Limpiamos la casa con el piloto automático puesto, con técnicas aprendidas en nuestros años más jóvenes y sin cuestionarnos mucho por qué lo hacemos de una determinada manera. Sin embargo, el mundo de la limpieza también evoluciona y con el paso de los años los productos cambian, se perfeccionan o se sustituyen por otros más eficaces y probablemente mucho más seguros para la salud.
Hábitos anticuados
Por eso, cada vez más expertos coinciden en la necesidad de revisar ciertos hábitos de limpieza que tenemos muy arraigados, pero que ya no ofrecen los resultados esperados. A continuación vamos a enumerar algunos de ellos.
Desinfectante
Uno de los errores más comunes es limpiar el desinfectante inmediatamente después de aplicarlo. Si lo pulverizamos sobre una superficie y a continuación pasamos una bayeta sobre ella, estamos impidiendo que el producto actúe correctamente. Los desinfectantes necesitan tiempo para eliminar la suciedad y los microorganismos, y si este no se respeta, la suciedad permanecerá.
Una persona pulveriza desinfectante sobre una mesa de madera.
Detergente de lavadora
Otro hábito claramente anticuado es seguir utilizando las dosis estándar de detergente. Llenar el tapón hasta arriba ya no es necesario porque las fórmulas actuales son mucho más concentradas y potentes, y con menos cantidad se obtiene buenos resultados. Utilizar una cantidad excesiva de jabón no garantiza una mejor limpieza, sino todo lo contrario; la ropa saldrá con restos de jabón y los residuos acabarán perjudicando a la lavadora.
Suavizante
Conviene desterrar la costumbre de usar suavizante en las toallas ya que, aunque el objetivo es que queden más suaves y esponjosas, el efecto obtenido es el contrario. Este producto deja una capa cerosa en las fibras que reduce su capacidad de absorción y, con el tiempo, hace que las toallas sequen peor y acumulen malos olores.
Papel de cocina
El papel de cocina no es la mejor opción para limpiar. Aunque parezca rápido y cómodo, no elimina bacterias y deja pelusas que atraen más suciedad. Frente a él, los paños de microfibra resultan más eficaces, son reutilizables y respetuosos con el medio ambiente, además de eliminar mucho mejor las bacterias.
Plumeros
Algo similar ocurre con los plumeros de plumas, y es que, aunque parezcan muy eficaces, en realidad lo único que hacen es mover el polvo de un sitio a otro. Para atraparlo, lo mejor es recurrir también a las bayetas de microfibra.
Plumero de plumas para limpiar el polvo.
Lejía
Conviene replantearse el uso de lejía en las juntas de las baldosas. A largo plazo, este producto tan agresivo debilita los materiales y provoca su deterioro. En su lugar, se recomiendan alternativas como el blanqueador con oxígeno o mezclas de bicarbonato y agua oxigenada.
Otros errores
A estos hábitos se suman otros errores frecuentes que solemos cometer y que conviene evitar. Meter demasiada ropa o demasiada vasija a la lavadora o al lavavajillas va a impedir una limpieza correcta y va a aumentar el consumo de energía.
Otra cosa que solemos hacer mal es limpiar el suelo antes que los muebles. Al pasar la bayeta por su superficie, el polvo, inevitablemente, volverá a ensuciarlo. También, a veces, cometemos el error de utilizar una sola bayeta para limpiar toda la casa. Lo único que hacemos en ese caso es favorecer la propagación de bacterias, igual que si no se desinfectan bien los utensilios de limpieza tras su uso.
Queda claro que limpiar bien no consiste en limpiar más, sino en limpiar mejor. Tomar conciencia de la forma en la que limpiamos, los productos que utilizamos y entender cómo actúa cada uno de ellos puede marcar la diferencia entre una casa limpia y una casa saludable. Echar un vistazo a nuestros hábitos puede ser el primer paso para conseguirlo.