Donde termina el verano, la novela con la que la escritora Elma Correa ha ganado el prestigioso Premio Biblioteca Breve, es una obra que explora la amistad femenina marcada por la tragedia en Mexicali. Entrevistada en Las mañanas de Onda Vasca, Correa explica que su narrativa es una respuesta necesaria ante las "sombras" de su país, destacando especialmente el drama de las desapariciones y los feminicidios. "No podría dormir en las noches si no hablara de ciertas cosas", defiende, y reconoce que la mayoría de casos no se resuelven institucionalmente, obligando a grupos de madres buscadoras a "excavar y a buscar por su propia cuenta" para encontrar a sus seres queridos.
El escenario de la obra, Mexicali, no es un simple fondo, sino que funciona como "un personaje más" que determina la identidad y las decisiones de quienes lo habitan. Correa describe su ciudad natal como un lugar multicultural y complejo, fundado por migrantes y situado geográficamente en un "agujero en medio del desierto" sobre la falla de San Andrés. En este entorno, donde las temperaturas pueden superar los 55ºC, la autora observa cómo la violencia y la precariedad afectan de manera desproporcionada a las mujeres y a las infancias. Según la escritora, "las geografías nos determinan" y marcan la supervivencia de los ciudadanos de segunda clase frente a un mundo que generalmente les es hostil.
Más allá de la denuncia social, la novela profundiza en los vínculos afectivos como herramienta de resistencia. Correa, quien se define como "monotemática" en su interés por la amistad entre mujeres, busca retratar cómo estas son "capaces de sostenernos y hacer comunidad" en contextos de violencia simbólica y física. Para la autora, la gestión cultural y la creación de redes artísticas funcionan como un salvavidas indispensable.