Actualizado hace 5 minutos
Beber Coca-Cola o cualquier refresco azucarado durante una semana puede parecer inofensivo, especialmente si se trata de una lata al día. Sin embargo, incluso en un plazo tan corto, el cuerpo empieza a responder de forma clara a la carga de azúcar, cafeína y aditivos presentes en este tipo de bebidas.
Una lata estándar contiene alrededor de 35 gramos de azúcar, una cantidad que supera la recomendación diaria de la Organización Mundial de la Salud para azúcares libres. Cuando ese aporte se repite cada día, el organismo se ve obligado a adaptarse.
Refresco de cola con hielos.
Picos de energía y de glucosa
En los primeros días, muchas personas notan una sensación momentánea de energía tras consumir Coca-Cola. Esto se debe al rápido aumento de la glucosa en sangre, que provoca una liberación de insulina para intentar normalizar los niveles. El problema es que este subidón suele ir seguido de una bajada brusca, lo que se traduce en cansancio, hambre o incluso irritabilidad.
Tras varios días seguidos, estos altibajos pueden hacerse más evidentes, generando una sensación de fatiga intermitente y una tendencia a consumir más azúcar.
Efectos sobre el sistema digestivo
El consumo diario de refrescos también afecta al aparato digestivo. El gas puede provocar hinchazón abdominal, sensación de pesadez y mayor producción de gases. Además, la combinación de azúcar y ácido fosfórico puede alterar el equilibrio del sistema digestivo, especialmente en personas sensibles, aumentando la probabilidad de acidez o reflujo.
Dientes y boca
Uno de los efectos más rápidos se produce en la salud dental. El azúcar alimenta a las bacterias de la boca y el carácter ácido de la bebida debilita el esmalte dental. Tras varios días seguidos, puede aumentar la sensibilidad dental y el riesgo de aparición de caries si no se mantiene una higiene bucal estricta.
Los dentistas advierten de que el daño no depende solo del tiempo, sino de la frecuencia: pequeñas dosis diarias son más perjudiciales que un consumo puntual.
Cambios en el apetito y el peso
Aunque una semana no suele provocar un aumento de peso significativo por sí sola, sí puede generar retención de líquidos y favorecer una mayor ingesta calórica total. El azúcar líquido no produce sensación de saciedad, por lo que no “compensamos” reduciendo comida en otras tomas. Esto puede traducirse en más hambre y en una dieta menos equilibrada.