Polideportivo

El huracán Van der Poel

El neerlandés, pletórico, vence al esprint en el grupo de estrellas de la Tirreno-Adriático, donde Pellizzari se hace con el liderato tras ser segundo
Van der Poel festeja la victoria. / Efe

Asomado sobre el Mar Adriático, a Martinsicuro se le conoce como la Prima Spiaggia d'Abruzzo. Spiaggia significa playa. Al desembarco en el arenal, se llegaba a través del muro de Tortoreto, un puesto aduanero que expedía documentos oficiales de calidad.

El sello certificó la victoria por aplastamiento de Van der Poel, fugado en el esprint. Ese fue el tamaño de su triunfo. Nadie se pudo inmiscuir. Solo giró el cuello antes de la pose de meta, de mostrar el dedo al cielo y golpear dos veces el corazón.

Retumbó el latido de Van der Poel después de los movimientos de Jorgenson, Christen o Ganna. Nada que inquietara al neerlandés, pletórico, formidable, un vendaval desatado entre la brisa del resto, la que acariciaba Martinsicuro, donde Pellizzari, italiano vivo, espabilado, agarró la bonificación de la segunda plaza para despojar del liderato a Del Toro, más preocupado porque Christen sorprendiera en la bocana de meta.

Segundo triunfo

Se embolsó el rubicundo neerlandés su segundo triunfo en la Carrera de los Dos Mares. Subrayado en el sterrato de San Gimignano, donde dejó su huella, Van der Poel fue el primero en pisar la playa y disfrutar de las vistas al mar, sereno.

Arena sobre arena para un ciclista tallado en mármol. Su arquetipo de atleta, de un David a pedales, derribó al resto de rivales sin pestañear.

Van der Poel esprintó a otro velocidad, ajeno a las limitaciones de sus rivales. Dispone de otro caballaje. Le patrocina Lamborghini. Uno de los modelos que emplea la luminaria es el Huracán Sterrato. El neerlandés disfruta de motor de bólido.

Pellizzari, nuevo líder de la carrera italiana. Efe

Tiempo atrás, Van Aert rivalizaría o sometería al neerlandés, pero el belga no es aquel que fue, baqueteado por las lesiones que le han arrancado a jirones su mejor versión.

Van Aert intentó resurgir. Ocurre que no dispone de la potencia de antaño. Le superaron demasiados en Martinsicuro.

El esprint playero se fraguó en las cuestas de Tortoreto, recordatorio de un triunfo de Roglic que el esloveno no tenía en la memoria. En sus rampas se compactó un grupo de la alta aristocracia.

Del Toro, Pellizzari, Van der Poel, Roglic, Jorgenson, Ciccone, Ganna, Van Aert, Healy… La lluvia de estrellas componía la formación.

Una constelación en la galaxia de la Tirreno-Adriático, mirando el final a una brazada del mar, en paralelo al juego ligero de las olas, en la mecedora.

El paseo marítimo eran bicis urgentes y apresuradas que buscaban la primavera en los rescoldos del invierno.

Las calles, inanimadas de los pueblos de verano, confluyeron en el final entre las palmeras y le gentío dispuesto a palmear y jalear al imperial neerlandés, demoledor su esprint, telescópico. El huracán Van der Poel.

12/03/2026