Hubo un momento, a comienzos de los años 2000, en el que Raúl Fuentes era uno de los rostros más deseados de la música española. El éxito de Sueño su boca fue inmediato y convirtió al cantante alavés en uno de los grandes ídolos adolescentes de aquella época.
El tema, presentado en el concurso Eurocanción 2000 de TVE, se quedó a las puertas de convertirse en la candidatura española para Eurovisión, pero aquello no impidió que terminara convirtiéndose en un auténtico fenómeno musical.
El cantante de Gasteiz alcanzó entonces una enorme popularidad con canciones como Prohibida o Baila protagonizó una intensa etapa de promoción y llegó a vender más de un millón de discos, además de conseguir un disco de diamante y numerosos reconocimientos en forma de premios.
Más de dos décadas después, aquella fiebre parece haber cambiado de formato, pero no de intensidad.
Del ídolo adolescente a los festivales nostálgicos
Raúl Fuentes continúa vinculado a la música, aunque desde una perspectiva diferente. Sigue ofreciendo conciertos y publicando nuevos sencillos, mientras sus canciones se han convertido en parte de la banda sonora de toda una generación.
Ese vínculo con el público se ha hecho especialmente visible en los últimos años gracias al auge de los festivales dedicados a la música de los años 90 y 2000.
En una entrevista en La Ventana de la Cadena SER, el cantante ha explicado lo especial que resulta reencontrarse con aquellas canciones y comprobar que quienes las escuchaban siendo adolescentes ahora acuden a los conciertos convertidos en adultos. "Hay canciones que dejan huella y con el paso del tiempo, de repente, te vuelven de nuevo a esa adolescencia", explicó.
Sus fans llegaron a cometer delitos por él
Pero la fama de Raúl Fuentes tuvo también un lado mucho más extremo. Durante la entrevista, el cantante recordó una de las experiencias más surrealistas que vivió con sus seguidoras y que tuvo como protagonista a su propia madre.
'Algunas han cometido hasta delitos', comenzó explicando.
La historia ocurrió cuando su madre tenía una tienda de alimentación. Según el relato del cantante, unas fans consiguieron entrar en el establecimiento y llegar hasta la trastienda.
'Se colaron en la tienda, se fueron a la trastienda, cogieron la agenda de teléfonos para conseguir mi número y lo consiguieron', relató.
Poco después, un número desconocido comenzó a llamarle insistentemente.
'Un número empezó a llamarme y dije: "Aquí ha pasado algo". Automáticamente llamé a mi madre y me dijo: "Es que me han robado, me han robado". Y yo dije: "No me lo puedo creer"', recordó.
Raúl contó en otra entrevista con RNE cómo vivía los encuentros con sus seguidores en firmas de discos y giras. “Lo primero que nos decían: si lleváis pendientes o pulseras no os los pongáis porque los arrancarán. Yo, llegó un momento que dije que no iba a llevar nada”, confiesa, admitiendo que para él el fenómeno fan de la época era algo “excesivo”.
De festivales a "darlo absolutamente todo"
El artista reconoce que existe algo especialmente emocionante en comprobar cómo las canciones que marcaron una etapa de la vida siguen funcionando años después. "Te vuelven a esa adolescencia, a recordar aquellos momentos maravillosos que viviste cuando la escuchaste por primera vez, cuando la bailaste en la fiesta de tu pueblo, en la discoteca con tu primera novia y cosas de esas", recordó.
Aquellos adolescentes han crecido y ahora pueden disfrutar de la música desde otra perspectiva. "Ahora es mi momento de ir a un festival y darlo absolutamente todo", resumió el artista.
Una espina clavada desde hace 26 años
Raúl continúa siendo uno de los artistas más queridos en redes sociales, donde interactúa habitualmente con sus seguidores desde sus perfiles. Muchos de ellos acuden a verle en directo a los festivales en los que actúa y otros ya comienzan a animarle para emprender otro ambicioso proyecto: volver a intentar ir a Eurovisión.