El calor es el enemigo invisible. El peor. El que no se ve, pero el que siente en la piel, el ánimo, el organismo, de dentro afuera y del exterior al interior. Zarandea el Tour inclemente el bochorno.
Azota el sol, beligerante, el látigo que estalla siempre, antes, durante y después de la etapa porque por la noche tampoco refresca demasiado en el hexágono.
Atrapada Francia por una ola de calor, subrayada en la era del cambio climático, el calor alcanza los extremos. Cuarenta grados.
Tratan los ciclistas de huir de la deshidratación y de los golpes de calor. No es sencillo porque la presión de las altas temperaturas es máxima y no decae.
Para poder escapar del calor, los equipos se pertrechan de decenas de kilos de hielo y de bidones, cientos al día, para poder soportar los embates de semejante calor.
Camino de Foix, con el termómetro palpitando 40 grados, el Caja Rural facilitó 60 kilos de hielo a sus ciclistas en una jornada insoportable desde el punto de vista del calor.
Es una más del serial que está atizando al Tour. Todo para rebajar en lo posible la temperatura y atravesar el recorrido de la forma más cómoda posible.
Además del hielo, que los corredores se colocan en bolsas en la nuca para bajar la temperatura corporal, los ciclistas del equipo navarro emplearon hasta 200 bidones de agua para calmar la sed y refrescarse. Es fundamental la hidratación y reducir la temperatura corporal que imposibilita el mejor rendimiento.
200 bidones de agua
Lo normal suele ser el uso de unos 160 bidones por jornada. Conocedores de las dificultades que provocan las altas temperaturas, el Caja Rural desplazó a la carrera francesa un camión frigorífico para mantener no solos los alimentos, sino para almacenar hielo ante la previsión de la ola de calor.
En el autobús que han estrenado para el Tour, disponen de un inodoro que mide la deshidratación de cada corredor en el momento de orinar. Un dato importante para rehidratar debidamente a los ciclistas.
Un futuro ardiente
El problema de las altas temperaturas, de por sí muy elevadas en julio en el Tour tradicionalmente, se ha disparado con la ola de calor y con la sensación de que irá a más debido al impacto del cambio climático.
La carrera, de alguna manera, se encuentra ante una encrucijada por distintos motivos de cara al futuro.
El horario y los contratos televisivos determinan que la competición se desarrolle en las horas en las que son mejores las audiencias, pero del mismo modo estas son en las que el sol pega más duro.
Algunas voces exponen que el adelanto del horario de las etapas supondría un alivio, al igual que un posible cambio de fechas para aligerar en lo posible la sensación de bochorno.
Ambas ideas, empero, chocan con la propia estructura del Tour. De momento, en lo que queda de carrera, da la impresión de que solo el agua fresca y el hielo pueden frenar esa sensación que asfixia a los ciclistas y a la carrera.