Actualizado hace 2 horas
Vitoria-Gasteiz se encamina hacia un escenario de máxima tensión entre el gobierno municipal y el sector del taxi. Lejos de dar un paso atrás tras el portazo rotundo de los taxistas al preacuerdo de la nueva ordenanza, el Ayuntamiento ha decidido redoblar su apuesta. La concejala de Espacio Público y Barrios, Beatriz Artolazabal, ha confirmado que la determinación de la institución es firme: se seguirá adelante con la implantación de servicios mínimos en momentos críticos de demanda para anteponer el interés general de la ciudadanía por encima del conflicto gremial.
El escenario no es nuevo, pero la hostilidad ha crecido. Tras la asamblea en la que los profesionales del volante rechazaron mayoritariamente el texto regulador, el Departamento de Espacio Público ha constatado que el principal escollo es el calendario de guardias. No obstante, para el gabinete de Artolazabal, esta herramienta no es negociable, sino que se considera el instrumento indispensable para garantizar que ningún vitoriano se quede "tirado" en la calle durante las noches de los fines de semana.
El "interés general" frente al bloqueo del sector
La postura municipal es clara y no deja lugar a dudas: el taxi es un servicio público concesionado por el Ayuntamiento. Esta premisa es el pilar sobre el que Artolazabal construye su argumentación. Según fuentes municipales, esta condición de servicio público implica no solo derechos y beneficios para los adjudicatarios de las licencias, sino también una serie de obligaciones ineludibles que deben cumplirse para atender a la demanda de la ciudad.
El equipo de gobierno insiste en que existe un "problema real" en las calles de Vitoria-Gasteiz, especialmente notable cuando los vecinos y vecinas intentan regresar a sus domicilios tras las jornadas festivas o durante las madrugadas de los sábados. "La obligación del Ayuntamiento es garantizar que se responda a las necesidades de la ciudadanía", subrayan desde el Consistorio, remarcando que no van a "cejar en el empeño" de encontrar una solución habitacional a este déficit de vehículos en momentos puntuales.
Búsqueda de aliados en la oposición
Ante la falta de sintonía con las asociaciones Alatax y Radio Taxi, que según el Ayuntamiento no han planteado alternativas viables al sistema de guardias propuesto, la estrategia de Artolazabal vira ahora hacia el terreno político. La concejala busca tejer una red de apoyos en el pleno municipal que le permita sacar adelante la ordenanza con el respaldo de alguno de los grupos de la oposición.
Esta misma semana han comenzado los movimientos en el tablero de ajedrez municipal. El equipo de gobierno se ha citado este miércoles con los representantes del Partido Popular y de Elkarrekin Vitoria para analizar los puntos de fricción y explorar posibles vías de escape a la situación de bloqueo. La ronda de contactos no terminará ahí, ya que se espera que durante la semana del 13 de abril se produzca el encuentro con EH Bildu. El objetivo es claro: conseguir una mayoría política suficiente que avale la imposición de los servicios mínimos si el sector persiste en su negativa.
Un sistema de guardias bajo la lupa
El punto que ha dinamitado la paz social entre el taxi y el Ayuntamiento es, sin duda, la obligatoriedad de establecer una guardia específica para las noches de los sábados y vísperas de festivos, que debería contar con un mínimo de 50 vehículos disponibles para la ciudad. Los taxistas ven en esta medida una imposición que atenta contra su organización laboral, mientras que el consistorio lo ve como la única vía para corregir las deficiencias detectadas en el servicio habitual.
Desde el departamento que dirige Artolazabal se ha querido poner en valor que la nueva ordenanza no solo contenía estas exigencias, sino que también recorría mejoras importantes para el propio sector, que ahora quedan en el aire debido al rechazo frontal al sistema de guardias. La sensación en el Palacio de la calle Dato es que el taxi está perdiendo una oportunidad de modernizarse, pero advierten de que la ciudad no puede esperar más y que el interés de los vecinos siempre estará por delante de cualquier interés particular.
Con las cartas sobre la mesa y las posiciones más enconadas que nunca, el futuro del transporte público nocturno en Vitoria-Gasteiz queda ahora supeditado a la capacidad de negociación de Artolazabal con los grupos de la oposición y a la respuesta que un sector, el del taxi, pueda dar ante una administración que parece haber agotado su paciencia.