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Tres jóvenes que tienen que dejar su vida para combatir en la Guerra de Malvinas en el bando argentino. Esta es la emotiva historia que nos trae Eduardo Sacheri con su última novela, Qué quedará de nosotros, una pregunta que acompaña a lo largo del libro.
La Guerra de las Malvinas fue en 1982. ¿Por qué ahora?
-Creo que fue un tema doloroso, pero, a diferencia de otros dolores recientes de Argentina, se ha hablado poco de la Guerra de Malvinas en mi país. Tiene que ver con el momento político en el que se produjo y con la reacción de la sociedad. En aquel momento estaba la dictadura militar, y la reacción de la sociedad fue muy entusiasta, casi triunfalista. La derrota militar enfrió ese entusiasmo, y la sociedad tomó distancia, dejando a los veteranos de esa guerra en un lugar incómodo: silencio, invisibilidad. Hoy, esos veteranos más jóvenes ya tienen más de 60 años. Me parece importante que quienes vivimos esa guerra desde lejos, o quienes la sufrieron en primera persona, podamos conversar al respecto. Y la literatura me parece una excelente invitación para abrir ese diálogo.
Es profesor de Historia, ¿influye al narrar ficción?
-Influye en la investigación que uno realiza antes de ponerse a escribir, sobre todo en novelas que transcurren en un contexto determinado. Uno aprovecha un cierto método de investigación: la organización del material, la búsqueda que se realiza, los vacíos que se van llenando con lo que se averigua. Luego, aunque invente la ficción, esos personajes son ficticios pero se mueven sobre un escenario sólido.
Explíquele a alguien que no haya leído todavía su libro cuál es el ‘nosotros’ al que alude el título.
-No lo sé del todo. Sin duda, es una interrogación que surge de un grupo de soldados que deben pelear una guerra sabiendo que la van a perder. Pelear cualquier guerra es doloroso, difícil y desafiante; pero para soldados que saben que no tienen alternativa, esa pregunta se vuelve aún más dura y difícil de responder. El ‘nosotros’ también es complicado de definir. Por lo que he escuchado de combatientes, durante una guerra ese “nosotros” se reduce a los camaradas más inmediatos. Las ideas abstractas de pueblo, nación o patria pierden sentido cuando uno enfrenta una situación de vida o muerte. Lo único que tiene sentido es referenciarse en ese grupo minúsculo de personas que tienes alrededor.
¿Cuál es la responsabilidad del escritor cuando aborda episodios como una guerra?
-Es importante contar lo que ha pasado. Lo fundamental es respetar el escenario. Aunque los personajes sean inventados, mi responsabilidad como escritor es que los veteranos sientan que lo que les sucede a mis personajes es verosímil. Si eso ocurre, yo me quedo tranquilo.
Los tres protagonistas son jóvenes con toda la vida por delante. ¿Los eligió por ese motivo?
-En Argentina había servicio militar obligatorio. Los jóvenes, varones entre 19 y 20 años, tenían que hacer ese servicio. La mitad del ejército, o incluso más, estaba formada por soldados conscriptos. Por eso tenía que respetar esa realidad. Aunque en la novela hay algunos militares profesionales, que eligieron la carrera militar y son más mayores, el grueso de la tropa eran soldados conscriptos. Así que era lo que tocaba.
“ Escribir ficción te permite oxigenar todo eso que uno tiene dentro ”
Siempre es duro escribir sobre una guerra, pero más si ocurre en su propio país.
-Es duro, pero al mismo tiempo es la única guerra que podría narrar: una que sea de mi país, porque siento que uno necesita conocer ciertas cosas. Podemos compartir experiencias como seres humanos, pero otras son muy propias del lugar en el que uno ha crecido. Entonces, si intentara narrar otra guerra u otra cultura, fracasaría.
La historia sirve para no cometer los mismo errores, sin embargo la violencia sigue siendo la manera en la que se solucionan los problemas.
-Me pongo en el traje de profesor de Historia para decirte que es lo normal, lamentablemente. El ser humano se la ha pasado matándose. Lo raro, me permitiría agregar, es que en América y en el Occidente europeo llevamos unas cuantas décadas sin guerras internacionales. O sea, lo raro y lo bueno es que la historia es una buena maestra, al menos para que tratemos de ver qué habremos hecho de excepcional estas últimas décadas, como para tratar de conservar este delicadísimo equilibrio. Entonces me parece que está bien pensar en la guerra y hablar de la guerra, para evitar caer en tentaciones ancestrales. Pero una cosa es también cierta, la guerra evidentemente está, la violencia, está en nosotros.
Trayectoria
Acostumbrado a escribir sobre fútbol y sobre la vida cotidiana de la gente común, Eduardo Sacheri se hizo especialmente conocido cuando su primera novela, La pregunta de sus ojos, fue llevada al cine y ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera bajo el título El secreto de sus ojos. Desde entonces, su nombre quedó asociado a la literatura argentina. En 2025 ha publicado Qué quedará de nosotros, una novela en la que vuelve a mirar hacia uno de los episodios más dolorosos y menos conversados de la historia reciente de Argentina: la Guerra de las Malvinas. En su libro anterior, Demasiado lejos, también publicado el pasado año, exploraba cómo la guerra marcó a la gente común. En esta nueva novela decide ponerse en los zapatos de quienes fueron enviados a combatir.
¿Está usted en el libro?
-Creo que sí, que estoy repartido entre distintos personajes. No suelo elegir uno solo para situarme, pero esos soldados tienen cosas mías: cualidades, defectos, formas de hablar, incluso mi humor y mis miedos. Es inevitable, ¿no? Para mí es muy terapéutico. Más allá de esta novela, escribir ficción te permite oxigenar todo eso que uno tiene dentro y que habitualmente mantiene muy guardado.
Hace 15 años una película basada en un libro suyo ganaba un Oscar. ¿Cómo se vive un momento así?
-Es raro, porque uno escribe distintas novelas y esa era la primera. Pero viene un director de cine famoso, Juan José Campanella, y te dice “hagamos juntos el guion”, y hacemos juntos el guion, luego la película, y después llega el Oscar. Quince años después, te diría que lo que queda sobre todo es una enorme oportunidad de trabajo. El Oscar funciona como poner tu currículum primero en la pila, para que otros lo vean y digan: “Necesitamos un guionista, llamemos a este”, o “traigamos libros de un argentino, traigamos los de este que tiene el Oscar”. Por eso al final, es una gran oportunidad profesional.
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Es difícil pasar de un libro a una película. ¿Se sintió satisfecho?
-Yo me quedé satisfecho, pero reconozco que es un trabajo muy exigente. Porque en un libro tú eres el dios: haces lo que quieres, decides todo. En un guion, no. Empezando por fulana, que es la directora, te va a decir: “No, esto lo vamos a cambiar.” Y puede que te lo diga porque, cinematográficamente, es mejor cambiarlo, pero también porque su lectura de tu novela es diferente a la tuya. Y uno no puede responder: “Pero la novela no dice eso.” Una vez que otro la ha leído, la novela ya dice lo que ese otro leyó. Entonces, uno tiene que poner en juego cualidades que los libros no exigen: negociar, argumentar, convencer… y perder también. Así que sí, es una experiencia muy interesante, pero también muy exigente.
¿Le gustaría trasladar esta historia a la pantalla?
-Me gustaría, porque hay muy poco cine sobre la Guerra de Malvinas. Hay un par de películas que fueron bastante exitosas y alguna otra casi desconocida. Así que sí, me gustaría que esta historia también llegara al cine.
¿Qué quedará de nosotros cuando ya no estemos?
-No tengo la respuesta. Te invito a que nos formulemos juntos la pregunta. Será una pregunta que responderemos de maneras diferentes. En un día optimista diremos: “Ah, esto va a quedar”. Y en un día pesimista diremos: “Nos vamos a ir y no va a quedar nada”. Y tal vez las dos veces tengamos razón.
El escritor Eduardo Sacheri durante la entrevista realizada en Bilbao. [Fotografía: Oskar González]