Daniel Ibáñez (Madrid, 1995) afronta uno de los momentos más interesantes de su carrera. Tras llamar la atención con su trabajo en Segundo premio y formar parte del reparto de Manual para señoritas, el actor es el protagonista de la serie que está triunfando en Netflix Toda la verdad de mis mentiras, basada en la novela de Elísabet Benavent. En ella interpreta a Marín, un personaje marcado por las contradicciones, los sentimientos que no siempre se atreve a expresar y una torpeza emocional con la que el propio intérprete reconoce sentirse identificado.
¿Qué le atrajo del proyecto?
El primero fue la productora, que me interesaba mucho. Creo que hace un trabajo muy avezado y con mucho criterio. También me convencía mucho el trabajo de Marina Pérez y de María Togores, con quien ya había trabajado. Por otro lado, sé que la novelas de Elísabet Benavent tienen una gran capacidad para captar momentos de la cotidianidad veraniega o sentimental de una manera que nadie más lo hace y conseguir acercarlos al gran público. Así que hubo varios elementos que me atrajeron, entre ellos el guion, que me pareció que añadía un punto un poco indie a un tipo de proyecto que podía ser más mainstream.
Ya había trabajado con Itziar Manero en Manual para señoritas. ¿Tener esa confianza previa les ayudó a construir la complicidad y la intimidad de Coco y Marín?
Creo que sí. Creo que eso ha facilitado mucho la química entre nosotros, algo muy importante en esta serie. La química es lo único que no se puede trabajar de una manera consciente. Se puede intentar, pero nunca sabes por qué surge o por qué no. Nosotros nos llevamos muy bien y eso favorece mucho el trabajo posterior. Y creo que eso se refleja en nuestro trabajo.
La serie adapta una novela muy conocida de Elísabet Benavent. ¿Hasta qué punto influyó en su manera de imaginar al personaje?
Al principio tenía algunas reticencias porque, aunque la novela te aporta mucha información, se trata de dos lenguajes diferentes y no quería que entraran en conflicto. Por eso fui leyéndola durante el proceso. Encontré aspectos que me sirvieron y otros que no. Cuando los puse en común con el trabajo de mis compañeros, que es la verdadera forma de llevarlos a la práctica, fui viendo qué funcionaba. Así que leí la novela durante el rodaje y me aportó información útil.
Estamos ante una historia muy coral, con Ricardo Gómez, Brays Efe, Lucía de la Fuente y Clara Sans, entre otros. ¿Cómo se trabajó para que ese grupo de actores pareciera una pandilla de verdad con una historia compartida?
Tuvimos la suerte de llevarnos muy bien y creo que eso nos ayudó mucho. También es verdad que la serie transcurre en muchos lugares, y esos desplazamientos nos permitieron compartir una especie de campamento de verano. La experiencia en Mazarrón, en un pueblo costero donde se siente mucho el verano, como se verá en la serie, nos ayudó a disfrutar también fuera del rodaje. Creo que eso forma parte de la esencia de la historia y permitió que los personajes no parecieran simples monigotes sin ningún tipo de química.
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La serie plantea hasta qué punto una mentira puede proteger a alguien o terminar destruyendo una relación. Después de interpretar esta historia, ¿es más partidario de decir siempre la verdad o cree que existen silencios necesarios?
Efectivamente, creo que depende del momento y que ambas cosas no se excluyen. No siempre hay que decir lo que uno piensa porque, en primer lugar, nadie te lo ha preguntado y, en segundo, puede que no aporte nada. Sin embargo, tampoco hay que callarse siempre. Hay momentos en los que uno debe ser honesto, sobre todo consigo mismo, entender qué ha ocurrido y saber por qué quiere contar algo. No debe hacerlo para liberarse de una posible culpa, sino porque aquello que va a decir puede hacer bien.
Viene de interpretar personajes muy distintos, desde el cantante inspirado en Jota en Segundo premio hasta una figura romántica de época en Manual para señoritas. ¿Qué parte de usted ha podido mostrar con Marín que todavía no habíamos visto?
Como creo que en el amor todos somos un poco torpes, te diría que esa es la parte de mí que más ha salido a relucir. Hay cierta torpeza en Marín con la que me identifico bastante. Aunque yo quizá no reaccionaría de la misma manera que él en determinadas situaciones, creo que es una cualidad que compartimos. También tenemos en común cierta pulcritud a la hora de ordenar la ropa y otras cosas. Puede parecer una tontería, pero creo que la necesidad de mantener ordenado mi entorno me define bastante bien.
Segundo premio le dio una nominación al Goya como Actor Revelación. ¿Qué cambió en su carrera después de aquella película?
Segundo premio me dio muchísimo y sigue ocupando un lugar muy especial en mi corazón. Guardo una gran amistad tanto con el productor como con el montador y con todos los chicos de Granada. Creo que supuso un antes y un después para mí, porque la película obtuvo cierto reconocimiento, me abrió puertas y consiguió que el camino se ensanchara y se hiciera más luminoso.
La música también ha tenido una presencia importante en su trayectoria, tanto en Segundo premio como en el teatro interpretando a Miguel Hernández. ¿Le gustaría seguir desarrollando esa faceta en futuros proyectos?
Me encantaría. La música nunca me ha abandonado, aunque no fui realmente consciente de que seguía ahí hasta que, de repente, tuve la oportunidad de utilizarla como un recurso más. Me encanta y es algo que llevo dentro. Siempre he podido tocar, sin molestar a los vecinos, y cantar. Si a alguien se le ocurre que puedo hacer algo relacionado con la música, allí estaré.