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Sobre todo en los meses de verano, la playa de la Zurriola de Donostia se convierte en una despiadada competición entre cientos de surfistas que se lanzan al mar en busca de la ola perfecta. Hace tiempo que la capital guipuzcoana y, en particular, el barrio de Gros vive un idilio con el surf. Situado al este de la desembocadura del río Urumea, en el arenal de la Zurriola conviven, a veces con sus más y sus menos, surfistas primerizos, expertos y también bañistas que solo quieren refrescarse en el agua. Desde hace algunos años, la asociación Euskadi Surfari, con sede en Donostia, organiza los llamados Txapuzones surferos en los que acompañan a jóvenes en situación de riesgo de exclusión social, muchos de ellos de origen magrebí, utilizando este deporte acuático como “herramienta de integración”.
Estas clases gratuitas se celebran los domingos por la mañana siempre que el tiempo lo permita. La escuela de surf Groseko Indarra colabora con la iniciativa aportando material deportivo, la equipación necesaria y el acceso libre a sus instalaciones. El proyecto también cuenta con el apoyo de la asociación intercultural donostiarra Kolore Guztiak, especializado en el fenómeno migratorio y que realiza programas de acompañamiento a jóvenes migrantes en el territorio.
No hay que ser un experto en costura, la intención y las ganas de ayudar también cuentan.
Estrechar lazos tras el surf
A la hora del hamaiketako, tras varias horas cabalgando olas en la Zurriola, los responsables de Euskadi Surfari suelen ofrecer un pintxo de tortilla o bizcochos caseros a modo de recompensa a todos los participantes. Aunque la lección deportiva se haya terminado, toca confraternizar y estrechar lazos alrededor de la comida. “Nos organizamos un poco sobre la marcha. A veces la gente también trae fruta y compartimos un ratito de relación social”, explica Teresa Agero, cofundadora de esta pequeña asociación creada en 2023 junto a su pareja Juantxo López y su cuñado Bernard y otros miembros de la familia (Ane, Sara, Adela, Julen, Jon, Elene), todos ellos vinculados al mundo del surf.
COSER Y CANTAR
En uno de los talleres de costura que se han realizado en un almacén contiguo a la tienda Muchas telas, varias mujeres en edad adulta, en una franja de edad de entre unos 40 y 65 años, parecen entretenerse en el oficio de la costura. Dos amigas de Hernani dicen “conocer” el funcionamiento de las máquinas de coser, pero tampoco se consideran “profesionales”. “Somos aficionadas”, zanja una de ellas. Como quien no quiere la cosa, un joven se mueve con soltura entre las mesas. Es Sergio, un chico de Pamplona que ha estudiado patronaje y realiza sus prácticas en este veterano comercio que abrió sus puertas en 1986. A una de las hernaniarras le surge una duda con una de las piezas de tela durante el proceso de costura. Sergio sale al rescate: “Le das la vuelta y cosemos aquí en pespunte. Tiquitiquitiqui”. “Vale”, responde ella. No ha sido tan difícil.
El primer baño tuvo lugar el 3 de junio de aquel año en un radiante día playa. “Aparte de estar en el agua, donde nos echamos unas risas, nos damos golpes y nos levantamos y nos caemos, luego solemos estar un ratito más en la playa entre nosotros. Por eso el buen tiempo siempre ayuda”, remarca Teresa, profesora donostiarra de 45 años. En ese ratito de distensión sobre la arena aprovechan para jugar un poco al fútbol, un deporte “que les encanta” practicar a estos chavales. La asociación también ha impulsado lecciones de surf con niños ucranianos acogidos en Gipuzkoa.
Montones de neoprenos rotos recobran una segunda vida de sus manos.
Segunda vida del neopreno
La otra vertiente que marca el trabajo solidario de Euskadi Surfari es la recogida de material deportivo, principalmente trajes de neopreno, tablas de surf y accesorios. A partir de ahí, caben dos opciones con este material que ya no se usa. “Si los trajes están bien, los reutilizamos y se los damos a alguna de estas personas para que sea independiente y pueda meterse al agua cuando quiera”, explica Teresa. Sin embargo, a menudo muchos trajes llegan seriamente deteriorados y ya no sirven para surfear. Durante un tiempo, en la asociación fueron acumulando montones de neoprenos con idea de darles una segunda vida. Y así fue como, según cuenta Teresa, entró en escena Pili Jiménez, de la tienda Muchas Telas de la calle Hondarribia 31, ubicada en el centro de Donostia.
Playa de la Zurriola
Durante todos los viernes de este mes de marzo, de 10:30 a 13:00 horas, en este establecimiento donostiarra se están realizando una serie de talleres gratuitos de costura con un objetivo: transformar los neoprenos en desuso en unas vistosas y coloridas carteras para que luego puedan venderse como producto solidario. Por las tardes, los talleres se trasladan al Mercado de San Martín, en la misma zona de la ciudad. No hace falta tener la pericia de Cristóbal Balenciaga con la costura para poder apuntarse. De hecho, todo el mundo es bienvenido. “¡Puede venir cualquiera!”, subraya Teresa en el interior de Muchas Telas durante uno de los talleres solidarios. A su alrededor, media docena de mujeres voluntarias, todas sumamente concentradas, muestran sus habilidades tijera y aguja en mano, además de exhibir su destreza frente a la máquina de coser.