En apenas tres semanas y media, el 4 de julio, el Tour izará su bandera amarilla en Barcelona. Echará a rodar bajo la mirada del reloj, siempre inquisitiva e intensa. Una contrarreloj por equipos fijará el plano inicial de la carrera de las carreras.
En Perreux, en el Tour Auvergne-Rhône-Alpes, se disputa el simulacro de la Grande Boucle, un anticipo. El ensayo general anterior al estreno de la competición que provoca la fiebre amarilla.
En ese contexto, la crono por escuadras, de 28,4 kilómetros, servía para los augures del futuro, las estimaciones y los cálculos varios.
Una bola de cristal para intuir la posible respuesta que cuelga del horizonte. El Tour es el Tour y en realidad nada se le parece, pero la prueba servía a modo de aproximación.
El tiempo, inasible, fugaz y pesado, corto y largo, denso y vaporoso, se medía en un trazado con dos ascensiones que exigían mantener la compostura con la intención de sostener el ritmo y la velocidad. La coreografía exacta, que no igual cada engranaje, para que el mecanismo funcionara lo mejor posible.
Las cronos por equipos requieren un ejercicio de exactitud, de coordinación y de gestión de recursos, de conocer las virtudes de cada uno de los relevistas para que den lo mejor de sí pero no rompan la concordia necesaria. La unión hace la fuerza.
Unos se impulsan sobre los otros para subrayar el bien común. Esa es la idea. El Cabo Cañaveral para poner en órbita a los astronautas, similares los cascos, los buzos modernos, los tejidos técnicos, pedaleando sobre pequeñas naves de carbono.
En Perreux se tasaban el fenómeno Paul Seixas, Isaac del Toro, Juan Ayuso, Matteo Jorgenson, Oscar Onley y Kévin Vauquelin y otros candidatos al amarillo de Alex Baudin en la modalidad mosquetera.
El ejercicio de estilo, el ballet de la sincronización, un Bolshoi, expuso el impacto de cada equipo y de sus cabezas de cartel.
La crono sirvió para retratar la resistencia de Baudin, aún líder, después de que su formación, el Education First, estableciera el tercer mejor tiempo. El galo, que se vistió de amarillo en la primera jornada tras una fuga, continúa de festejo.
Tour Auvergne-Rhône-Alpes
Tercera etapa
1. Visma 32:52
2. Ineos a 9’’
3. Education First a 29’’
4. Lidl a 32’’
5. Red Bull a 40’’
General
1. Alex Baudin (Education First) 10h01:01
2. Kévin Vauquelin (Ineos) a 12’’
3. Oscar Onley (Ineos) m.t.
4. Matteo Jorgenson (Visma) a 15’’
5, Juan Ayuso (Lidl) a 45’’
Amortizado para los días duros de montaña que vendrán, la crono por equipos expuso en el escaparate el duelo entre quienes buscarán la corona.
Sobresaliente el Visma
Se destacó Matteo Jorgenson, la luz del fogonazo del Visma, que conquistó la crono tras ir de menos a más hasta estallar en la victoria. Suyo fue el registro ganador. 32:52.
“Ganar en equipo es siete veces mejor que ganar en solitario, porque disfrutamos juntos de los momentos posteriores, algo que en el ciclismo no se da a menudo. Es una disciplina realmente genial y un día realmente bonito”, analizó Jorgenson. Rodaron los vencedores a 51,8 kilómetros por hora de media.
Un vuelo sin motor en una actuación sólida y brillante a pesar de quedarse pronto sin el concurso de Van Aert. Por detrás, destacó la bicefalia del Ineos, Oscar Onley y Kévin Vauquelin, a una docena de segundos del norteamericano. Ambos perdieron la ventaja que disponían en la exigente llegada.
Juan Ayuso y Mattias Skjelmose, representantes del Lidl, que completaron una notable crono, se quedaron a 32 segundos.
Más atrás, se balanceó el enérgico Paul Seixas, a 45 segundos a hombros del Decathlon. El conteo señaló el retardo de Isaac del Toro, el guía del UAE. Perdió 1:01 respecto a la marca del Visma.
Más allá del liderato de Baudin, que no cuenta para el largo plazo, el balance mostró a Onley y Vauquelin con un pellizco de tres segundos respecto a Jorgenson, 35 respecto a Ayuso y Skjelmose, 48 segundos con Seixas y más de un minuto sobre Del Toro.
A partir de ahora quedan establecidas las tácticas de defensa y de ataque. Unos se meterán en la trinchera y el resto se lanzará al abordaje. Al asalto pirata cuando broten las montañas.
Discreto el UAE
Antes de escalar a las alturas, era necesario pasar por el tribunal del tiempo. El UAE, que eligió a Del Toro, su jefe de filas, como representante para fijar la marca, estableció un registro de 33:53. No fue el mejor.
El logro de Del Toro, que estaba por debajo de los estándares del Movistar, sin embargo servía como metropatrón para escenificar la primera fotografía de la general. Al mexicano le sometieron el resto de opositores al trono de la cita gala.
Seixas, a hombros de Daan Hoole, 1,98 metros de campeón de Países Bajos de la especialidad, se elevó en el tramo definitivo, que alzaba los cuellos, almidonados con una pendiente. El francés, que derrapó a la entrada de ese final picudo, se impulsó como un cohete.
Con una potencia extraordinaria. Esa descarga de volumen de vatios le situó a una docena de segundos de Juan Ayuso, que se perfiló con una notable actuación.
Demostró la luminaria Seixas, apenas 19 años, su carácter de niño prodigio con una aceleración de formidable puncheaur.
No le alcanzó para mejorar a Ayuso y se quedó lejos de la actuación del Ineos, con el dúo Vauquelin y Onley sonriendo bajo el casco extraño de la crono.
El francés y el inglés obtuvieron un botín interesante. Además, a la exitosa relación con el tiempo, le añadieron la docena de segundos que rascaron en la primera jornada.
La sonrisa de ganadores mutó en un mueca cuando Matteo Jorgenson, el hombre fuerte del Visma, desplazó la alegría con un impetuoso empujón en la desembocadura.
El norteamericano, más que casco, carenado negro sobre la cabeza, argumentó su candidatura en el debate del tiempo. En el test previo al Tour, el Visma luce el mejor reloj.