Polideportivo

El calor dispara a Pogacar

El esloveno, imparable, se obsequia la victoria en Les Angles en un esprint en cuesta por delante de Vingegaard y lidera el Tour empatado a tiempo con el danés
Pogacar, vencedor de la tercera etapa del Tour es el nuevo líder. / Efe

El viento sur causa enajenación mental transitoria o algo parecido. Lo contó Albert Camus en su existencialista novela El extranjero, en la que su protagonista comete un asesinato absurdo debido al calor, al bochorno, a la opresiva temperatura bajo un sol blanco.

El agobiante calor y el sol que ciega la razón son los catalizadores que hacen que Meursault dispare contra un hombre.

Como si el destino apretara el gatillo sin rencor ni rabia. Durante su juicio, Meursault declara que cometió el crimen “a causa del sol”. Argumento irrebatible.

¿Acaso existía otra alternativa? Se sabe que el sol lacerante, el que incomoda y agobia impulsado por el viento sur, el que genera el mantra de “uf, qué calor” cada pocos minutos, carga de iones positivos la atmósfera y que ese ambiente altera el organismo de muchas personas a través de los neurotransmisores.

Es el conocido efecto Foehn. Esa carga atmosférica provoca insomnio, irritabilidad, agresividad, fatiga y otras variables.

Pogacar, líder del Tour. Efe

El Tour, en su tercera entrega, que se ponía en pie en Granollers, era un compendio de personajes de El extranjero dispuestos a apretar el gatillo porque el calor, el bochorno y el viento sur les estrujaba el cerebro, encerradas las cabezas, acaso más ardientes, bajo los cascos, enajenados todos.

Lo que Camus explicó en su novela, el Tour lo describió con la canícula. En Les Angles, un repecho de 1,8 kilómetros al 6,5% de desnivel, al cierre del tercer día de competición, Tadej Pogacar apretó el gatillo de su pistola. ¿Qué podía hacer? No le quedaba otra.

El suyo fue un disparo seco. Sordo. Certero. Hizo diana. Otro trofeo. Con esa detonación, derribó del liderato a Jonas Vingegaard, segundo, deshilachado un par de segundos. El danés llegó con el eco.

Vingegaard, a su llegada a meta. Efe

Ambos comparten tiempo en la peana del Tour, pero el esloveno es el nuevo líder por el puestómetro. Pogacar es el rey y luce con el color del monarca.

El campeón del Mundo, piernas ligeras, pulso firme, se regaló una victoria después de su magnánimo gesto en Barcelona. Su esprint en cuesta, insuperable, desencajó al danés y Carapaz, tercero. Seixas fue cuarto. Al mismo tiempo.

El resto de favoritos acumuló un desfase de 4 segundos en un final con el deje de las clásicas. En esa cuerda entraron Evenepoel, Ayuso, Johannessen, Lipowitz y Del Toro, que fue el acelerante del esloveno, de regreso al amarillo tras los dos días de alquiler al danés.

Después de mostrar su dominio en Barcelona con una venganza en diferido a través del mexicano, en suelo francés quiso confirmar su heráldica, la dinastía que representa. El campeón camino del quinto Tour.

Contó su 22º laurel en la Grande Boucle con la pose de un culturista a pesar de la delgadez que muestra. Capaz de derribar a un pelotón de un golpe.

El ciclista de todos los colores y estaciones, siempre alegre y dicharachero, evidenció su fotogenia en una llegada ideal para sus características. En realidad, todas lo son.

Martilleó los pedales con una arrancada febril, fiebre amarilla la suya, para imponerse por delante del danés y del resto de opositores que en apenas tres días observan grietas en sus postulados.

De momento, solo Vingegaard soporta el electroschock del esloveno que todo lo puede. Evenepoel es tercero, a 23 segundos, ajado, Del Toro, su amigo, está a 24. Ayuso se retrasa en 27, Seixas en 48 y Lipowitz, la cara B de Evenepoel, en 53.

Tour de Francia

Tercera etapa

1. Tadej Pogacar (UAE) 4h45:11

2. Jonas Vingegaard (Visma) a 2’’

3. Richard Carapaz (Education First) m.t.

4. Paul Seixas (Decathlon) m.t.

5. Tobias Johannessen (Uno-X) a 4’’

6. Lennert van Eetvelt (Lotto) m.t.

7. Florian Lipowitz (Red Bull) m.t.

55. Ion Izagirre (Cofidis) a 13:35

111. Alex Aranburu (Cofidis) a 23:29

127. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 24:17

General

1. Tadej Pogacar (UAE) 8h46:55

2. Jonas Vingegaard (Visma) m.t.

3. Remco Evenepoel (Red Bull) a 23’’

4. Isaac del Toro (UAE) a 24’’

5. Juan Ayuso (Lidl) a 27’’

6. Paul Seixas (Decathlon) a 48’’

7. Florian Lipowitz (Red Bull) a 53’’

40. Ion Izagirre (Cofidis) a 16:07

66. Alex Aranburu (Cofidis) a 28:16

125. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 41:24

Con el estado de ánimo alterado sonó el disparo. Ráfagas de balas perdidas sobre el ardiente asfalto, desventurado De Lie en la primer puerto, Côte de Saint Feliu de Codines, y desgastado Molenaar, el rey de la montaña sin reino.

Solo le quedaban las ruinas. Puñados de arena en los pulmones. Los dos, condenados a perseguir para salvarse. Reos de su debilidad. Una saeta les susurraba el sufrimiento.

Del tiroteo surgió un fuga con 18 hombres camino de Francia, en territorio pirenaico, para encontrarse más adelante con Les Angles en la primera trama montañosa de la carrera francesa.

En el pandemónium que se generó tras el sonido y el eco de los dinamiteros entró Alex Aranburu con dorsales como García Pierna, Pedersen, Bernal, Baudin, Prodhomme, Schmid, Storer, Plapp… Vingegaard, ajeno al estruendo, a la tormenta de verano que lanza rayos desde las piernas, se tapó los oídos y cerró los ojos.

El patrón del Tour

Abandonó los preceptos que distinguen al líder y pospuso la tarea para más adelante. Pogacar, que ejerce de patrón, figura reforzada tras el episodio de la víspera, cuando regaló Barcelona, la gloria y el laurel a Del Toro, y se ganó la fidelidad, el agradecimiento y la lealtad del mexicano para siempre, situó a uno de sus muchachos para pastorear el pelotón para que la escapada creciera lo justo. Le valía como entretenimiento, pero no como elemento discordante.

En el col de Toses, montaña seria, un primera, se le vieron las costuras a Van der Poel y otros, desfigurados, rostros de cera apesadumbrados. La fuga era un sálvese quien pueda.

A Aranburu se le acabó la aventura, absorbido junto a Pedersen por los arrieros de Pogacar en un paisaje que mezclaba el verde con penachos ocres y amarillos, el patchwork que restaba de la primavera y el que sembraba el verano caluroso.

La cola de fuego de la ola de calor, que viaja a lomos del dragón del cambio climático, sacudía los cuerpos, crepitantes.

La sensación de asfixia estrangulaba a los ciclistas, que en días en los que el termómetro se balancea por encima de los 30 grados, soportan una temperatura próxima a los 45 por el fuego que escupe el asfalto.

El hielo en la nuca y el agua fría eran el único consuelo para muchos. Boqueaban demasiados. El calor y las rampas del col de Toses eran una tortura. Ben O’Connor penaba. Be Healy arriaba la bandera.

En la fuga, sobrevivía apenas un tercio de los entusiastas. Baudin, Prodhomme, Van Mechelen, Bennett, Raúl García Pierna y Vercher.

El ánimo de la afición, una cremallera de voces amigas recibió la escapada. Un chasquido de alivio. Del retrovisor colgaban los rostros serios de los porteadores de Pogacar, siempre deseoso. Su cuota de regalos finalizó en Montjuïc.

El esloveno mágico quería otra pose victoriosa. Arrebatado por las pulsiones de la Grande Boucle. La otra variable era que Vingegaard no pudiera prestar el liderato a Baudin y continuara de amarillo para que desgastara a su equipo. Nunca se sabe con el calor que deshidrataba los cuerpos. Juegos mentales. Duelo psicológico.

El público que meció al pelotón desapareció del paisaje por culpa del gran incendio que asola la zona de Trévillach, a unos 70 kilómetros de la meta.

El prefecto de la región ordenó que por razones de seguridad los aficionados no asomaran por la cuneta. Un desierto sin apenas afectos, salvo el de los pueblos, esperaba.

El Col du Calvaire, el penúltimo escalón, la montaña del calvario adquiría mayor significado. Baudin, que lideró semanas atrás el Tour Auvergne, prendió la antorcha de su deseo.

En la fuga, a la que le quedaban los rescoldos, no había paz. Prodhomme se igualó a Baudin. Apenas les quedaba un hilo de vida.

El UAE no estaba dispuesto a conceder indultos. Baudin se quedó a solas y sin cobijo. Expuesto al mecanismo de caza de los lebreles de Pogacar, que continuaban acelerando.

Fuego al fuego. A causa del bochorno, al esloveno solo le quedaba disparar y matar el Tour. Como Meursault. El calor dispara a Pogacar.

06/07/2026