Todas las tertulias de fútbol plantean la pregunta que surge a raíz de los acontecimientos más recientes. ¿Está decidida LaLiga? Después de los últimos resultados la brecha en la carrera por el título se ha abierto. El Barcelona aventaja en siete puntos al segundo clasificado, el Real Madrid, a falta de ocho jornadas para la conclusión. La distancia es salvable a nivel matemático, no es ni mucho menos definitiva, pero la cuestión anímica es bien diferente.
El fútbol ha mostrado con el transcurso del tiempo que está plagado de relatos épicos, de remontadas que se antojaban imposibles. Pero también ofrece silencios progresivos en los que un campeonato que parece discutirse a gritos empieza a asumirse con un desenlace en voz baja. El triunfo del Barça ante el Atlético de Madrid en el Metropolitano tuvo un efecto simbólico que trasciende de los tres puntos. El plantel de Hansi Flick se impuso con una remontada (1-2) en un escenario complicado –la última visita se saldó con 4-0– el mismo día que el Real Madrid tropezó en Son Moix ante el Mallorca (2-1), una combinación que multiplicó los efectos.
El Barça adquirió de algún modo ese aura que distingue a los campeones: la capacidad de sobrevivir a partidos incómodos. A lo largo de la temporada, los chicos de Flick han proyectado un estilo de juego reconocible, persistente en su idea, pero en este tramo más reciente ha adquirido una faceta menos estética y más competitiva: sabe sufrir para sacar adelante resultados positivos. El gol de Lewandowski fue la confirmación de que se trata de un equipo capaz de controlar el tiempo de los partidos, un recurso que a menudo decide ligas. Pero también fue el síntoma de que la fortuna sonríe al cuadro catalán, que se impuso con un tanto de rebote, aunque no sin antes ser perseverante en la amenaza de gol.
"No está hecho", advierte Flick
Pese a ello, Flick evitó lanzar campanas al vuelo. “Todos sabían que estos tres puntos eran muy importantes, pero también sabemos que no está hecho”, valoró prudente el técnico alemán, con la voz baja, sin alardes de felicidad. Porque el fútbol puede ofrecer giros inesperados de guion.
El Real Madrid, por su parte, mostró la otra cara. Era un equipo obligado a ganar, aferrado a la necesidad, para tratar de sostener la presión pero con la ansiedad de quien ya no depende de sí mismo. El tropiezo en Mallorca fue alarmante porque parece haber desaparecido el margen de error. Siete puntos de diferencia con 24 por repartirse no son una sentencia, porque así lo dictamina la aritmética, pero sí un contexto que obliga a aproximarse a la perfección que es complicada de alcanzar a estas alturas del curso, cuando además está abierto el frente de la Champions League, que siempre multiplica la exigencia.
El inquietante mensaje de Arbeloa
Precisamente a ese aspecto se dirigió Álvaro Arbeloa al repasar lo ocurrido en Son Moix. El técnico blanco aseguró que “no hemos tenido la paciencia ni lo que hemos trabajado durante la semana”. “Para mí es fácil ver la dificultad del partido, del rival y del contexto; lo complicado es que los jugadores sepan ver que sin el 200% no íbamos a poder ganar”, comentó. Arbeloa asumió la responsabilidad del resultado –“la derrota es mía y se lo he dicho a los jugadores”, dijo–, pero las palabras sobre sus jugadores resultan inquietantes, ya que aluden a la falta de actitud. Un técnico debe motivar a los suyos, obvio, pero la tropa también debe permanecer implicada con el solo estímulo de presentarse en la batalla. Seguido, el entrenador madridista instó a poner el foco en la Champions, como si de algún modo, el debate por LaLiga estuviera ya cerrado, como agua pasada. “Necesito que piensen ya en el partido del martes”, expresó en relación a la ida de los cuartos de final frente al Bayern Múnich.
Mbappé se lamenta de una ocasión fallada ante el Mallorca.
La carrera por el título liguero exige una templanza que el Barça, de momento, está demostrando tener. Las matemáticas dictan que hay 24 puntos en juego, pero la psicología determina que LaLiga ha entrado en una fase en la que el Madrid necesita más que victorias, necesita que el conjunto catalán falle. Y esa es la clave, no tanto lo que pueda hacer el Madrid, sino lo que deje de hacer el Barça.
El calendario, con un Clásico que puede dar el título
El calendario trae además un capítulo cargado de morbo. Si ambos aspirantes logran la victoria en sus cuatro próximos compromisos o la diferencia entre los dos sigue siendo de siete puntos, el Barcelona podría certificar el título en el Clásico que se celebrará el próximo 10 de mayo en el Camp Nou. Aunque este duelo también podría tener el efecto contrario imprimiendo tensión a la competición.
En cualquier caso, Barça y Madrid tienen ocho citas por delante. Los culés deben jugar contra Espanyol, Celta, Real Madrid y Betis en el Camp Nou y a domicilio frente a Getafe, Osasuna, Alavés y en la última jornada con el Valencia. El Madrid, por su parte, se medirá a Girona, Alavés, Oviedo y Athletic, este último en la jornada 38, en el Santiago Bernabéu, mientras que visitarán a Betis, Espanyol, Barcelona y Sevilla.
Esta fase del campeonato ha solido manifestarse como un intercambio de golpes, una alternancia de dudas con pequeños tropiezos que mantenían viva la pelea. En esta ocasión, la sensación es distinta. El Barcelona no transmite vértigo, sino estabilidad, una cualidad que no tiene por qué aportar espectacularidad, pero que resulta ser la más decisiva de todas. En este sentido, cabe apuntar que los culés encadenan seis victorias consecutivas en liga que son ocho partidos sin perder –siete triunfos y un empate– si la racha se extiende a todas las competiciones. Es decir, no pierde desde el 16 de febrero, cuando cayó ante el Girona (2-1).
El Madrid, mientras, ha encajado tres derrotas en los últimos seis compromisos ligueros, ante Osasuna (2-1), Getafe (0-1) y Mallorca (2-1). La fragilidad blanca ha coincidido con el aumento de las exigencias en la Champions, con las eliminatorias con Benfica y Manchester City. El Barça, como salvó el escollo de los dieciseisavos de final al ser uno de los ocho primeros en la Fase de Liga, solo se ha medido en este tiempo al Newcastle, aunque sí ha debido de afrontar la eliminatoria de Copa contra el Atlético, en la que fue apeado de la competición.
La pregunta de si LaLiga está decidida tiene respuesta: no. Pero quizás la cuestión sea si emocionalmente lo está. Desde luego, Arbeloa instó a pasar página y centrar la mirada en la Champions. La duda es si el Madrid sigue creyendo en la remontada o si comienza a asumir en voz baja la reedición del título por parte del Barcelona, que parece haber alcanzado este punto de la temporada con la serenidad de quien depende de uno mismo y no siente el aliento madridista en la nuca. Quizá la pregunta sería: ¿qué debe hacer el Barça para no ganar esta liga? Y cuando la carrera por el título alcanza una formulación así, la historia suele ofrecer un final previsible.