Polideportivo

Evenepoel desata la pasión

El belga, ambicioso y valiente, se desboca en los abanicos junto a Vingegaard, pero cae en la rotonda antes de alcanzar la meta, donde triunfa el líder Godon
Vingegaard y Evenepoel, en fuga tras los abanicos. / Volta a Catalunya

Villasicca es el pasado de Vila-seca. En árabe significa villa del camino o al borde del camino. El camino era el destino del tercer día de competición de la Volta, que se elevó con una acto de rebeldía, soberbia y ambición de Remco Evenepoel. Inconformista al extremo.

Tanto que esa furia se le descontroló en una rotonda que derribó su rebelión. Se laceró el cuerpo, ensangrentado el costado, quemado por el asfalto. Incendiados los adentros, masticó bilis.

Llegada de Remco Evenepoel a meta tras la caída. Efe

"Quería ponerme en posición para esprintar y me topé con un bache enorme en la carretera; no lo vi y perdí el control. Tengo el codo muy lastimado, pero no está roto. Veré cómo está mañana por la mañana", argumentó el belga.

Con él viajaba Jonas Vingegaard, el campeón silencioso, extraordinario en una etapa subida en el Dragon Khan, repleta de adrenalina, vértigo y emoción.

Evenepoel, tras su caída en la rotonda. Eurosport

De orgullo y pasión. Ambas le sobran al impulsivo Evenepoel, que pedaleó con la aerodinámica de las tripas para provocar una revolución. Decidió inmolarse. Lección de coraje. Latió con fuerza y vigor. Un bola de demolición. Su actuación, un tratado de fe, resultó conmovedora.

Vingegaard, más cerebral, se acopló a él. Le faltó determinación para relevar con más ahínco al belga y dejar la Volta en un vis a vis.

Decidió no formalizar el entente con Evenepoel y sacar del tablero al resto de favoritos. El danés confía en su jerarquía en la montaña.

“No sé si Remco se cayó, simplemente salió despedido por encima del manillar. No quise aprovecharme, así que esperé al pelotón. Hoy no estaba contento conmigo, pero tenemos nuestra estrategia”, expuso el danés.

Fue un día con el valor y el peso de un tesoro repleto de oro en la Costa Daurada. Los dos buscaron el abordaje de la Volta en los abanicos. Juntos alcanzaron la rotonda que daba a Vila-seca, donde se secó el manantial, la cascada de vatios.

Volta a Catalunya

Tercera etapa

1. Dorian Godon (Ineos) 3h43:33

2. Ethan Vernon (NSN) m.t.

3. Noa Hobbs (Education First) m.t.

General

1. Dorian Godon (Ineos) 11h29:50

2. Remco Evenepoel (Red Bull) a 11’’

3. Tom Pidcock (Q 36.5) a 16”

Cayó de manera extraña Evenepoel, que se raspó el codo y Vingegaard, de repente huérfano, paralizado, sin la compañía del belga que durante varios kilómetros le exigió, pedaleó desganado mientras acechaba el pelotón con las fauces abiertas. Esperando a Godon. El bocado ideal para el líder.

Dorian Godon festeja la victoria. Volta a Catalunya

El francés agigantó su figura en el esprint y subrayó el liderato. En la rotonda Evenepoel se lamía las heridas, ensangrentado el codo izquierdo, quemada la espalda. Raspada la piel. Lacerada el alma.

Sin subida a Vallter

En ese ovillo de sensaciones encontradas, los favoritos se citaron para la montañas. Tendrá que esperar ese duelo. Este jueves no se subirá a Vallter por culpa del fuerte el viento. La etapa concluirá en Campobrodon. La Volta gira la ruleta.

El tercer día de competición tenía reminiscencias las dos jornada anteriores, con la fuga de siempre establecida a modo de fondo de pantalla, de póster de pared, un momento de distracción por el que asomarse a la claraboya de la libertad.

Agirre y Uriarte, en fuga

El aire de la rutina convocó a Yago Agirre, del Euskaltel-Euskadi y a Diego Uriarte, del Kern Pharma. El navarro repetía pose. Acumulaba más kilómetros en fuga. Junto a ellos se enredaron en la quimera Veistroffer, Burnett, Stewart y Thompson.

El francés Veistroffer contaba su tercera aventura en la escapada. Un experto en eso de poner tierra de por medio. El sexteto se ensalzó desde la mímica de sacar el codo, señal para profundizar los relevos. Hablaban por los codos. A todos les unía la misma causa, en realidad un brindis al sol en la Costa Daurada.

El color oro del sol les mecía en carreteras comarcales, en vías secundarias que chasqueaban un paisaje de toboganes. Aguardaba tamborileando los dedos Coll Roig, la tercera cota de la jornada tras el Alt de la Mussara-Coll de les Llebres, que dio altura al paisaje y el Coll de Capafons, que prolongó el perfil hasta que se desplomó después.

En el Coll de Roig, la fuga, apresurada, manejaba un minuto de renta. En el pelotón se abrió el fuelle para copar la calzada se ordenaron a modo de una caja de pinturas ordenadas por colores. Postulado Evenepoel y vigilante Vingegaard. En la ascensión, la ventaja quedó en la mitad. La nada, en realidad.

Abanicos y Evenepoel

Embestía y bufaba el Red Bull en un descenso agitado. Una coctelera serpenteante bañada por las manos húmedas del Mediterráneo. Por ese mar arribaban los piratas siglos atrás. En Vila-seca tuvieron que construir una doble muralla para protegerse de esos abordajes.

Con ese espíritu de saqueo, de conquista, de arrasar, Evenepoel y Vingegaard se citaron en los abanicos, que cortaron a Joao Almeida, despistado. La virulencia del belga, obsesionado, solo pudo responderla el danés, que se acopló a la silueta del campeón Mundial y Olímpico contrarreloj de un zarpazo.

Aspecto del cuerpo de Evenepoel tras la caída. Volta a Catalunya

Observó Vingegaard que Evenepoel abría un hueco y esprintó para alcanzarlo al vuelo. Duelo al sol. Nada de parapetarse en los lictores. Magnífico el pulso.

La ambición de ambos se midió al pandemónium del pelotón, donde revoloteaba los otros, pasmados ante el derroche de arrojo y vatios de Evenepoel y Vingegaard, encolado en su enajenante percha. McNulty se desgañitaba por detrás para arrastrar al grupo. Vine no pudo entrar en acción, retirado por una caída.

Arrimaron el hombro en la persecución todos los perjudicados y eso fue limando a Evenepoel, contrariado y gesticulante porque quería más colaboración de Vingegaard. Se ofuscó el belga, que recriminó al danés su falta de empeño en la aventura.

Rabioso lanzó otro puñetazo de ira Evenepoel con el cambio de dirección del viento y de carretera. A todo o nada. Con una exigua renta, ambos se adentraron en la rotonda, donde se perdió el belga, que se fue al suelo. Herido, maldijo su mala fortuna. Evenepoel desata la pasión.

25/03/2026