Hubo una época, no tan lejana, en la que Stefanos Tsitsipas se consolidó como jugador de primer nivel. Era la representación de una nueva hornada sobre las pistas. Formaba parte de una remesa de pocos jugadores considerados como los sucesores más probables del conocido como Big Three que formaron Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic, de quienes se pensaba que se aproximaban a los finales de sus laureadas carreras deportivas. De eso no hace tanto, casi un lustro, cuando a los 22 años alcanzó el número 3 mundial y se convirtió en el primer tenista griego en disputar una final de Roland Garros.
Ahora Tsitsipas cuenta con 27 años, lo que podría aproximarle a la plenitud, esa combinación que mezcla experiencia con la conservación de la condición física. Sin embargo, el heleno vive sumido en la irrelevancia, o cuando menos alejado de aquellas expectativas que su talento dibujó. La pasada temporada puede catalogarse de desastrosa para un jugador llamado a cosechar múltiples éxitos. Lejos queda la otra final de un Gran Slam que llegó a disputar después de Roland Garros. Fue en 2023, en el Open de Australia. Ambas las perdió ante Djokovic y la primera de ellas tras lograr una ventaja de dos sets. La longevidad del serbio y la irrupción de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner fueron apagando las expectativas del ateniense, que se hunde con una apariencia de situación irremediable.
Stefanos Tsitsipas, en acción.
Cambios que no han surtido efecto
En 2025, Tsitsipas descendió del puesto número 11 hasta el 36. Trató de poner remedio a la abrupta caída. Buscó recuperar la lucidez que le ubicó entre los mejores del panorama. Optó por cambiar de herramienta. Dejó la raqueta Wilson por la Babolat. También alteró su entorno queriendo encontrar estímulos, maneras de afrontar la crisis. Contrató al croata Goran Ivanisevic, el exentrenador del jugador que le privó de levantar un título de Grand Slam. Pero el antiguo preparador de Djokovic quedó asustado por el nivel del griego.
El pasado julio, Ivanisevic realizó unas explosivas declaraciones recogidas por SportKlub que fueron el detonante para poner fin a la efímera relación. “Nunca en mi vida había visto a un jugador tan mal preparado. Yo, a mi edad y con esta rodilla lesionada, estoy tres veces mejor que él”, sentenció. El vínculo entre entrenador y jugador se prolongó durante solo dos meses. La apuesta fue un desastre. Tsitsipas decidió entonces volver a contratar a su padre, Apostolos, a quien despidió en 2024. “Puede que volver a ser entrenado por mi padre no sea algo automático, donde veas los frutos de inmediato. No se trata de eso. Es intentar conectar con la persona que más se preocupa por mí, que está dispuesta a pasar las horas que hagan falta sobre la pista, intentando prepararme lo mejor posible”, declaró en agosto, solo unos días después de despedir a Ivanisevic. Pero el tiempo discurre y el cambio a nivel de resultados sigue sin llegar.
Un momento crítico
Además, el ateniense sufrió una lesión de espalda achacada al cambio de raqueta. Un momento cúspide de la depresión de Tsitsipas llegó en el US Open, cuando perdió en cinco sets ante el alemán Daniel Altmaier, lo que significó despedirse en segunda ronda en un grande por sexta vez consecutiva y despedir el año con dos victorias en partidos de Grand Slam. Aquel día el griego lanzó pelotazos al cuerpo de su oponente, se encaró en la red, recibió abucheos por parte de la grada y siguió pagando su frustración en rueda de prensa, donde continuaron los reproches hacia Altmaier. Tras aquel tenso choque, Tsitsipas permaneció durante dos días sin apenas poder caminar. Es decir, aquel día se reflejaron problemas de diversa índole, de nivel tenístico, de actitud y físicos. Una amalgama imposible para alguien que busca despegar.
En una entrevista concedida a principios de este mes a The Times, Tsitsipas reflexionó sobre su última temporada, en la que se vio lastrado por su espalda. “Me dolía tanto que el tenis ya no me daba alegría. Genera mucha ansiedad porque no solo te enfrentas al partido, sino que tu propio cuerpo también es tu enemigo. Acabas entrenando menos para protegerlo, pero el circuito te obliga a jugar sin parar. Si te pierdes torneos, tu clasificación cae drásticamente, así que es una lucha constante. Solo los que tienen una gran fortaleza mental pueden soportar esa presión”, confesó.
Seguirá descendiendo en el ranking mundial
Curiosamente, Altmaier figura hoy en el puesto 49 del ranking de la ATP, solo una posición por debajo de la que presenta Tsitsipas. Pero el griego seguirá cayendo en la próxima actualización de la lista mundial, donde virtualmente figura en el puesto 62 después de ser derrotado este pasado lunes en la primera ronda de Montecarlo por el argentino Francisco Cerúndulo, número 19. Fue otra derrota significativa para Tsitsipas, ya que este Masters 1000 se ha solido presentar como un motivo para la esperanza. Allí se impuso en 2021, 2022 y 2024. Pero esta vez prolongó la racha sin títulos. El último lo obtuvo en marzo de 2025, el duodécimo de su carrera, que puso fin a una secuencia de once finales perdidas. Aquel éxito significó regresar al Top 10 mundial. Pero lejos de ser un punto de inflexión, fue el inicio de la caída en picado que ni Montecarlo ha podido detener.
En las últimas 52 semanas Tsitsipas ha firmado 21 victorias y 20 derrotas. Una vez que el orden de la ATP se actualice, aparecerá en su peor posición desde 2018, cuando aún no había levantado ningún trofeo y estaba empezando a darse a conocer como una de las mayores promesas a nivel global. Su nuevo estatus le exigirá esmerarse para lograr el acceso a los torneos más prestigiosos del calendario.
Aunque este nuevo Tsitsipas, acostumbrado a verse alejado de su mejor nivel, puede estar perdiendo la pasión por el tenis. Al menos, al hablar de una hipotética retirada prematura no muestra grandes objeciones para oponerse. “Lo bueno es que tengo muchos intereses fuera de la cancha. No creo que me deprimiese si dejara de jugar, porque soy una persona muy creativa y podría encontrar otras cosas que hacer”, reveló para The Times. Tal vez el ocaso esté cerca. Quizás la mejor época de Tsitsipas haya quedado atrás, cerca de aquel joven que dio a Grecia su primera Copa de Maestros en 2019, cuando los Nadal, Federer o Djokovic podían señalarse como un posible sucesor, heredero de una gran cosecha de éxitos que no ha terminado de llegar, y que cada año que transcurre, pese a su todavía juventud, se antoja más improbable. Puede que este descenso no tenga freno y sea el principio del fin.