Verdadero o Falso

Cuando la inteligencia artificial te vigila: qué sabe de ti y cómo lo aprende

A partir de tus clics, compras, chats y redes sociales se construye tu perfil digital y estos son los riesgos que implica para tu privacidad
Una mujer inteactúa con ChatGPT en su ordenador.
Una mujer inteactúa con ChatGPT en su ordenador.

Actualizado hace 4 minutos

¿Alguna vez has buscado un producto y, solo unos minutos después, te han bombardeado con publicidad de otros similares? Pues bien, no es casualidad. La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un avispado espía que rastrea, analiza y conecta cada uno de tus movimientos digitales, y cuanto más interactúas, más sabe de ti.

La IA se alimenta de tus búsquedas, clics, compras, likes, tiempo de visualización, ubicaciones, formularios y conversaciones. Cada registro, por pequeño que parezca, le ayuda a construir tu perfil digital de una forma muy precisa. Tu edad, intereses, hábitos de consumo, rutinas, gustos culturales o incluso estados de ánimo pueden deducirse a partir de patrones de comportamiento.

Una mano robótica y una mano humana comparten un teclado.

Una mano robótica y una mano humana comparten un teclado.

Hambre de información

Ya sabemos que los sistemas de IA necesitan datos para ser eficaces, lo que es especialmente importante en el caso de los asistentes inteligentes y los chatbots, capaces de actuar en nombre del usuario en tareas como responder correos, gestionar agendas o incluso comprar productos. Para hacerlo correctamente, deben conocerte bien, y el problema es que ese conocimiento implica, de forma inevitable, ceder parte de tu privacidad.

Además de lo que tú compartes de forma directa, la IA también rasca información de otros lugares como direcciones IP, metadatos, interacciones pasadas, redes sociales o bases de datos de terceros. Con todo ello, es capaz de personalizar las respuestas, recomendaciones y anuncios, dando como resultado una experiencia más cómoda, pero también más intrusiva.

El salto de la IA con memoria

Durante años, los chatbots han vivido en un presente perpetuo, ya que cada conversación empezaba de cero. Sin embargo, eso ha cambiado y ahora herramientas como ChatGPT pueden recordar preferencias, estilos de respuesta, proyectos habituales o datos personales si el usuario tiene activada la función de memoria.

Esto supone un cambio enorme en la relación entre la persona y la máquina, ya que esta deja de ser puntual para convertirse en continua. El chat aprende de ti, ajusta su comportamiento a ti y actúa en función de lo que ha almacenado; sin duda, una función muy útil pero que plantea ciertas dudas puesto que la frontera entre la privacidad y el perfil digital se vuelve difusa.

Una persona utiliza una herramienta de IA en el trabajo.

Una persona utiliza una herramienta de IA en el trabajo.

Google, Meta y el negocio del dato

Google ha actualizado sus políticas para reconocer el uso de las interacciones con la IA como Gemini y ha introducido opciones como la conversación temporal para limitar el uso de datos. Meta AI, integrada en aplicaciones como WhatsApp, también recopila información para entrenar modelos y mejorar respuestas.

Detrás de todo esto hay un negocio multimillonario. Empresas de marketing, brokers de datos e incluso ciberdelincuentes compran y venden perfiles digitales. En algunos países, este comercio es legal, aunque el usuario no suele ser consciente de hasta dónde llega la cadena.

Cuando la información es un riesgo

Cuanta más información hay sobre ti, más vulnerable puedes ser. La IA ha elevado el nivel del phishing, las estafas personalizadas y los deepfakes. Hoy es posible recibir un mensaje, una llamada o un vídeo falso que imita a alguien de tu entorno usando datos públicos y técnicas avanzadas.

Por eso, proteger tu identidad digital ya no es una opción. Monitorizar tu nombre con herramientas como Google Alerts, usar contraseñas únicas, activar la autenticación en dos pasos y revisar periódicamente tu huella digital son prácticas básicas para tu seguridad.

Además, puedes revisar qué guarda una IA sobre ti, borrar recuerdos, desactivar el uso de datos para entrenamiento o iniciar conversaciones temporales. También puedes ejercer el derecho al olvido y solicitar la eliminación de información personal en buscadores y plataformas.

De todo esto se deduce que la inteligencia artificial no es ni buena ni mala en sí misma, sino que es una herramienta muy poderosa que depende de quién la use y con qué límites. En un mundo donde la información es poder, conocer qué saben de ti y decidir qué permites es la primera línea de defensa. Y es que, si tú no controlas tu imagen digital, alguien lo va a hacer por ti.

2026-01-16T20:05:34+01:00
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