Actualizado hace 10 minutos
Del deseo sexual femenino tradicionalmente se ha hablado poco menos que como un misterio. Se ha comparado con el masculino esperando que sea espontáneo y constante, lo cual tampoco en este caso siempre es así.
Cuando el deseo no llega surgen dudas, culpas o la idea de que algo va mal. “Lo que va mal es homogeneizar, es pensar que el deseo es igual para todas las personas y no tener en cuenta las particularidades de cada cual. Es un prejuicio limitante pensar que el deseo sexual femenino o masculino siempre es igual ya que se debe tener en cuenta ante todo la diversidad sexual humana”, explica la sexóloga de Wyylde, Arola Poch.
1. El deseo siempre es espontáneo
Existe la creencia de que el deseo comienza antes del intercambio sexual. Sin embargo, a veces el deseo aparece como respuesta a unos primeros contactos físicos. Este deseo reactivo, a diferencia del espontáneo, llega durante y no antes.
2. Si no tengo deseo, algo va mal en mi relación
Hay muchos factores que pueden afectar al deseo sexual: el estrés, el cansancio, la falta de conexión emocional, las preocupaciones… El deseo no es constante y fluctúa.
3. Si tengo menos deseo que mi pareja, hay un problema en la relación
Lo más normal es que no se tenga el mismo deseo sexual, de la misma manera que no siempre se tiene las mismas ganas en otros aspectos. La persona que tiene menos deseo no tiene un problema ni es su “obligación” ajustarse para tener más. Dependerá de las circunstancias de la relación.
4. Sentirse deseada por la pareja debería ser suficiente para activar el deseo sexual femenino
Sentir que somos deseadas es un factor importante para muchas personas, pero no es suficiente. Este pensamiento supone situar a la persona como objeto y todas somos sujetos activos de nuestro deseo sexual.
5. Si siempre lo hemos hecho igual, debería bastar para el deseo
Hacerlo siempre igual no tiene necesariamente que ser positivo ni negativo. Aunque es cierto que la monotonía es un factor que afecta en negativo, ya que el deseo necesita de novedad, lo más importante no es solo qué se hace sino el resultado. Si el resultado es satisfactorio, hay diversión, placer, conexión… es muy probable que haya ganas de repetir.
6. Tener más relaciones sexuales hace que haya más deseo
Hay una parte cierta en esto y es que el sexo llama al sexo, es decir, las personas con más actividad sexual tienen más foco en ese tema, pueden tener más testosterona (hormona que provoca el deseo) y eso hace que se pueda generar más deseo. Pero no solo es la cantidad sino también, igual que en el punto anterior, la calidad. El deseo crece con la curiosidad y el placer, no por el simple hecho de hacer.
7. Las fantasías muestran lo que se quiere en el sexo
Es interesante diferenciar entre fantasías y deseos. Las fantasías son ideas, situaciones, imágenes que se producen en la cabeza y que, en el caso de las sexuales, sirven para excitar. Pero no todas las fantasías se quieren hacer realidad y ahí está diferencia con el deseo. Cuando una fantasía pasa a querer ser realizada entonces sí ya podemos hablar de deseo sexual.
8. Con la menopausia desaparece el deseo sexual
El deseo sexual evoluciona a lo largo de la vida pero pensar que con la menopausia desaparece es erróneo. Depende de muchos factores, de circunstancias vitales, de intereses. El deseo se transforma, cambia el ritmo, las formas, los estímulos… Puede que se vuelva más selectivo, pero no necesariamente más débil.
9. El deseo sexual femenino siempre va unido al romanticismo
En absoluto. Las mujeres también pueden querer una noche de sexo sin mayor compromiso. Para ello es necesario previamente quitarse prejuicios que afectan y pueden condicionar el deseo.
10. Las mujeres tienen menos ganas que los hombres
No necesariamente. Depende más de la persona y de sus circunstancias que del hecho de ser hombre o mujer. El deseo, además, puede funcionar de diferente manera y no por ello significar que se tenga menos. No sería correcto medir desde un patrón masculino, en el que también hay prejuicios, ya que no hay un único patrón.