimiento y falta de motivación puede derivar en frustración, pérdida de interés o desconexión”, precisan. Otra casuística frecuente, entre otras –se trata de un grupo muy heterogéneo y no hay dos niños o niñas iguales– son las dificultades de aprendizaje que presentan muchos de ellos, un aspecto que suele “resultar complejo de entender entre el profesorado por falta de conocimiento”, lo que, tal y como advierten, puede “terminar perjudicando al alumno”.
Desconocimiento
Desde la asociación describen situaciones comunes: estrés, ansiedad, apatía o diferentes formas de somatización, como dolores de estómago o de cabeza, cansancio extremo o rechazo a acudir a la escuela. En ocasiones, la falta de estímulos termina incluso influyendo en el rendimiento académico o en la autoestima del menor. A ello se suma otro factor importante: el desconocimiento general sobre este fenómeno. Algunas familias cuentan que, cuando comenzaron a hablar del tema con su entorno, percibieron “cierta incomprensión o la idea de que se trataba de una situación privilegiada que no debía generar preocupación”.
Objetivos
GHauzatu nace con un doble propósito: por un lado, visibilizar qué son realmente las altas capacidades, explicar sus características y desmontar los mitos más extendidos. Por otro, trabajar junto a los centros educativos del municipio para analizar posibles medidas que permitan atender las necesidades de estos alumnos y alumnas. Entre las propuestas trasladadas a las escuelas se encuentra la formación específica del profesorado en esta materia y el asesoramiento de especialistas en psicología y neurodivergencia.
Comprendidos y acompañados
Las altas capacidades no atienden a un único patrón. Existen múltiples perfiles y cada niño presenta características propias. Algunos destacan en ámbitos concretos, otros muestran una curiosidad intensa por temas muy específicos o una sensibilidad emocional notablemente desarrollada. Por eso, desde la asociación insisten en que la respuesta no puede ser uniforme. Más allá de diagnósticos o etiquetas, lo que estos menores necesitan es ser comprendidos y acompañados.
Ese espíritu es la seña de identidad de GHauzatu: transformar una experiencia que muchas familias vivían en silencio en una red de apoyo mutuo y en una plataforma desde la que dar a conocer, con naturalidad, una realidad todavía poco visible. Cuando la curiosidad de un niño y niña no encuentra espacio para expresarse, corre el riesgo de apagarse. Entender esta circunstancia es el primer paso para evitarlo, acompañando a las familias y ayudando al colectivo a que encuentre un entorno educativo y social en el que puedan desarrollarse plenamente.
La asociación oñatiarra celebró esta sábado su presentación oficial con una charla organizada con motivo del Día Internacional de las Altas Capacidades Intelectuales. Quienes deseen informarse o integrarse al grupo pueden hacerlo a través del correo de contacto: ghauzatu@gmail.com.