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Crecimiento del PIB y del empleo en una economía apegada al turismo y que sufre por la inflación

La economía española crece más que la de otros países europeos, pero el impacto de los precios castiga a los hoagres
Pedro Sánchez, en una visita a las nuevas instalaciones de la planta alavesa de Mercedes en Gasteiz en 2024, junto al entonces lehendakari, Iñigo Urkullu. / EP

La legislatura a la que Pedro Sánchez ha decidido poner término hoy con el anuncio de nuevas elecciones ha estado marcada, en el terreno económico, por acontecimientos de distintas características que han convivido de forma estrecha.

Ha sido una legislatura con datos positivos de crecimiento del PIB y máximos en la creación de empleo y afiliación a la Seguridad Social, pero también han sido años dominados por una inflación que sigue condicionando la actividad diaria de las familias y una crisis de vivienda a la que no se avista solución cercana.

Por un lado, la economía española es la que más crece dentro de la UE. La buena marcha del turismo y la aplicación de los fondos europeos de recuperación , centrados en promover las transiciones digital y energética, han estimulado el crecimiento, que se ha visto favorecido también por el consumo privado.

Así, la economía española creció un 0,7 % en el segundo trimestre de 2026, una décima más respecto a los tres primeros meses del año, debido principalmente al tirón del consumo de los hogares y de la inversión. El año pasado, el PIB creció un 2,8% con idénticos parámetros, con un porcentaje de subida que duplicó al de la Eurozona.

Sin embargo, España no logra escapar al parón generalizado de la industria en toda Europa, lo que también está afectando a las exportaciones, que se han visto también castigadas por el proteccionismo creciente que está empezando a sacudir las relaciones comerciales mundiales, como las medidas arancelarias de Donald Trump en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Sánchez ha estrechazo lazos comerciales y económicos con China, una decisión que se antoja de doble filo: a corto plazo es una salida para diversos sectores, pero puede que no sea sostenible en el tiempo si China sigue dando pasos en su autosuficiencia. Además, el déficit comercial con Pekín no deja de ensancharse y la UE no ve con buenos ojos mantener relación con China en áreas críticas para la seguridad.

Por otra parte, el mercado de trabajo se comporta de manera notable, con una tasa de paro que está, no obstante, en el entorno del 10% -superior a la de las principales economía europeas- y una afiliación a la Seguridad Social que supera los 22 millones de cotizantes, gracias también a los efectos de la última regularización extraordinaria de inmigrantes.

Sin embargo, la reforma de trabajo ofrece signos de agotamiento, con cada vez más empleo de carácter temporal, mientras que los salarios no crecen en la misma proporción que los precios. Porque ese es el verdadero talón de Aquiles de la economía española. Una inflación que empezó a estar fuera de control con el inicio de la guerra de Ucrania en 2022 y que sigue disparándose por los conflictos en Oriente Medio, la sequía o la subida global de los combustibles fósiles.

De esta forma, España volvió a ser en julio la economía con más inflación entre las cuatro grandes de la moneda común, con una tasa armonizada del 3,9 %, tres décimas más que en junio, cuando fue del 3,6%.

Además, otra de las rémoras de Sánchez es no haber logrado sacar adelante unos Presupuestos Generales desde el año 2023, algo que ha castigado a la economía española en terrenos como la inversión y la competitividad. Y sobre la crisis de vivienda, que es la que ha precipitado el adelanto electoral, el crecimiento de los precios ha sido una constante que no se ha podido frenar en esta legislatura, y pese a que es un fenómeno que ya venía produciéndose con fuerza desde antes de que comenzase la pandemia.

05/10/2026