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¿Estamos ante el fin del dinero en efectivo? La respuesta está en Europa

El auge de las tarjetas, los pagos con el móvil y la reducción de cajeros apuntan hacia una economía cada vez más digital, pero Bruselas insiste en preservar el acceso al dinero en efectivo

Pagar un café con el móvil, el reloj o la tarjeta se ha convertido en un gesto cotidiano para millones de personas. Los últimos datos del Banco Central Europeo (BCE) confirman que los pagos digitales siguen batiendo récords en la eurozona y que el dinero en efectivo pierde protagonismo año tras año. Sin embargo, mientras todo parece apuntar hacia una sociedad cada vez más digital, las instituciones europeas refuerzan la protección del efectivo para garantizar que siga siendo una opción real.

La cuestión va mucho más allá de la forma de hacer la compra. El futuro del dinero en efectivo afecta al acceso a los servicios bancarios, la inclusión financiera, el comercio de proximidad y la libertad de elegir cómo realizar un pago. Un debate que también afecta a Euskadi, donde la transformación del sector financiero, la reducción de cajeros y los cambios en los hábitos de consumo obligan a preguntarse qué papel seguirán desempeñando los billetes y las monedas en los próximos años. ¿Estamos realmente ante el principio del fin del dinero en efectivo?

Del monedero al móvil

La transformación de los hábitos de pago lleva años acelerándose, pero los últimos datos del BCE muestran que el proceso continúa ganando velocidad. Solo durante el segundo semestre de 2025, los pagos sin efectivo aumentaron un 6,9 % en la eurozona hasta alcanzar los 83.500 millones de operaciones, mientras que el importe total ascendió a 117,8 billones de euros. Las tarjetas concentraron el 57 % de todas las transacciones, seguidas de las transferencias (21 %), los adeudos directos (14 %) y el dinero electrónico (6 %).

El Estado refleja una evolución similar. El 68,1 % de las operaciones sin efectivo ya se realizan con tarjeta, mientras que las transferencias representan el 17 % del total. A ello se suma el crecimiento constante de los pagos sin contacto, que en la eurozona aumentaron un 11,9 % en número de operaciones y un 12,8 % en importe respecto al mismo periodo del año anterior. Cada vez resulta menos habitual sacar billetes o monedas del bolsillo para pagar una compra.

La digitalización también se aprecia en la infraestructura. El número de tarjetas en circulación continúa creciendo —hasta una media de 2,5 por habitante en la eurozona— mientras los cajeros automáticos siguen reduciéndose. A finales de 2025 había un 1,3 % menos que un año antes, aunque cerca de cuatro de cada diez ya permiten realizar operaciones sin contacto.

La paradoja europea

Si los pagos digitales no dejan de crecer y cada vez utilizamos menos el efectivo, lo lógico sería pensar que los billetes y las monedas acabarán desapareciendo. Sin embargo, ocurre justo lo contrario. Cuanto más avanza la digitalización, mayor es la preocupación de las instituciones europeas por garantizar que el efectivo siga estando disponible. ¿El motivo? Su desaparición tendría consecuencias que van mucho más allá de la forma de pagar una compra. 

En ese contexto se enmarca el euro digital, una iniciativa con la que la UE y el BCE pretenden ofrecer una nueva forma de dinero público adaptada a la economía digital. Su objetivo no es sustituir los billetes y las monedas, sino complementarlos y reforzar la autonomía del sistema financiero europeo frente al creciente peso de las plataformas privadas de pago.

El euro digital está concebido como un complemento al efectivo dentro del futuro sistema de pagos europeo. NTM

Detrás de esa decisión hay razones que trascienden la tecnología. Para la Comisión Europea y el BCE, el cash sigue siendo una herramienta esencial para garantizar la inclusión financiera, proteger la libertad de elección de los consumidores y ofrecer una alternativa cuando los sistemas electrónicos dejan de funcionar por ciberataques o cortes de suministro eléctrico. Además, recuerdan que continúa siendo dinero de curso legal y que su acceso debe estar garantizado.

«Lo verdaderamente moderno es ofrecer opciones y que sea el ciudadano quien elija cómo quiere pagar». Luis Manuel Torres Rubio, Socio fundador de Kontulan

La asesoría vasca Kontulan coincide en que el crecimiento de los pagos digitales es una realidad consolidada entre empresas y particulares, especialmente entre los más jóvenes, aunque advierte de que ese avance no convierte al efectivo en un sistema prescindible.

«El dinero en metálico sigue cumpliendo funciones que ningún medio digital ofrece plenamente: proporciona privacidad, funciona aunque fallen las comunicaciones y ayuda a muchas personas a controlar mejor su presupuesto. Lo vimos durante el apagón o cuando se producen caídas de internet».

En su opinión, el futuro no pasa por sustituir un sistema por otro, sino por mantener ambos. «Lo verdaderamente moderno es ofrecer opciones y que sea el ciudadano quien elija cómo quiere pagar».

¿Quién sigue necesitando el efectivo?

La desaparición del efectivo tendría un impacto muy desigual. La edad, el lugar de residencia o la familiaridad con la tecnología siguen marcando diferencias importantes en la forma de relacionarse con el dinero.

Las personas mayores continúan siendo uno de los colectivos para los que el efectivo mantiene un papel fundamental. El cierre progresivo de oficinas bancarias y la reducción del número de cajeros han obligado a muchos ciudadanos a adaptarse a sistemas digitales con los que no siempre se sienten cómodos.

La preocupación por el acceso al efectivo también ha llegado a Euskadi. El Gobierno Vasco ha impulsado un programa para instalar cajeros automáticos en 38 municipios rurales que carecían de este servicio, una iniciativa que busca reducir la exclusión financiera y facilitar el acceso al dinero en efectivo en zonas donde el cierre de sucursales había obligado a muchos vecinos a desplazarse a otras localidades.

José Luis Ruiz, miembro de la Asociación de Jubilados y Pensionistas por la Democracia (AJPD) considera que la reducción de cajeros supone "un problema importante" para muchas personas mayores, especialmente en el medio rural. Aunque reconocen que gran parte de este colectivo se ha adaptado al uso de las tarjetas, advierten de que el salto hacia sistemas como el pago con el móvil sigue siendo una barrera para muchos. "La tecnología debe estar al servicio de la sociedad y no al revés", defiende.

Ruiz insiste además en que la adaptación a los nuevos medios de pago debe hacerse de forma gradual. "Hay muchas acciones de la vida cotidiana que resuelve una moneda o un billete: una propina en un restaurante, un detalle con un nieto o una limosna. Todo eso tiene respuesta en el mundo digital, pero es más complicada", reflexiona.

Pero el debate no afecta únicamente a las personas mayores. La diferencia generacional también refleja cómo están cambiando los hábitos de pago. Según el Banco de España, solo el 39 % de las personas de entre 18 y 34 años utiliza el efectivo como medio de pago habitual en comercios físicos, frente al 78 % de los mayores de 65 años.

Sin embargo, distintos estudios apuntan a que una parte de estos jóvenes vuelve a recurrir a los billetes y las monedas como una herramienta para controlar mejor sus gastos. En paralelo, pequeños comercios y profesionales continúan valorando el efectivo como un medio de pago inmediato, independiente de la cobertura o de posibles incidencias técnicas.

Desde Kontulan explican que muchos comercios reciben ya la mayor parte de sus pagos mediante tarjeta o Bizum, aunque el efectivo sigue desempeñando un papel importante en bares, mercados, peluquerías, taxis o negocios de proximidad. «Cada sistema tiene ventajas. El pago digital facilita la gestión administrativa, pero el efectivo permite disponer inmediatamente del dinero, no depende de la electricidad ni de Internet y ayuda a muchos consumidores a controlar mejor su gasto».

La asesoría observa además un fenómeno cada vez más habitual entre parte de la población joven: utilizar una cantidad fija de dinero en metálico como presupuesto semanal para evitar compras impulsivas y controlar mejor sus finanzas.

Todo apunta a que el dinero en metálico seguirá perdiendo protagonismo en los próximos años. Sin embargo, las instituciones europeas consideran que mantener esta forma de pago sigue siendo esencial para garantizar la inclusión financiera, el acceso universal al dinero y una alternativa cuando los sistemas digitales dejan de funcionar.

Quizá la pregunta ya no sea si estamos ante el fin del dinero en efectivo, sino qué lugar ocupará en una economía cada vez más digital. Como resumen desde Kontulan, «no se trata de elegir entre efectivo o pagos digitales. Se trata de conservar la libertad de poder elegir cómo queremos pagar. Una sociedad verdaderamente moderna no elimina opciones: las garantiza».

02/08/2026