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Hoy se cumplen cuatro años, el 31 de marzo de 2026, desde que las tropas ucranianas entraron en la ciudad de Bucha, tras la retirada de las fuerzas de ocupación rusas, donde encontraron, según el Gobierno ucraniano, centenares de cadáveres de civiles abandonados en las calles o enterrados en fosas comunes.
Según investigaciones de forenses ucranianos corroboradas por organizaciones internacionales de derechos humanos, algunas de estas víctimas habían sido ejecutadas por el Ejército ruso durante los 33 días de ocupación de esta localidad satélite de Kiev.
Conmoción dentro y fuera de Ucrania
Las imágenes de los muertos en las calles de Bucha dieron la vuelta al mundo y provocaron conmoción dentro y fuera de Ucrania. Se informa que el impacto emocional del hallazgo, con cuerpos de civiles maniatados, afectó profundamente al presidente Volodímir Zelenski y a sus colaboradores, contribuyendo al colapso de las negociaciones de paz que mantenían entonces ucranianos y rusos.
Las autoridades ucranianas cifran en más de 450 los cuerpos de personas fallecidas en Bucha durante la ocupación, desde el 27 de febrero hasta el 31 de marzo de 2022, de los cuales 419 murieron por armas de fuego.
Más de cien personas fueron encontradas en una fosa común junto a la iglesia de San Andrés, donde se ha erigido un memorial a las víctimas, que es lugar de peregrinación habitual para dirigentes ucranianos y extranjeros que recuerdan periódicamente la masacre.
Símbolo de brutalidad y resistencia
Lo ocurrido en Bucha se ha convertido en un símbolo de la brutalidad de la ocupación rusa y de la capacidad de Ucrania para sobreponerse a la destrucción y el dolor causados por la invasión.
Bucha fue un hito clave en la recuperación de la región de Kiev por parte de las tropas ucranianas, que lograron despejar los alrededores de la capital después de más de un mes de asedio por parte de las fuerzas del Kremlin. Debido a su cercanía a Kiev y a que no ha estado en zona de hostilidades desde la retirada rusa, Bucha ha sido reconstruida y vuelve a vivir con normalidad, pese a las huellas emocionales infligidas por las fuerzas de ocupación hace cuatro años.