El universo de los perros de protección y defensa sigue envuelto en una mezcla de desconocimiento, clichés y mitos producto del desconocimiento. La imagen que muchas personas tienen en mente -la de un perro agresivo y descontrolado- dista mucho de la realidad que describen los profesionales del sector. Uno de ellos es Iñaki Marquínez, entrenador con amplia trayectoria y responsable del club Txapeldun en Álava, que acaba de publicar su tercer libro, El bozal de impacto. En esta charla en "Café con Patas", el autor nos ofrece una mirada clara y fundamentada sobre cómo son realmente estos perros y su entrenamiento.
El bozal de impacto: una herramienta eficaz y menos lesiva
El concepto que da título a su obra responde a una técnica concreta dentro del trabajo de defensa. Frente a la imagen clásica del perro que muerde para neutralizar una amenaza, el bozal de impacto propone otra vía: el perro aprende a golpear con el bozal para desestabilizar o inmovilizar al agresor.
Se trata de una herramienta eficaz que, bien trabajada, reduce significativamente el riesgo de lesiones graves. Por eso, su uso está especialmente presente en ámbitos como el policial o la seguridad privada, donde la intervención debe ser proporcional y, en muchos casos, la mordida preventiva puede tener implicaciones legales.
Perros de defensa: equilibrio, no agresividad
Uno de los mensajes más contundentes de nuestro invitado es desmontar la idea del "perro peligroso". Según explica, un perro de defensa correctamente entrenado no es agresivo, sino todo lo contrario: es un animal equilibrado, seguro de sí mismo y con un control emocional muy alto.
De hecho, lanza una afirmación que invita a la reflexión: un perro sin entrenamiento puede resultar mucho más imprevisible y, por tanto, más peligroso que uno formado. La diferencia está en la capacidad de gestionar los estímulos y responder de manera controlada ante una situación de conflicto.
La clave está en la emoción: proactividad frente a reactividad
En línea con su anterior obra, Las emociones, el corazón de las conductas, Marquínez insiste en una idea fundamental: el comportamiento del perro nace siempre de su estado emocional.
A partir de ahí, distingue dos grandes perfiles:
- Perro proactivo: es el objetivo del trabajo. Tiene asociaciones positivas con su entorno, mantiene el control y actúa con seguridad sin verse desbordado por los estímulos.
- Perro reactivo: vive en estrés constante y responde desde el miedo. Ante situaciones cotidianas, puede sufrir lo que el autor denomina "secuestros emocionales", reaccionando de forma impulsiva y sin control.
En muchos casos, señala, la agresividad que aparece en perros de particulares tiene su origen precisamente en ese miedo mal gestionado.
Genética y entorno: una ecuación inseparable
Frente al discurso simplista de que "todo depende de la educación", Marquínez plantea una visión más completa: la genética marca la base, pero el entorno es el que desarrolla o limita ese potencial.
Los primeros meses de vida son determinantes. Durante ese periodo, el cachorro necesita exponerse de forma adecuada a estímulos, experiencias y contextos diversos. Es ahí donde se construyen su seguridad, su resiliencia y su capacidad de adaptación.
En este sentido, advierte de un error frecuente: aislar al cachorro hasta completar el calendario de vacunación. Perder esas ventanas tempranas de socialización puede generar miedos persistentes que acompañarán al perro toda su vida.
Perros que disfrutan de su trabajo
Lejos de la idea de obligación, los perros de trabajo encuentran en estas disciplinas una forma de expresión natural. Actividades como el mondioring o el trabajo de defensa conectan directamente con sus instintos, convirtiéndose en un estímulo que viven como un juego.
Para Marquínez, observar un entrenamiento en directo es la mejor manera de romper prejuicios: el vínculo entre guía y perro, el nivel de cuidado y el estado emocional del animal hablan por sí solos.
Una invitación a mirar de cerca
El mensaje final es claro: antes de opinar, conviene conocer. Acercarse a un campo de trabajo, ver cómo se entrena y entender qué hay detrás de estos perros permite desmontar muchos de los mitos que aún persisten.
Para quienes quieran profundizar, la obra de Iñaki Marquínez ofrece una base sólida: La construcción del perro de defensa, Las emociones, el corazón de las conductas y su último libro, El bozal de impacto, completan una trilogía centrada en comprender al perro desde el equilibrio, la emoción y el respeto.