La selección argentina lo ha vuelto a hacer. El 0-2 favorable a Egipto en el minuto 80 parecía indicar que la vigente campeona del mundo iba a ceder su corona, pero Leo Messi tenía otros planes. Los de Scaloni remontaron el partido en el último cuarto de hora y estarán en los cuartos de final del Mundial.
Valentía egipcia
Egipto saltó al césped sin complejos, demostrando una valentía que descolocó por completo a la Albiceleste desde el pitido inicial. Tras un comienzo muy físico, marcado por un duro choque de rodillas de Enzo Fernández en el primer minuto, los africanos empezaron a avisar con las peligrosas percusiones del oviedista Hassan por la banda.
El premio al atrevimiento de los faraones no tardó en llegar. En el minuto 14, a la salida de un saque de esquina, Ibrahim aprovechó su superioridad aérea frente a un Lisandro Martínez penalizado por su estatura y cabeceó al fondo de la red. El 0-1 encendió las alarmas en el banquillo argentino, que intentó reaccionar de inmediato, aunque se topó repetidamente con una medular dominada por el imponente despliegue físico de Ashour.
El guion del partido pudo cambiar radicalmente en el minuto 19, cuando el colegiado señaló un clarísimo penalti sobre Tagliafico. Sin embargo, a Leo Messi se le resistió la pena máxima. El astro argentino volvió a fallar desde los once metros, ampliando su insólita estadística en la Copa del Mundo: es el jugador que más penaltis ha lanzado (ocho), errando exactamente la mitad de ellos.
A partir de ese momento, Argentina se volcó sobre la portería rival en un asedio total, pero emergió la figura indiscutible de Shobeir. El guardameta egipcio se lució con una parada antológica en el 27 y, poco después, vio cómo la madera escupía un soberbio lanzamiento de falta directa botado por el propio Messi.
Ni el 10, completamente frustrado, ni Julián Álvarez lograban encontrar la red. El delantero volvió a estrellarse contra un Shobeir gigantesco, que obró un nuevo milagro bajo palos en el minuto 38. Egipto resistía las acometidas con una zaga muy bien plantada, pero el enorme sobreesfuerzo terminó pasándole factura en el tiempo de descuento.
Locura argentina
La reanudación exigía una marcha más por parte de la Albiceleste, pero el paso por los vestuarios no restó mordiente a Egipto pese a la sensible baja de Ashour. Lejos de encerrarse, los africanos olieron la sangre y entendieron que el partido les ofrecía una oportunidad histórica.
En el minuto 58 estalló la gran polémica del torneo: Ziko culminaba una brillante acción colectiva, con participación de Salah y Hassan, para firmar el segundo. Sin embargo, el colegiado Letexier, a instancias del VAR, anuló el tanto por un ligerísimo pisotón sobre Lisandro Martínez a 70 metros de la portería del 'Dibu'. Una decisión más que rigurosa que salvaba momentáneamente los muebles a la campeona.
Apenas nueve minutos después, en el 67', Salah, imperial en la conducción, habilitó a un Hassan que sacó a bailar a la zaga argentina antes de servir el esférico al corazón del área. Allí aguardaba de nuevo Ziko, que esta vez sí pudo celebrar el 0-2 sin interrupciones. Argentina estaba al borde de una eliminación sonrojante.
Egipto cometió el fatal error de dudar en el tramo final, concediendo oxígeno a un rival que seguía latiendo por pura inercia. La mística argentina hizo el resto en apenas cinco minutos de locura. En el 79', Messi frotó la lámpara para servir en bandeja el 1-2 al 'Cuti' Romero, imperial en el remate de cabeza.
El miedo escénico paralizó por completo a los africanos, y en el 83', apareció el de siempre. Leo cazó una volea cargada de rabia tras varios rechaces que besó el larguero antes de colarse en la red de Shobeir. Un golazo monumental, su octava diana en este Mundial y la vigésimo primera en su cuenta histórica, que devolvía las tablas al marcador.
En el partido ya no cabía un ápice de táctica, solo restaba corazón. Y en el tiempo de descuento (90+2'), cuando las piernas más pesaban, Enzo Fernández desató el éxtasis absoluto firmando el definitivo 3-2.
Con el pitido final se pudieron ver las lágrimas de un Messi que, a pesar de ser ya campeón del mundo, está celebrando a lo grande sus últimos instantes en el fútbol.