Seis años después del estallido de la pandemia, alrededor de dos millones de personas en el Estado continúan sufriendo las secuelas del COVID persistente, una enfermedad crónica que limita drásticamente la vida de los afectados. "En la salud física, sobre todo es el dolor torácico, que es algo que me limita un montón, que se asocia a la niebla mental y la fatiga. Muchas veces por algo tan sencillo como sacar la ropa de la lavadora. Te condiciona y tiendes un poco al aislamiento que tampoco es bueno", asegura en ONDA VASCA Nekane Bilbao, paciente de Covid Persistente. Ante esta situación, Joseba Izaga, representante del sindicato UGT, denuncia que durante cinco años los pacientes sufrieron una "desprotección absoluta" debido a que el propio sistema de salud negaba la existencia de la enfermedad.
A nivel clínico, el doctor Laureano Ribacoba, especialista en medicina interna del Hospital de Cruces, señala que los enfoques médicos actuales son meramente sintomáticos, ya que todavía "no hay ningún tratamiento eficaz" que actúe sobre la base de la patología. Por ello, destaca que opciones como la fisioterapia o el apoyo psicológico serían las más adecuadas por su nulo riesgo y mayor beneficio.
Por su parte, Iñigo Murga, investigador del departamento de neurociencias de la Universidad del País Vasco, asegura que las investigaciones del grupo LANCE-Neuropharm van bien, con, entre otras cosas, dos tesis doctorales estructuradas. Sin embargo, denuncia una grave brecha de financiación. "Tenemos estudio, tenemos conocimiento, tenemos dedicación, pero falta ese punto de financiación que nos permita desarrollar una investigación que es puntera, que es innovadora y que va en el ámbito de la investigación, del desarrollo y de la innovación", asegura. Puedes escuchar la entrevista completa en este podcast.