La educación y la crianza de los hijos es una de las misiones más complejas de nuestra vida. Ese acompañamiento vital, ese viaje, está plagado de buenos y malos momentos, de errores y de aciertos en los que la responsabilidad es tan grande que a veces se puede desembocar incluso en sentimientos de frustración y de culpa.
Se educa con el corazón, pero también se educa con el cerebro, con la cabeza. Elvira Perejón, neuroeducadora, especialista en neuropsicología infantojuvenil y bienestar digital, explica en Las mañanas de Onda Vasca: "El lenguaje que empleamos forma conexiones neuronales y no solo influye a nivel de desarrollo del lenguaje, del vocabulario, sino que también influye en las emociones. El tono, la forma en la que hablamos importa y esto influye en la construcción de su mundo emocional, de su alfabetización emocional. Los niños aprenden más de lo que ven que del discurso que les damos". Por ello, la especialista defiende una crianza a "fuego lento", basada en la calma y el respeto mutuo.
Uno de los puntos más críticos en la crianza es la llamada "extinción de la experiencia" en la infancia. Perejón advierte de que, aunque la tecnología no debe ser demonizada, se convierte en un problema cuando sustituye vivencias reales como jugar, ensuciarse o interactuar con adultos. "Los niños, sobre todo de 0 a 6 años, conforman el 80% de sus estructuras cerebrales", explicó, señalando que el exceso de pantallas está provocando retrasos en el lenguaje y una menor tolerancia a la frustración debido a los "tsunamis de dopamina" que generan estos dispositivos.