Un equipo científico ha documentado en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásicos de Europa, que son muy escasos en el registro fósil posterior al Triásico.
Según ha informado este martes el Gobierno del Principado en un comunicado, el trabajo ha sido realizado por un equipo científico del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) integrado por Laura Piñuela, Ángel García-Pérez y José Carlos García-Ramos, junto con el investigador de la Universidad de Geociencias de China Lida Xing.
Primeros lagartos jurásicos de Europa
La investigación, publicada en la revista Ichnos, del Grupo Taylor & Francis, trata sobre dos rastros ('T1' y 'T2') que se conservan como relieves abultados (contramoldes) en la base de un estrato de arenisca del Jurásico Superior, con una edad que ronda los 152 millones de años, procedente de los acantilados al este de la playa de España (Villaviciosa, Asturias).
Esos dos rastros forman parte en la actualidad de la colección del museo y se exhiben en la sala destinada al Jurásico Asturiano.
En ambos vestigios, las icnitas (huellas fosilizadas) de las manos y de los pies varían de tetradáctilas a pentadáctilas, son asimétricas y la longitud de los dedos aumenta progresivamente.
Imagen de los contramoldes analizados por el Museo del Jurásico de Asturias
Según los investigadores, su excelente conservación y la morfología que presentan estas huellas permiten atribuirlas a un lagarto y asignarlas al icnogénero 'Rhynchosauriodes', ampliamente distribuido por el Pérmico y Triásico, pero muy escaso en el Jurásico.
De hecho, estos ejemplos asturianos representan su última aparición en el registro fósil global.
El rastro 'T1' está formado por siete icnitas (cuatro de manos y tres de pies) y fue producido por un lagarto de unos 50 centímetros de longitud, mientras que el 'T2' consta de 6 huellas (tres de manos y tres de pies) y se atribuye a un ejemplar algo más pequeño, de unos 30 centímetros de largo.
En el rastro 'T1' se detecta la presencia de una estructura casi continua, ancha, recta y con muy poco relieve, y su morfología permite identificarla como la marca de la cola.
Además, se observa que la distancia entre las icnitas de las manos y las de los pies varia a lo largo del rastro, haciéndolo muy irregular.
Para entender esta anomalía en el desplazamiento, reflejada en la irregularidad del rastro, se realizaron varios experimentos con dos lagartos actuales, el ocelado y el barbudo. Las pruebas, no invasivas, se practicaron con ejemplares en cautividad en un centro de la ciudad de Jiangyin, en la provincia china de Jiangsu.
Ello permitió comprobar que cuando estos animales, principalmente los ejemplares juveniles, pasaban de un estado estático a uno en movimiento realizaban giros bruscos, generando un rastro similar al ejemplar fósil asturiano.
Los lagartos dejaron estas huellas mientras se desplazaban por un fango semiconsolidado de los deltas de la época, los cuales desembocaban en un mar interior desprovisto de mareas y protegido del fuerte oleaje por una barrera externa que lo separaba del mar abierto, lo que facilitó la conservación de las huellas.